Madrid, 16 jun (EFE).- La crisis de la vivienda y la precariedad laboral deterioran el bienestar emocional de la juventud y sus expectativas de futuro: el 42 % de los jóvenes de entre 25 y 34 años que tienen dificultades habitacionales percibe su salud mental como regular o mala.
Son datos del informe 'Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural' publicado este martes por el Consejo de la Juventud de España (CJE), Fad Juventud y Oxfam Intermón.
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En el último año, el 63,5 % de la población joven que estaba en situación de carencia material severa sufrió algún tipo de problema psicológico, frente al 52,4 % de quienes no tienen problemas económicos.
La incidencia de mala salud mental se duplica entre quienes destinan más del 50 % de sus ingresos a este gasto frente a quienes dedican menos del 30 %, recoge la investigación.
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La falta de recursos condiciona además los vínculos, la vida social y la percepción de apoyo: el 39,8 % de los jóvenes con carencia material severa la sienten con frecuencia, el porcentaje baja hasta el 19,6 % entre quienes no afrontan dificultades materiales.
Detrás de esos porcentajes se encuentran situaciones de sobreesfuerzo económico y dificultades para emanciparse que se asocian a peores niveles de bienestar emocional, destaca el estudio.
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El encarecimiento del alquiler y las crecientes dificultades para acceder a una vivienda en propiedad han transformado el modelo residencial de la población joven, hasta definir a la juventud actual como una 'generación inquilina': La mitad de los jóvenes emancipados vivía en alquiler en 2025.
"La juventud no nos jugamos solo una cuestión material, nos va la vida y la salud en poder acceder a una vivienda digna. Las soluciones no pueden ser solo sanitarias, no podemos responder con más psicólogas a un problema que tiene su raíz en alquileres que se comen nuestra capacidad de ahorro, en salarios que no alcanzan y en una generación que ha normalizado la incertidumbre como forma de vida", asegura Andrea González Henry, presidenta del CJE.
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Según el estudio, las desigualdades económicas siguen marcando el acceso a la vivienda. Los jóvenes destinan de forma sostenida entre el 40 % y el 50 % de sus ingresos al pago de la casa, muy por encima del umbral recomendado del 30 %. En el caso de hacerlo solo, el esfuerzo es aún mayor: desde 2017 supera el 80 % del salario.
"Para muchas personas jóvenes, la vivienda marca decisiones vitales, con quién viven, qué intimidad pueden tener, cuánto tiempo pueden sostener un alquiler o hasta qué punto pueden imaginar un proyecto de vida propio", indice la coautora del informe Julia García y experta en desigualdades de Oxfam Intermón.
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Después de pagar el alquiler, la diferencia entre el riesgo de pobreza antes y después de hacerlo se mantiene alrededor de 20 puntos porcentuales, remarca el estudio.
La falta de recursos puede generar un círculo vicioso: disponer de pocos medios está asociado a una peor salud mental, lo que dificulta reunir dinero para atención psicológica y, al no recibir asistencia, empeora la percepción del propio malestar emocional.
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Así, aumentó la mala salud mental del 7 % al 19,3 % entre los que no pudieron recibir apoyo psicológico por falta de recursos en el último año.
"Con frecuencia abordamos la salud mental como una cuestión individual, cuando los datos muestran con claridad el peso que tienen las condiciones de vida, apunta Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud.
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Las organizaciones piden reforzar los servicios y la atención psicológica para cuidar la salud mental de la juventud, y al mismo tiempo, abordar con soluciones los problemas estructurales que están detrás de este malestar.
Para ello, reclaman políticas públicas que hagan efectivo el derecho a una vivienda digna y asequible, incrementando el parque de vivienda pública o combatir las prácticas especulativas en el mercado del alquiler.
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En el apartado del mercado laboral, urgen la aprobación del Estatuto del Becario, la ampliación de los programas de becas y ayudas al estudio y la reforma del ingreso mínimo vital para que puedan acceder los menores de 30 años. EFE
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