
Pocos intérpretes han experimentado un salto a la fama tan impactante como Jodie Foster tras su aparición a los catorce años en Taxi Driver, la aclamada película de Martin Scorsese estrenada en 1976 con Robert De Niro como actor principal. Foster ya había dado sus primeros pasos como actriz infantil en Disney, pero su interpretación como Iris, una joven prostituta, marcó un antes y un después en su trayectoria. “Al principio no quería hacer el papel, solamente porque tenía miedo de que mis amigos se burlaran de mí después", recordaba la actriz. “No podía creer que me lo estuvieran ofreciendo a mí. Yo era una chica Disney”,
El impacto que tuvo Taxi Driver en la carrera de Jodie Foster le planteó serios desafíos incluso antes de comenzar a rodar. La complejidad de su papel exigió una evaluación psiquiátrica previa: “Pasé cuatro horas con un psiquiatra intentando demostrar que era lo suficientemente normal como para interpretar al personaje. ¿Tiene eso sentido?”, confesaría la actriz, aludiendo a lo controvertido del rol que asumía para su edad. “Hice algo completamente diferente, pero conocía a la perfección el personaje que tenía que interpretar. Crecí a tres cuadras de Hollywood Boulevard y veía personajes como el de Iris todos los días”.
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La implicación de un equipo creativo de primerísimo nivel sería tanto un gran apoyo como una motivación extra para asumir el riesgo de interpretar un papel así. “Pocas veces tienes la ocasión de trabajar con un director como Martin Scorsese o con un compañero de reparto como Robert De Niro, que ensaya y ensaya hasta que tienes la sensación de que, durante el tiempo que estás con él, él se convierte en el personaje. Es tan real que da miedo”.
Del aburrimiento a la fascinación
A pesar de la admiración que De Niro ya provocaba por aquel entonces, el vínculo entre Jodie Foster y el legendario actor no empezó precisamente con el mejor pie. En un encuentro reciente en el Festival de Cine de Marrakech, Foster ha revelado cómo fueron esas prieras interacciones: “Él me tomó bajo su protección y me llevaba a cafeterías para repasar las escenas. Pero, como De Niro estaba tan metido en el método para su personaje, me parecía bastante aburrido”.
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“Ensayábamos una y otra vez. Estoy seguro de que algunos de ustedes han conocido a Robert De Niro. Es uno de nuestros más grandes actores estadounidenses, me siento orgullosa de haber trabajado con él, pero no es la persona más interesante del mundo”, señala entre risas la actriz. “Y en esos días, estaba totalmente metido en su personaje. Recuerdo aquellos almuerzos pensando: ‘¿Qué está pasando? ¿Cuándo puedo irme a casa?’ Él apenas podía hablar conmigo, así que yo terminaba conversando con los camareros y la gente del restaurante”.
El punto de inflexión llegó cuando De Niro decidió mostrarle su proceso actoral: “Finalmente, en nuestro tercer almuerzo juntos, me guio por la improvisación, y eso me abrió los ojos sobre lo que podía ser la interpretación. A mis doce años pensé: ‘Oh, es mi culpa, no he aportado suficiente. Solo he estado diciendo mis frases y esperando mi turno, actuando de forma natural, pero construir un personaje es otra cosa diferente’. Recuerdo lo emocionada que estaba, lo nerviosa y excitada, y cómo subí corriendo a mi habitación del hotel para contarle a mi madre: ‘He tenido una epifanía’. Y creo que a partir de ahí, todo cambió”.
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La preparación de De Niro para el papel
Durante la preparación para dar vida a Travis Bickle, Robert De Niro llevó su entrega profesional al límite. El actor trabajó durante un mes quince horas diarias conduciendo un taxi por Nueva York, completamente inmerso en la rutina nocturna de la ciudad. Fue entonces cuando un pasajero lo identificó y le preguntó: “Espera, acabas de ganar un Oscar. ¡Dios mío!... ¿Es tan difícil conseguir trabajo?”. Además de la experiencia como taxista, De Niro estudió trastornos mentales y, mientras rodaba en Italia con Bertolucci, se acercó a bases militares estadounidenses, grabó conversaciones con soldados del Medio Oeste y perfeccionó el acento requerido para el papel.
Por su parte, la convivencia con un equipo adulto y la magnitud del proyecto requerían medidas de protección. Foster, menor de edad durante el rodaje, estuvo acompañada permanentemente por una trabajadora social para velar por su bienestar: “Había una trabajadora social en el set todos los días, y ella veía los brutos de las escenas que yo había filmado, asegurándose de que no estuviera presente en el set cuando Robert De Niro tuviera que decir palabras subidas de tono”.
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