
A Maruja Mallo se le había reivindicado, pero quizás no lo suficiente y, en ese sentido, el Museo Reina Sofía tenía una deuda pendiente a la hora de presentar una gran exposición que estuviera a su altura.
Ahora, por fin, la artista tiene el lugar que se merece en la pinacoteca gracias a la retrospectiva Máscara y compás, organizada en colaboración con el Centro Botín de Santander, impulsor del proyecto y donde se exhibió la primera versión.
La muestra de este auténtico terremoto creativo que fue Maruja Mallo, una de las figuras más singulares de la Generación del 27, podrá visitarse hasta marzo de 2026 y reúne más de 200 piezas entre pinturas, dibujos, bocetos, fotografías y documentos, constituyendo un recorrido exhaustivo por la trayectoria de una creadora que desafió los límites de su tiempo y propuso una visión radicalmente nueva de la modernidad desde una perspectiva femenina.
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Once salas y 200 piezas para ‘redescubrir’ a Maruja Mallo
La exposición se estructura en once salas que siguen un orden cronológico y temático. Este despliegue permite comprender la evolución artística de Maruja Mallo y su capacidad para integrar en su obra elementos tan diversos como el arte popular, la escenografía teatral, la fotografía y la pintura figurativa.
Según explicó Patricia Molins, comisaria de la muestra, la artista gallega “presentó colectivamente una cosmovisión femenina desde la perspectiva de mujer moderna, radicalmente opuesta al ‘tremendismo’ de la generación del 98”.

El recorrido comienza con las célebres verbenas de finales de los años 20, una serie de cuadros que no se habían mostrado juntos desde que Ortega y Gasset los expuso en 1928 en los salones de la Revista de Occidente.
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Estas obras, caracterizadas por escenas carnavalescas y personajes coloridos, suponen una ruptura con el imaginario tradicional de lo español y anticipan la mirada moderna y popular que definirá el trabajo de Mallo. En palabras de Molins durante la rueda de prensa de presentación, “utilizaba el imaginario de lo popular, con lo que para ella era lo moderno, como el cine, el deporte, la fiesta. Nunca había existido el mundo visto a través de una mirada femenina”.
Tras las verbenas, la exposición avanza hacia series como Cloacas y campanarios, donde la artista explora atmósferas más oscuras y simbólicas, y Estampas, en las que el colorismo del arte popular se fusiona con las nuevas formas de ocio de la época, como el cine y el teatro.
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La muestra también dedica espacios a las Arquitectas, los trabajos teatrales realizados en París (donde Mallo conoció a Picasso y Miró), y a la serie La religión del trabajo, desarrollada durante su exilio en América y protagonizada por mujeres de rostro hierático. Sobre estas obras, la propia artista proclamó su “fe materialista en el triunfo de los peces, en el reinado de la espiga”.
El exilio marcó profundamente la producción de Maruja Mallo, que en Argentina creó las Naturalezas vivas (1941-1943), bodegones coloristas en los que conchas, flores y algas se disponen en composiciones de equilibrio inusual.
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La exposición también incluye sus cabezas y máscaras, bustos y antifaces de rasgos híbridos y expresiones enigmáticas, y culmina con las series de los años 60 y 80, como Moradores del vacío y Viajeros del éter, donde lo geométrico y lo orgánico se entrelazan en una búsqueda de nuevas realidades.
Una mujer frente al machismo de su época
El carácter inclasificable de la obra de Mallo se refleja en la diversidad de técnicas y temáticas abordadas a lo largo de más de cuatro décadas.
Según Bárbara Rodríguez, directora de exposiciones del Centro Botín, “Mallo es la artista más singular y heterogénea del siglo XX”. La exposición pone de relieve no solo su compromiso con la justicia y la igualdad, sino también su profunda curiosidad por el mundo científico, tecnológico y espiritual.
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El interés de Mallo por la ciencia, por ejemplo, se manifestó tras asistir a una conferencia de Einstein en la Residencia de Estudiantes, lo que despertó en ella una fascinación por la geometría y los esquemas universales.
La muestra incorpora una amplia selección de material de archivo, procedente en gran parte del Archivo Lafuente, adquirido recientemente por el museo.
Entre los documentos expuestos destaca una página fechada en Lisboa en 1929, donde se reproduce un retrato de la artista acompañado de la leyenda “Bellezas espanholas: A insigne pintora Maruja Mallo” y un recorte del periódico Claridad. Diario de la noche.
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Este tipo de testimonios permite comprender el contexto social y el clima machista de la época, así como la determinación de Mallo por afirmar su autoría y construir su propia imagen, más allá de los estereotipos de “musa” asociados a las mujeres de la Generación del 27.
La exposición también aborda aspectos menos explorados de la obra de Mallo, como su relación con otras mujeres influyentes (entre ellas Gabriela Mistral) y su aproximación a cuestiones de raza y exotismo, presentes en algunas de sus máscaras y cabezas.
La complejidad de su mirada, que oscila entre la modernidad y las categorías culturales de su tiempo, queda patente en la entrevista proyectada al final del recorrido, realizada por Paloma Chamorro para el programa Imágenes, donde la artista relata sus experiencias en la casa de Pablo Neruda y reflexiona sobre el valor de Europa en la transmisión cultural.
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Actividades paralelas
El Museo Reina Sofía ha complementado la exposición con ciclos de conferencias y actividades, como la elaboración de una alfombra de conchas en homenaje a la obra de Mallo, realizada por la Asociación Cunchas e Flores de Bueu, el pueblo gallego donde la artista pasó el final de la república.

El director del museo, Manuel Segade, subrayó en la presentación que “Maruja dotó de un imaginario singular y progresista a la generación del 27. Fue además una mujer avanzada e innovadora por su manera de acercarse a las clases trabajadoras o ayudar a la mujer”.
La retrospectiva Máscara y compás no solo recupera la figura de Maruja Mallo para el gran público, sino que también invita a repensar el lugar de las mujeres en la historia del arte español y a reconocer la vigencia de una obra que, en palabras de Patricia Molins, “por primera vez, centra la humanidad no sobre el hombre sino sobre la mujer”.
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