Madrid, 28 abr (EFE).- El director británico, Declan Donnellan, sigue con su apuesta por los clásicos. Tras 'Edipo' y 'Hamlet' le llega el turno a 'Medea', de Eurípides, a la que no intenta justificar ni buscar su redención, "ella se siente ultralógica".
Así lo expresa a EFE Donnellan que estrena este montaje en búlgaro con sobretítulos en español, producido por su compañía Cheek by Jowl y el Ivan Vazov National Theatre de Bulgaria, que podrá verse del 30 de abril al 3 de mayo en Teatros del Canal.
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Medea mata a sus hijos al sentirse humillada por la infidelidad de su marido, Jasón, el héroe de los argonautas, al que ha ayudado a conseguir el vellocino de oro, tras lo que se convierte en su esposa y huye de su patria con él, después de matar a su hermano para ayudarle.
El mito, envuelto en misterio y magia, deja su posición para dedicarse por completo a Jasón, al que libra siempre de sus enemigos para que triunfe, en una tierra en la que ella es considerada una extranjera.
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El enfoque que plantea Donnellan en su propuesta no cambia "tanto como podríamos imaginar" respecto a los anteriores. Siempre existe la tentación de situar a Medea a una distancia segura -señala-, como algo exótico, patológico o perteneciente a otro tiempo.
"Lo que me interesa es el movimiento opuesto, reconocer que los mecanismos que operan en ella no nos resultan desconocidos. Ella no se percibe como irracional, se siente ultralógica", señala.
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Donnellan advierte que no pretende redimir al personaje. "No creo que la redención sea el punto, convertiría la obra en una moraleja y no lo es".
Su objetivo es exponer la situación lo "más claramente posible y permitir que se desarrolle. Medea no necesita ser justificada ni condenada de antemano. Lo que importa es si estamos dispuestos a permanecer con ella y con el proceso que conduce a lo que hace".
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El director apunta que se trata de una obra sobre "el fracaso del sentido común y de la decencia", como ocurre en la mayoría de las tragedias. "La lógica se impone sobre el sentido común. Y eso sucede en casi todas las tragedias que conozco".
Para Donnellan amor es una palabra triste. "No se trata solo de sentir afecto por alguien. Tiene que ver con lo que nos hacemos unos a otros: cómo nos tratamos, cómo nos respetamos, cómo nos cuidamos", aunque reconoce como milagroso ese primer momento de enamoramiento o cuando se contempla por primera vez a un hijo "resulta milagroso".
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Una vez más, en la dirección y su propuesta, hay un rechazo al extranjero, tal y como sigue sucediendo hoy. "Desconfío un poco de la idea de que las cosas simplemente están mejorando o empeorando. Hay algo reconfortante en esa narrativa, pero también puede resultar engañosa".
Donnellan asegura que el texto muestra "muy claramente" lo rápido que una comunidad puede definirse a sí misma por exclusión. Medea no es sólo un individuo, "es alguien que ha sido colocado afuera y ahí es donde comienzan a operar otro conjunto de reglas".
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"No creo que el tiempo mejore nada automáticamente. Lo que importa es la atención, si estamos dispuestos a ver lo que estamos haciendo, en lugar de asumir que lo hemos superado", concluye el director.EFE
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