Roma, 21 jun (EFE).- La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) afronta una de las citas más determinantes de su historia reciente con la celebración de las elecciones a su presidencia este lunes, después de que la selección quedara fuera del Mundial por tercera vez consecutiva y provocara una oleada de dimisiones.
El organismo celebra estos comicios tras la salida de su anterior presidente, Gabriele Gravina, en lo que marcará el punto de partida de un relevo institucional obligado por la profunda crisis estructural que arrastra el 'calcio'.
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Dos perfiles de peso institucional completamente distintos se disputan el mando de la federación: Giancarlo Abete y Giovanni Malagò.
Abete, veterano dirigente que presidió la organización entre 2007 y 2014 y actual líder de la Liga Nacional de Amateurs (LND), plantea en su programa, difundido por la FIGC y centrado en la pacificación institucional, el equilibrio financiero de las categorías inferiores y el fortalecimiento del papel de Italia en los organismos internacionales de la UEFA y la FIFA.
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El proyecto de Abete prioriza la estabilidad del sistema profesional y hace especial hincapié en la reforma del fútbol formativo a través del impulso de los centros federales de entrenamiento y la protección del talento local frente al mercado exterior, según su propuesta.
Por su parte, Giovanni Malagò, que presidió durante doce años el Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI), se presenta bajo el lema "Unidos por el futuro del fútbol italiano" y con el foco puesto en la modernización estructural, la sostenibilidad financiera y el fortalecimiento de la selección nacional.
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Su programa, respaldado por la gran mayoría de clubes de la Serie A, se articula en torno a reforma de las infraestructuras, la optimización de los ingresos por derechos audiovisuales y la digitalización de los procesos federativos, con el fin de devolver la competitividad internacional al fútbol italiano.
Según el reglamento de la Asamblea Federal Electiva, la votación no sigue el principio de 'una persona, un voto', ya que cada voto tiene un peso diferente para garantizar el equilibrio político.
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Un total de 273 delegados participarán en la asamblea, representando a todos los estamentos del fútbol italiano (Serie A, Serie B, Lega Pro, fútbol amateur, futbolistas y técnicos), y no todos los delegados tienen el mismo peso en las votaciones.
Aunque son 273 personas las que participan, el valor total de los votos asciende a 516, ya que algunos representantes cuentan con una mayor capacidad de decisión que otros.
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En este reparto, la Liga Nacional de Amateurs (LND) cuenta con el mayor bloque (99 delegados que equivalen a la mayor cuota de voto real), seguida por los futbolistas y los técnicos, lo que reduce el peso directo de la Serie A y obliga a quien aspire a la presidencia a convencer a las bases del fútbol italiano si quiere liderar la ansiada reconstrucción. EFE
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