
Casi el 20% de las personas ocupadas con familiares dependientes trabaja otra jornada semanal, o más, sin cobrar por ello. No se trata de empleo remunerado, sino de cuidados: el 18,7% de los ocupados de 18 a 74 años que atienden a una pareja o familiar dependiente dedica al menos 40 horas a la semana a esas tareas, según el módulo de conciliación de la EPA de 2025 publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
La magnitud del dato se entiende mejor al compararlo con una semana laboral ordinaria. Para quienes además trabajan a jornada completa, esa dedicación puede equivaler a semanas de unas 80 horas: una parte remunerada y otra dedicada al cuidado, sin salario ni reconocimiento económico directo.
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El módulo del INE analiza las responsabilidades de cuidado de hijos, nietos, pareja y familiares dependientes, así como los cambios laborales que hacen las personas ocupadas para poder conciliar. En este caso, la carga más intensiva aparece vinculada al cuidado de familiares enfermos, con discapacidad o de edad avanzada.
Una doble jornada que pesa más sobre las mujeres
La dedicación extrema a los cuidados afecta a hombres y mujeres, pero no con la misma intensidad. Entre las mujeres ocupadas con familiares dependientes, el 20,6% dedica 40 horas semanales o más a esas tareas. Entre los hombres, el porcentaje baja al 16,2%.
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La diferencia también aparece cuando cuidar obliga a tocar el empleo. El 82% de los hombres ocupados con responsabilidades familiares no realizó ningún cambio laboral para conciliar, frente al 67,3% de las mujeres. Dicho de otro modo: ellas ajustan con más frecuencia su vida laboral cuando las necesidades familiares chocan con el trabajo.
El ajuste más desigual es la reducción del tiempo de trabajo. El 8,9% de las mujeres ocupadas con responsabilidades de cuidado redujo su jornada o sus horas laborales para poder conciliar, frente a solo el 0,9% de los hombres. Esa decisión tiene un efecto inmediato sobre los ingresos, pero también puede arrastrar consecuencias a medio y largo plazo: menos salario, menor progresión profesional y una base de cotización más baja.
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Cuidar también modifica la relación con el empleo
La doble jornada no siempre implica salir del mercado laboral, pero sí condiciona la forma de trabajar. Casi uno de cada cuatro ocupados con responsabilidades de cuidado hizo algún cambio laboral para conciliar, según el INE. El 74,6% no modificó nada en su empleo, lo que implica que el 25,4% sí tuvo que ajustar alguna condición laboral.
El cambio más frecuente fue adaptar la jornada sin reducir el número de horas, una opción señalada por el 9,8% de los ocupados con responsabilidades familiares. Otro 4,9% redujo el tiempo de trabajo, ya fuera pasando de jornada completa a parcial, disminuyendo el número de horas u otras fórmulas similares. Además, el 2,1% cambió de puesto de trabajo o de empresa.
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El peso de las 40 horas o más de cuidados también varía según la situación profesional. Entre quienes trabajan por cuenta ajena y cuidan de familiares dependientes, el porcentaje alcanza el 19,4%, frente al 14,7% de los trabajadores por cuenta propia.
Más de un tercio dedica al menos 20 horas semanales a cuidar
La intensidad de los cuidados varía mucho, pero no se limita a casos aislados. Entre los ocupados con responsabilidad de cuidado de pareja o familiares dependientes, el 23,4% dedica entre cinco y menos de diez horas semanales a esas tareas. Otro 20,2% dedica entre diez y menos de veinte horas; el 11,6%, entre veinte y menos de treinta; y el 6,1%, entre treinta y menos de cuarenta.
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En conjunto, el 36,4% de los ocupados que cuidan de familiares dependientes dedica al menos 20 horas semanales a esas tareas, según cálculo propio a partir de los datos del INE. Es decir, más de un tercio suma a su empleo una dedicación equivalente, como mínimo, a media jornada laboral.
A esa carga se suman las dificultades propias del trabajo remunerado. Los principales obstáculos para conciliar son los horarios impredecibles o difíciles, señalados por el 11,1% de los ocupados con responsabilidades de cuidado, y las jornadas largas, citadas por el 9,8%.
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Por sectores, las dificultades no son exactamente las mismas. La jornada larga pesa más en la construcción, donde el 13,3% de los ocupados con responsabilidades de cuidado la señala como principal obstáculo para conciliar, y en la agricultura, con el 12,4%. En cambio, en la industria y los servicios, el problema más citado son los horarios impredecibles o difíciles, mencionados por el 11,7% en ambos casos.
La diferencia apunta a dos formas distintas de choque entre empleo y cuidados: jornadas que se alargan demasiado y horarios que cambian o resultan difíciles de encajar con la atención a familiares dependientes.
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