
El crecimiento económico y la creación de empleo no están llegando con la misma intensidad a todos los hogares españoles. España ha pasado de ocupar una posición intermedia en la Unión Europea a situarse entre los cinco países con mayor tasa de carencia material y social severa, un indicador que mide las dificultades para afrontar gastos básicos y mantener unas condiciones de vida adecuadas. Así lo advierte Funcas en un análisis elaborado con datos de Eurostat, que concluye que la evolución favorable de la economía no se ha traducido en una mejora proporcional para los sectores más vulnerables.
En 2015, España ocupaba el decimoquinto puesto entre los 27 países de la UE, ordenados de mayor a menor tasa de privación. Entonces, el indicador se situaba en el 7,4%, por debajo del promedio comunitario, que alcanzaba el 9,7%. Una década después, el panorama ha cambiado: en 2025, la tasa española llegó al 8,1%, mientras que la media europea descendió hasta el 6,3%.
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El deterioro de la posición relativa española refleja una evolución desigual entre los países comunitarios. Aunque la economía nacional ha mantenido el crecimiento y el empleo ha avanzado durante los últimos años, la proporción de personas que acumulan dificultades materiales y sociales no ha registrado una reducción comparable. El problema resulta especialmente relevante porque afecta a quienes tienen menos margen económico para absorber imprevistos o cubrir sus necesidades cotidianas.

Un indicador que mide más que la falta de dinero
Para interpretar correctamente los datos, Funcas recuerda que la metodología europea ha cambiado. Eurostat ha sustituido el indicador de carencia material severa por el de carencia material y social severa como principal referencia. El Instituto Nacional de Estadística (INE) continúa publicando la medida anterior, por lo que el análisis de la fundación tiene en cuenta ambos indicadores para ofrecer una visión más completa de la evolución de la vulnerabilidad.
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La antigua medición consideraba que existía una situación severa cuando un hogar acumulaba al menos cuatro carencias de una lista de nueve. El indicador actual exige siete privaciones de un total de trece y amplía el análisis a circunstancias individuales, además de incorporar aspectos relacionados con la participación en la vida social.
Entre los elementos que se tienen en cuenta figuran las dificultades económicas para reunirse con familiares o amigos, disfrutar de actividades de ocio, disponer de una pequeña cantidad de dinero para gastos personales o sustituir la ropa y el calzado deteriorados. En cambio, se han retirado cuestiones como no poder tener teléfono, televisión en color o lavadora, que han perdido capacidad para diferenciar las situaciones de privación debido a su menor incidencia.
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Los hogares con niños soportan las mayores dificultades
La situación más desfavorable aparece en las familias con menores de 16 años. En 2025, la carencia material severa alcanzó al 8,5% de estos hogares, frente al 7,6% del conjunto de la población. Si se utiliza la medición más amplia, que incorpora las privaciones sociales, la tasa se eleva al 10,7%, frente a una media nacional del 8,1%.
La brecha también se mantiene cuando se analiza el periodo completo entre 2015 y 2025. Durante esos años, los hogares con niños registraron niveles de privación superiores a los del conjunto de la población: la diferencia media fue de 1,5 puntos porcentuales en el indicador material y de tres puntos en el de carencia material y social severa. Los datos apuntan, por tanto, a una vulnerabilidad persistente que no se limita a un solo ejercicio.
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Por el contrario, entre las personas de 30 a 64 años, una franja que concentra buena parte de la población en edad laboral, las tasas se acercan más a la media. En 2025, el 8% se encontraba en situación de carencia material severa y el 8,8% en la categoría que incorpora también las privaciones sociales. La comparación sugiere que la edad y la composición del hogar siguen siendo factores importantes para entender quién afronta mayores dificultades económicas.
Durante la carrera al aire libre, ambos dialogan comparando el ritmo del entrenamiento con la situación del empleo y la economía nacional, al tiempo que comentan la posibilidad de sumar cuatro años más de legislatura al frente del Ejecutivo
Los mayores mejoran su posición relativa
La evolución de las personas de 65 años o más presenta un patrón diferente. Entre 2015 y 2025, su tasa media de carencia material severa se situó 3,3 puntos por debajo de la general. También destaca la trayectoria del indicador de privación material y social: pasó del 3,5% en 2015 al 8,1% en 2018, antes de iniciar una tendencia descendente.
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En 2025, esa última tasa había retrocedido hasta el 4,7%, frente al 8,1% registrado para el conjunto de la población. El resultado sitúa a los mayores en una posición comparativamente favorable dentro de España y ayuda a explicar por qué la distribución de las carencias varía tanto entre grupos de edad.
Esta diferencia no significa que todas las personas mayores estén protegidas frente a la pobreza. Los datos muestran una comparación estadística entre grupos, pero no eliminan las dificultades que pueden experimentar quienes afrontan pensiones bajas, gastos elevados o situaciones de dependencia.

España se aleja de la mejora registrada en Europa
La comparación internacional refuerza la preocupación por la trayectoria española. Durante la última década, las mayores reducciones de la carencia material y social severa se han producido principalmente en países de Europa del Este, muchos de ellos con tasas iniciales elevadas, y también en algunos países del sur del continente. En cambio, varias economías con niveles iniciales más bajos han registrado aumentos o una evolución más estable.
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En este segundo grupo aparecen países como Alemania, Austria, Francia y Luxemburgo, además de los tres Estados nórdicos. España se suma a los países en los que la tasa no ha experimentado una caída significativa, pese a partir de una situación que no era especialmente favorable. El resultado es un empeoramiento de su posición relativa en el conjunto comunitario.
El patrón de mayor privación entre los menores que entre los mayores también se observa en el resto de la UE. Sin embargo, España ha dejado de destacar tanto por la desventaja relativa de los niños, cuya situación se ha aproximado a la media europea, como por la posición favorable de los mayores, cuyas tasas de carencia continúan entre las más bajas de la Unión en relación con el conjunto de la población.
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