Barcelona, 25 jun (EFE).- Una investigación de centros científicos de Barcelona ha identificado los primeros biomarcadores en sangre capaces de medir la respuesta biológica de pacientes con depresión a la terapias psicológicas, que actúan como estímulos biológicos que inducen cambios moleculares medibles en el plasma.
El trabajo, liderado por el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB-CSIC) y el Institut de Recerca de Sant Pau, ha analizado a 22 pacientes con trastorno depresivo mayor (TDM).
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En un comunicado, Sant Pau ha explicado este jueves que los resultados, publicados en la revista 'Scientific Reports', revelan que las sesiones psicoterapéuticas provocan cambios en los microARN -moléculas que regulan la expresión genética- relacionadas con mejoras significativas en el estado cognitivo de los participantes.
Los autores del estudio sostienen que este hallazgo permite avanzar hacia una "psiquiatría de precisión" en el tratamiento de la depresión.
En el futuro, la identificación de estos biomarcadores permitirá personalizar la intervención terapéutica basándose en el perfil molecular inicial de cada paciente, evitando el actual enfoque de "ensayo y error clínico".
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El trabajo ha contado con la financiación del Instituto de Salud Carlos III, el principal organismo público de investigación biomédica en España, aparte de la Fundación La Marató de TV3 y la Generalitat de Catalunya.
La investigación se ha centrado en dos tipos de intervenciones no farmacológicas: el remedio cognitivo integral, orientado a restaurar funciones como la memoria o la atención, y la psicoeducación, centrada en enseñar al paciente detalles precisos sobre su condición de salud mental.
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Los investigadores analizaron 38 microARN antes y después de doce semanas de tratamiento, detectando que cada intervención induce una "trayectoria molecular" diferente y específica.
En el caso del remedio cognitivo, los pacientes mostraron una firma de siete microARN vinculados directamente a redes genéticas de neuroplasticidad y transmisión sináptica, los sistemas moleculares que controlan cómo las neuronas alternan sus conexiones y se comunican entre sí.
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Según ha explicado en el comunicado la doctora Maria J. Portella, investigadora de Sant Pau, estos cambios moleculares se tradujeron en "mejoras significativas y objetivas" en el rendimiento cognitivo de los pacientes.
Por su parte, la psicoeducación activó un perfil de dos microARN relacionados con la resiliencia ante el estrés celular.
La doctora Analia Bortolozzi, investigadora del IIBB-CSIC, ha precisado que este segundo perfil no refleja mejoras cognitivas directas, sino que actúa como un "amortiguador sistémico" que ayuda al equilibrio de las células ante situaciones de estrés. EFE
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