La teoría económica que explica por qué muchas personas llegan a la jubilación sin ahorros: “Subestiman cuánto tiempo vivirán”

Según los expertos, quien tiene una percepción errónea de su propia longevidad puede priorizar el consumo presente

Dos jubilados pasean a su perro en Barcelona (Montaje Infobae con imágenes de David Zorrakino / Europa Press)
Dos jubilados pasean a su perro en Barcelona (Montaje Infobae con imágenes de David Zorrakino / Europa Press)
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No son pocas las personas que llegan a la edad de jubilación con un patrimonio escaso o sin ahorros suficientes para afrontar la pérdida de ingresos que suele acompañar al retiro. La hipótesis del ciclo de vida del ahorro plantea que los trabajadores deberían acumular recursos durante su vida laboral para utilizarlos después de jubilarse, pero la investigación económica reciente muestra que ese plan suele chocar con errores de cálculo, deudas y dificultades para pensar en el largo plazo.

La teoría fue formulada por el economista ítalo-estadounidense Franco Modigliani y el economista Richard Brumberg en la década de 1950. Más tarde, Modigliani desarrolló sus implicaciones para el conjunto de la economía junto a Albert Ando.

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Su planteamiento parte de una secuencia vital que resulta -para muchos- familiar: en los primeros años de la etapa adulta, los ingresos suelen ser bajos y puede haber poco ahorro o incluso endeudamiento. Durante la etapa laboral, el salario aumenta y una parte debería destinarse a formar patrimonio. Una vez llegada la jubilación, esos recursos permitirían mantener el consumo sin depender por completo de una pensión.

La hipótesis del ciclo de vida propone ahorrar mientras se trabaja

La hipótesis del ciclo de vida describe cómo deberían organizar sus finanzas las personas si pudieran anticipar sus ingresos, gastos y necesidades futuras.

En el discurso que pronunció al recibir el Premio Nobel de Economía en 1985, Modigliani explicó la idea en la que se basa la teoría. El objetivo era entender las decisiones de “consumidores racionales, que maximizan su utilidad y asignan de manera óptima sus recursos al consumo a lo largo de su vida”.

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En términos sencillos, el modelo plantea que una persona no debería gastar todo lo que gana en sus años de mayor salario. Una parte del dinero tendría que reservarse para la vejez, cuando disminuyen o desaparecen los ingresos laborales. Así, el consumo se repartiría de una forma más equilibrada entre juventud, vida laboral y jubilación.

El problema es que una planificación de este tipo requiere responder con décadas de antelación a preguntas difíciles: cuánto se vivirá, qué gastos de salud surgirán, si habrá periodos de desempleo, cuánto rendirán los ahorros o si será necesario ayudar económicamente a familiares.

Las pensiones de jubilación en 2025 y su capacidad adquisitiva auguran un futuro sombrío para nuestros mayores.

Quien calcula que vivirá menos, gasta más

El capítulo Lessons from Behavioral Research for Retirement Saving, Investment, and Spending: An Overview, de Olivia S. Mitchell y Nikolai Roussanov, analiza por qué las decisiones reales se alejan con frecuencia de ese modelo teórico.

Uno de los factores tiene que ver con la percepción de la propia longevidad. Los autores resumen una investigación del economista Rawley Z. Heimer con una frase que ayuda a entender el problema: “Las personas jóvenes tienden a subestimar cuánto tiempo vivirán, por lo que gastan de más y ahorran demasiado poco”.

La cita, traducida del inglés, contiene una de las claves del desajuste. Quien calcula que vivirá menos años de los que realmente puede vivir tiene menos incentivos para reservar dinero para la vejez. Puede priorizar el consumo presente y retrasar el ahorro, aunque más adelante descubra que el patrimonio acumulado no alcanza para financiar una jubilación prolongada.

En edades más avanzadas, el comportamiento puede cambiar. Algunas personas empiezan a sobrestimar los años que les quedan por vivir y reducen el gasto de forma preventiva. Ese fenómeno ayuda a explicar por qué ciertos jubilados gastan sus ahorros lentamente.

Los pequeños gastos y las deudas alteran la planificación

El capítulo también aborda el llamado undersum bias, o sesgo de subestimación acumulativa. Se trata de la tendencia a calcular mal cuánto suman muchas cifras pequeñas con el paso del tiempo.

Una suscripción mensual, una compra recurrente o un gasto aparentemente menor pueden tener un efecto considerable después de años. Al mismo tiempo, muchas personas tampoco perciben con claridad cuánto puede crecer una aportación periódica al ahorro gracias al interés compuesto, el mecanismo por el que los intereses generados se suman al capital y también producen nuevos intereses.

Ese sesgo afecta también a los imprevistos. Problemas de salud, periodos sin empleo, reparaciones, cuidados de familiares a largo plazo o deudas pueden romper una estrategia que parecía sostenible. La investigación revisada por Mitchell y Roussanov indica que las personas pueden infravalorar tanto los gastos futuros como los riesgos financieros durante toda una vida.

La alfabetización financiera también importa. Comprender cómo funcionan los intereses, los productos de ahorro y la deuda ayuda a tomar decisiones con más información. La organización, la disciplina y la revisión periódica de las cuentas personales aparecen como otros factores vinculados a una mayor preparación para el retiro.

La pensión pública reduce la dependencia del ahorro privado, pero no elimina el problema

En España, la jubilación no depende solo del dinero que cada trabajador haya conseguido ahorrar. El sistema público de pensiones aporta una renta mensual a quienes han cotizado el tiempo necesario, por lo que la situación no es idéntica a la de países donde la vejez depende en mayor medida de planes privados ligados al empleo.

Aun así, la pensión pública no evita todas las dificultades. Para algunas personas, su importe puede no bastar para mantener el nivel de vida previo, afrontar gastos de vivienda, ayudar a familiares o pagar necesidades de salud y cuidados que aumentan con la edad. En esos casos, los ahorros privados pueden complementar la prestación.

La posibilidad de reunirlos tampoco depende solo de la voluntad. Los salarios bajos, la temporalidad, el paro, las interrupciones laborales y las deudas reducen el margen para reservar dinero a largo plazo.

Las diferencias de género también influyen. Muchas mujeres han tenido carreras laborales más discontinuas por las tareas de cuidado, lo que puede traducirse en menos cotizaciones, pensiones más bajas y menor capacidad de ahorro durante la vida laboral.

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