Las mandarinas sudafricanas disparan la alarma en el campo español: los agricultores piden a Bruselas frenar las importaciones

La organización agraria Asaja reclama a la Comisión Europea que active una cláusula de salvaguardia ante la llegada de 221.245 toneladas de mandarinas y clementinas en 2025 y alerta de la presión sobre los precios de los productores españoles

Las importaciones de cítricos sudafricanos se cuadruplican y ponen en alerta a los agricultores españoles. Foto: (iStock)
Las importaciones de cítricos sudafricanos se cuadruplican y ponen en alerta a los agricultores españoles. Foto: (iStock)
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La llegada de mandarinas y clementinas procedentes de Sudáfrica se ha convertido en un motivo de preocupación para los agricultores europeos. Para tratar de paliar el problema, la organización de agricultores Asaja ha solicitado a la Comisión Europea que active una cláusula de salvaguardia comercial para estos pequeños cítricos, después de que las importaciones sudafricanas se hayan multiplicado por cuatro en menos de una década, según los datos oficiales del Ministerio de Agricultura.

La petición pretende que las autoridades comunitarias evalúen el impacto de estas entradas sobre el mercado europeo y estudien medidas para corregir los desequilibrios que denuncia el sector. En concreto, Asaja se acoge al artículo 34 del Acuerdo de Asociación Económica entre la Unión Europea y los Estados de la Comunidad para el Desarrollo de África Austral (SADC), que contempla un mecanismo bilateral de protección comercial.

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Desde la organización agraria inciden en que la iniciativa no busca cerrar las fronteras a los productos extranjeros, sino garantizar unas condiciones de competencia que consideren equilibradas. Fuentes de la organización agraria señalan que “esta no es una petición contra el comercio internacional. Tampoco es una petición proteccionista. Es, sencillamente, una petición de justicia, de equilibrio y de defensa de la reciprocidad que debe regir cualquier acuerdo comercial que pretenda ser sostenible y beneficioso para todas las partes”.

Las importaciones se disparan y coinciden con la campaña española

Las cifras reflejan la dimensión del cambio. Las compras europeas de mandarinas, clementinas y otros pequeños cítricos sudafricanos pasaron de 55.768 toneladas en 2017 a 221.245 toneladas en 2025. Este aumento, según Asaja, ha intensificado la competencia en un periodo especialmente delicado para las variedades españolas de recolección temprana.

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Tradicionalmente, las producciones del hemisferio sur y del hemisferio norte contaban con calendarios comerciales diferenciados. Esa separación permitía que las cosechas llegaran al mercado en momentos distintos del año y reducía la competencia directa entre los productores de ambas regiones.

Sin embargo, la coincidencia entre las importaciones sudafricanas y el inicio de la campaña citrícola europea ha ido ganando peso. La organización advierte de que las variedades extratempranas y tempranas son especialmente vulnerables cuando los productos importados llegan al mercado durante sus principales semanas de comercialización.

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Caída de los precios en origen

El principal temor del sector es que el incremento de la oferta termine repercutiendo en los ingresos de los agricultores. La asociación denuncia “la saturación de los mercados europeos, la presión a la baja sobre los precios en origen, las dificultades para la comercialización y una pérdida constante de rentabilidad para miles de explotaciones familiares que constituyen el tejido económico y social de numerosas zonas rurales españolas”.

La preocupación va más allá de una campaña concreta. Para la organización de agricultores, la presión sobre los precios amenaza la viabilidad de explotaciones familiares que sostienen buena parte de la actividad económica en numerosas zonas rurales. La pérdida de rentabilidad puede dificultar la continuidad de las fincas y reducir la capacidad de los productores para afrontar los costes de cultivo y comercialización.

Por ese motivo, la organización reclama una respuesta urgente de las instituciones comunitarias. “No podemos esperar a que el daño sea irreversible. La política comercial debe ser compatible con la supervivencia de nuestros productores y con el mantenimiento de la actividad agraria en el territorio”, sostiene Asaja, que considera que existen indicios suficientes para iniciar una evaluación rigurosa de la situación del mercado.

El sector denuncia una competencia con distintas exigencias

La petición llega en un momento en el que los agricultores europeos deben cumplir requisitos cada vez más exigentes en materia normativa, medioambiental, laboral y fitosanitaria. Asaja considera que estas obligaciones incrementan los costes de producción y dificultan competir con mercancías procedentes de países sujetos a marcos regulatorios diferentes.

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El mandarino, de hoja perenne, ayuda a reducir la radiación solar en las horas de mayor calor (Pixaby)

La organización resume su crítica con una advertencia: “No es aceptable exigir mayores costes y obligaciones a nuestros agricultores mientras se permite la entrada de productos de terceros países que compiten en condiciones diferentes”.

La activación de la cláusula de salvaguardia permitiría a la Comisión Europea examinar si las importaciones están provocando perturbaciones que justifiquen medidas de protección conforme al acuerdo comercial. La solicitud de Asaja no implica, por sí misma, que Bruselas vaya a restringir las entradas: será necesario que las autoridades comunitarias valoren los datos y determinen si se cumplen los requisitos previstos.

Sumar apoyos en Europa

Además de trasladar su propuesta a las Direcciones Generales de Agricultura y de Comercio de la Comisión Europea, la organización ha presentado la iniciativa en el seno del COPA-COGECA, que agrupa a organizaciones agrarias y cooperativas europeas.

El objetivo es sumar a otros países productores de cítricos que, según Asaja, afrontan problemas similares de rentabilidad por la competencia de las importaciones sudafricanas. Una respuesta coordinada permitiría elevar la presión sobre las instituciones comunitarias y respaldar la petición con la experiencia de distintos mercados agrícolas europeos. La decisión queda ahora en manos de las autoridades de la Unión Europea, que deberán analizar la evolución de las importaciones y sus efectos sobre los productores comunitarios.

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