El fútbol femenino ha cambiado de forma considerable en los últimos años, y Alexia Putellas ha sido una de las protagonistas de esa transformación. La centrocampista catalana ha vivido desde dentro la evolución de una disciplina que durante mucho tiempo tuvo menos reconocimiento y que hoy cuenta con referentes capaces de inspirar a las nuevas generaciones. Su experiencia le ha permitido observar cómo han cambiado las oportunidades para las niñas y también qué obstáculos siguen dificultando la igualdad entre el fútbol masculino y el femenino.
Después de 14 temporadas en el FC Barcelona, la futbolista decidió cerrar este verano una etapa fundamental de su carrera para incorporarse al London City Lionesses. Su marcha puso fin a una trayectoria de enorme importancia para el conjunto azulgrana, en el que se convirtió en una de las figuras más reconocidas. Su impacto, sin embargo, va más allá de los títulos conquistados y de los premios individuales que ha recibido. En 2021, Alexia hizo historia al convertirse en la primera futbolista en ganar el Balón de Oro. Un año después volvió a conquistar el galardón, antes de que Aitana Bonmatí recogiera el testigo. Sus éxitos coincidieron con un periodo de crecimiento del fútbol femenino, que ha permitido que cada vez más jóvenes puedan identificar a jugadoras profesionales como modelos a seguir.
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La catalana ya reflexionaba sobre esta evolución en una entrevista concedida a El País en 2021. En ella recordó que las primeras mujeres que se abrieron camino en el fútbol tuvieron que enfrentarse a comentarios y prejuicios por practicar un deporte que tradicionalmente se había asociado a los hombres. “Las pioneras tuvieron que aguantar comentarios duros”, explicaba. Su testimonio ponía el acento en la importancia de quienes continuaron jugando pese a las dificultades y contribuyeron a abrir camino para las futbolistas que llegaron después.
Para Alexia, el objetivo debía ser que la presencia femenina en el fútbol se asumiera con normalidad. Aspiraba a un escenario en el que identificarse como futbolista no provocara sorpresa y en el que las niñas pudieran practicar este deporte sin que su elección se percibiera como algo excepcional. La evolución de los hábitos deportivos de los más pequeños era, a su juicio, una señal de ese cambio. La centrocampista recordaba que durante su infancia no era habitual encontrar niñas jugando al fútbol y valoraba que esa imagen empezara a ser cada vez más frecuente.
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“Creo que ahora mismo los chicos se pasan muchas horas en los videojuegos y, por el momento actual de la sociedad, la mujer practica más deporte”, apuntaba. Además, compartía una observación que consideraba representativa de esta transformación: “en los parques vea más a niñas que a niños jugando al fútbol”. Sus palabras relacionaban el crecimiento de la práctica deportiva femenina con una sociedad en la que las niñas disponen de referentes más visibles. La presencia de futbolistas como ella ha contribuido a que las nuevas generaciones puedan contemplar el fútbol como una opción propia, sin las limitaciones sociales que marcaron otras épocas.
El fútbol femenino todavía necesita más visibilidad
Pese a los avances, la jugadora también advertía de que el camino hacia una situación equiparable a la del fútbol masculino seguía teniendo obstáculos. El aumento del interés por las competiciones femeninas no había eliminado todas las diferencias, especialmente en lo relacionado con la promoción y la retransmisión de los partidos. Alexia explicaba que podía encontrar encuentros de categorías juveniles masculinas anunciados en televisión con semanas de antelación, mientras que seguir determinados partidos femeninos o ver a otras compañeras competir podía resultar más complicado.
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Esta diferencia mostraba una de las dificultades que todavía afrontaba el fútbol femenino: despertar el interés de nuevas aficionadas no siempre iba acompañado de las mismas facilidades para acceder a los encuentros. Tener referentes es importante, pero también lo es poder seguir sus carreras y conocer el trabajo de otros equipos y jugadoras.
La reflexión de Putellas, por tanto, abordaba dos aspectos de una misma transformación. Por un lado, el cambio social que permite ver a más niñas practicando deporte y disfrutando del fútbol. Por otro, la necesidad de seguir trabajando para que esa evolución tenga continuidad y las competiciones femeninas dispongan de una visibilidad más amplia. Su trayectoria en el Barcelona y su nueva aventura en Inglaterra coinciden así con una etapa de crecimiento para el fútbol femenino. Un proceso en el que las futbolistas no solo buscan competir al máximo nivel, sino también contribuir a que las generaciones futuras encuentren menos barreras para seguir sus pasos.
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