Memoria, afecto y red de apoyo: ingredientes de la tercera edad LGTBI para no morir sola

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Christian Afonso

Playa del Inglés (Gran Canaria), 8 may (EFE).- Las personas mayores muchas veces sienten que al llegar el final de su vida son arrinconadas y causan molestias al resto del mundo. Una sensación que se multiplica si se es miembro de colectivos vulnerables como el LGTBI, que empuja a muchas a morir solas o apartadas, si bien para evitarlo apuestan por la memoria, el afecto y una red de apoyo.

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Este es uno de los enfoques en que quiere centrarse el Orgullo de Maspalomas este año, en una edición que también reivindica dar respuesta a esa soledad no deseada a la que se ven abocadas tantas personas mayores del colectivo. Sobre la mesa, la idea de crear la primera residencia exclusiva para la tercera edad LGTBI en la isla.

"Yo no quiero morir solo". Así de tajante se muestra Bobbi Welle, un alemán afincado en el sur de Gran Canaria junto a su pareja, quienes vinieron a la isla hará cosa de 15 años por motivos de salud, aunque tampoco le agrada la idea de "encerrarse" en una residencia de mayores.

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Si muriera su marido antes que él, Welle, de 72 años, lo tiene claro: buscaría a alguien con quien vivir, sea amigo, vecino, conocido o, quien sabe, otro amor, pero no se iría, por ejemplo a una residencia.

"Hay mucha gente mayor que, después de la muerte de su pareja, sigue viviendo sola, ya no están interesados en conectarse con otra gente para vivir juntos. Yo no me imagino, no puedo imaginarme vivir solo, recluido en esa residencia", cuenta en una entrevista con EFE.

Tampoco se ve así Andrés Payo, quien, a sus 56 años, reconoce que, aunque no mucho, sí que ha pensado en cómo podría ser su vida de aquí a dos décadas, sacando como conclusión la necesidad de "tomar medidas desde ya" para que la soledad no sea la tónica en ese momento de su vida.

En la conversación, Payo aboga por crear un "círculo de gente, de buenos amigos de verdad, que te quieran, que quieran estar contigo" como forma de combatir esa soledad o de evitar terminar en una residencia en la que se vean obligados, como cuenta la película 'Maspalomas' de José Mari Goenaga y Aitor Arregi, a volver al 'armario'.

Ambos coinciden en una idea: si llegaran al final de sus días sin estar en plenas facultades y no tuvieran a nadie que les apoyara y diera afecto, ya no querrían vivir.

La vida de Lorenza Machín dio un vuelco cuando ya tenía avanzado su camino. A los 60 años, divorciada y con dos hijos, entró un día en una tienda y una chica le sonrió desde el mostrador, de tal manera que al día siguiente sus pasos le volvieron a encaminar hacia el mismo sitio, y en el tercer paseo hasta el establecimiento decidió invitar a aquella muchacha a cenar.

Descubrió que se había enamorado de una mujer.

Hasta entonces, pese a que muchos a su alrededor lo sospechaban, ella no se había dado cuenta de que le gustaban las mujeres. A esa muchacha, a quien escribió su primer poema de amor, le agradece haberle "quitado la venda de los ojos".

Unos años después, en 2019, se casó con Carmen, su "verdadero amor", y lo hizo en pleno mediodía para que el sol lo iluminara todo y delante de todo el pueblo de Agaete, en Gran Canaria, adonde se mudó hará unas décadas desde su Fuerteventura natal. Porque tenía "un orgullo tremendo" por cristalizar lo que sentía por Carmen y porque quería que "lo conociera todo el mundo".

"Por eso, yo digo que de mis 60 años a los 80 que acabo de cumplir, he vivido con mayúsculas", asegura.

Porque para Machín no hay edad máxima para encontrar el amor y, aunque haya sido tarde, puede decir que vivió "equis años con dignidad, diciendo quién soy, queriendo a quien yo he querido querer y no ocultándome para nada". Un "derecho" que tienen, a su entender, todos los seres humanos, independientemente de su edad.

Y reivindica, aprovechando la oportunidad que le da esta entrevista con EFE, "el que se tenga en cuenta a esas personas mayores que desde su juventud se enfrentaron al franquismo, al sistema que había y que hoy viven arrimadas a un lado".

"Hay muchísimas personas que todavía viven y que no tienen derecho a nada porque ni siquiera trabajo les daban, y yo reivindico eso, el derecho a que se les reconozca en el sentido de que se merecen todo nuestro respeto porque dieron la cara cuando más cruda estaba la historia y cuando más perseguidos eran", asegura Machín.

Esta veterana concluye con un mensaje a la juventud: "No nos dejen, que no nos arrebaten lo que se ha conseguido a través de esas personas que cayeron, que encarcelaron y que muchas viven ahora en la miseria". EFE

(foto) (vídeo)

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