La FAO advierte de la creciente inequidad en la alimentación por las dinámicas de poder

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Madrid, 8 may (EFE).- La alimentación en el mundo se enfrenta a un creciente problema de inequidad por las dinámicas de poder tanto en el plano económico, con la concentración corporativa, como en el político, con el uso del hambre como arma de guerra.

Así lo ha puesto de manifiesto a Efeagro el experto de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Juan Echanove con ocasión de la inauguración este viernes en Sevilla del primer Congreso Internacional sobre Política Alimentaria.

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Este encuentro académico, de dos días de duración, abordará los retos de los sistemas alimentarios a nivel mundial para garantizar el derecho a una alimentación adecuada.

Echanove ha subrayado que se analizarán asuntos como el acceso a la justicia para el reconocimiento del derecho a la alimentación, la igualdad de género, las políticas alimentarias y el futuro de la agricultura.

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El congreso está coordinado por la Policy Studies Organization, la Universidad Pablo de Olavide y la FAO, con apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, el Observatorio del Derecho a la Alimentación de España y la Fundación ETEA.

Echanove, que lidera el equipo del Derecho a la alimentación de la FAO, explica que cuando empezaron a planificar el encuentro todavía no había estallado la crisis en el golfo Pérsico, pero ya se veía la utilización del hambre como arma de guerra "en muchos conflictos".

A su juicio, uno de los principales problemas está relacionado con la "inequidad o falta de justicia en los sistemas alimentarios", donde existe una "creciente concentración de poder".

Eso ocurre cuando "los estados, sobre todo en contextos de conflicto, ejercen ese poder contra las personas", limitando el acceso de la población a los alimentos de manera intencionada.

Dicha inequidad se observa también en la concentración corporativa, ya que "todos los insumos o elementos para producir alimentos -semillas, fertilizantes o maquinaria agrícola- están cada vez más concentrados en pocas empresas", incluso en la logística, la industria y la distribución comercial, según el especialista.

Echanove considera que "eso tiene repercusiones de todo tipo" porque, además del hambre, hay un creciente problema de "sobrepeso, empobrecimiento de dietas y consumo excesivo de ultraprocesados, íntimamente relacionado con ese control".

Se trata de dinámicas de poder asociadas igualmente a otros asuntos como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, pues -como recuerda el experto- los principales emisores de gases contaminantes son los grandes productores y empresas, no los pequeños.

Sin embargo, "no se puede meter a todo el sector privado en el mismo saco", ya que junto a las pequeñas empresas hay también grandes corporaciones dispuestas a modificar ciertas prácticas a demanda de los consumidores.

Respecto al reconocimiento del derecho a la alimentación, el experto de la FAO destaca las diferencias entre regiones, con América Latina a la cabeza.

Colombia ha sido el último país en incorporar en 2025 ese derecho en su constitución en una región en la que casi todos los Estados lo tienen incluido de manera expresa o indirecta en su legislación, con políticas específicas de alimentación escolar, agricultura familiar y promoción de la agroecología, entre otras.

En Oriente Medio el contexto es "muy diferente", debido a la "quiebra total de los sistemas agroalimentarios a causa del conflicto", mientras que en África el derecho a la alimentación "va ganando tracción" en algunos países como Malaui, Uganda o Kenia, aunque siguen pesando los postulados de la Revolución Verde, basados estrictamente en el incremento de la producción de alimentos.

Echanove recalca que "ningún país europeo reconoce el derecho a la alimentación", si bien hay movimientos sociales que lo están promoviendo.

En Asia, destacan los avances en la India, Nepal e Indonesia a partir de decisiones judiciales, la puesta en marcha de políticas específicas y otras iniciativas.

"Aplicar el derecho a la alimentación no solo consiste en medir si hay menos hambre o desnutrición; es también la calidad del proceso, que las políticas se lleven a cabo con participación y transparencia, principios de derechos humanos", insiste Echanove. EFE

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