Carreño-Jódar, dos generaciones, dos mundos

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Luis Miguel Pascual

París, 30 may (EFE).- El uno tiene 34 años y se las sabe todas en el circuito del tenis. El otro 19 y empieza a sacar la cabeza, señalado como uno de los jugadores con más talento de la nueva generación. Pablo Carreño y Rafael Jódar se miden este domingo en octavos de final de Roland Garros, lo que garantiza un español en cuartos por trigésimo año consecutivo.

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Será un duelo entre dos tenistas que no solo vienen de generaciones distintas, también representan mundos diferentes, que se cruzaron en 2024 en una eliminatoria de la Copa Davis en Valencia.

Carreño es el más veterano que queda en el cuadro masculino y Jódar uno de los menores de 20 que llama con impaciencia a la mesa de los elegidos.

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El primero ha desarrollado toda su carrera bajo la sombra de Rafael Nadal. El asturiano, profesional desde 2009, ha sumado siete títulos en su carrera, en la que llegó a ingresar en el top-10, allá por el año 2017, cuando jugó sus primeros cuartos en París y las semifinales del Abierto de EStados Unidos.

Reincidió en las mismas fases de ambos torneos en 2020, en Nueva York tras la descalificación de Djokovic por haber lanzado una pelota a un juez de línea, pero una lesión en el codo dos años más tarde le alejó de los primeros puestos del ránking. Descenso a los infiernos, 606 del mundo que Carreño ha ido enderezando en el último año.

Para ello no ha dudado en arremangarse. Llenó su agenda de torneos de menor entidad para ir escalando puestos. La mejoría empezó a verse en primavera. En marzo ganó el torneo de Murcia, un 'challenger' que le dio puntos y confianza y una semana más tarde alcanzó la final del de Alicante.

Aun estaba verde para la alta competición y tras retirarse en Barcelona, cayó en segunda ronda en Madrid y en la primera de Roma, donde accedió al cuadro principal a través de la previa.

A Roland Garros llegaba con dudas e ilusión. Unas semanas antes habían aforado unos problemas en el hombro que le hicieron retirarse del torneo de Valencia antes de afrontar su duelo de cuartos.

París fue un antídoto a sus males. De entrada golpeó fuerte contra el checo Jiri Lehecka, favorito 12, una victoria que le daba confianza. Carreño se sentía de nuevo en capacidad de competir con los mejores.

Ante el australiano Thanasi Kokkinakis volvió a desplegar un buen tenis antes de que el rival se retirara lesionado, pero fue contra el argentino Thiago Tirante cuando apareció su mejor versión.

Su servicio recobró potencia y en su rostro emergió una sonrisa que hacía años que no se veía. Su experiencia se alía con una serenidad que pueden ser aliados para lo que queda de torneo.

Jódar era ya una estrella desde que júnior, categoría en la que se impuso en el Abierto de Estados Unidos de 2024, lo que le situaba como uno de los referentes de una generación ascendente que comparte con Martín Landaluce, todos ellos a la sombra de Carlos Alcaraz.

El madrileño decidió mudarse a Estados Unidos, a la universidad de Virginia, donde su carrera tenística tomó una nueva dimensión.

Pero ha sido 2026 el año de su eclosión. Del puesto 707 que ocupaba, se ha aupado al 25. La culpa, una temporada de fuego en la que ha acumulado 36 victorias, solo superado por el italiano Jannik Sinner (37).

La gira de tierra batida ha supuesto una progresión exponencial. El título de Marraquesh, el primero de su palmarés, abrió una racha gloriosa. Semifinales en Barcelona, derrotado por el futuro campeón, el francés Arthur Fils, cuartos en Madrid, también víctima del ganador, Sinner, y la misma ronda en Roma.

Sumado a los tres triunfos que ha acumulado ya en Roland Garros, el español totaliza 18, el que más del circuito, igualado con el número 1 del mundo.

Su actuación en la tierra batida francesa ha despertado expectación. Un vendaval en su debut contra el estadounidense Aleksandar Kovacevic, una sufrida victoria contra el australiano James Duckworth en la segunda ronda y su primer triunfo a cinco sets en la tercera contra el estadounidense Alex Michelsen.

El joven tenista repite, una y otra vez, que prosigue su aprendizaje. Pero en un Roland Garros en el no está Carlos Alcaraz y en el que las estrellas van cayendo, es difícil que un tenista con su racha no llame la atención. EFE

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