
José Mourinho ha construido una carrera marcada por su carácter, su ambición y una personalidad que rara vez pasa desapercibida. El entrenador portugués ha protagonizado numerosos enfrentamientos dialécticos y se ha convertido en una de las figuras más reconocibles del fútbol internacional. Sin embargo, detrás de esa imagen pública hay una historia muy diferente, la de un niño que creció en Setúbal, disfrutó de una infancia tranquila y tuvo claro desde muy pronto que quería dedicarse al fútbol.
La miniserie documental Mourinho, estrenada en Netflix el pasado mes de agosto, permite conocer esa faceta más íntima del técnico. A lo largo de tres episodios, la producción repasa su trayectoria y recupera algunos de los recuerdos que mejor explican su evolución, desde sus primeros años en Portugal hasta su consolidación como entrenador. Sus declaraciones vuelven a cobrar protagonismo en un momento en el que el fútbol mira hacia el Real Madrid. La victoria del conjunto blanco ante el FC Barcelona en el Camp Nou, por 1-2, gracias a un doblete de Kylian Mbappé, ha situado de nuevo a Mourinho en el centro de la actualidad. El resultado del Clásico dejó al equipo madridista a tres puntos del liderato, aunque el relato del portugués permite alejarse por un momento de la competición para descubrir cómo fueron sus comienzos.
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Setúbal ocupa un lugar especial en los recuerdos de Mourinho. En aquella ciudad portuguesa pasó sus primeros años, rodeado de otros niños y con las calles del barrio como escenario habitual de sus juegos. Lejos de los focos que acompañarían su vida adulta, su infancia estuvo vinculada a una rutina sencilla que todavía recuerda con afecto. “Me siento orgulloso de mis orígenes, de haber crecido en un país pequeño. Significa mucho para mí. Echas de menos a la gente, tu hogar, mi casa de Portugal”, explica en el documental.

El entrenador no solo conserva el recuerdo de aquellos días, sino también una conexión directa con el lugar donde creció. Su madre continúa viviendo en la misma casa en la que él pasó su infancia, un detalle que refleja la continuidad de ese vínculo con sus raíces. “Es una ciudad pequeña. Nos pasábamos todo el día en la calle, en el barrio donde crecí. Jugando al fútbol y pasando el rato. Éramos libres, muy libres. Mi madre sigue viviendo en el segundo piso, en la casa donde vivía yo de niño”.
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De ser un niño tranquilo a un polémico entrenador
El deporte también formaba parte de su ambiente familiar. Su padre, Félix Mourinho, trabajaba como entrenador de fútbol, mientras que su madre ejercía de profesora. Esa combinación hizo que conociera desde pequeño tanto la importancia de la educación como las particularidades de la carrera futbolística. “Mi madre era maestra y mi padre entrenador de fútbol. En casa sabíamos bien lo que significaba el fútbol profesional. Era un sueño, pero no una obsesión. No era muy buen jugador, pero me tomaba el fútbol muy en serio”, relata.
Uno de los aspectos más llamativos de su testimonio es la distancia entre el adolescente que describe y el personaje que ha mostrado a lo largo de su trayectoria profesional. Mourinho reconoce que su comportamiento durante aquellos años distaba de la imagen de provocador que ha acompañado algunas de sus etapas en los banquillos. “A mis padres nunca les di preocupaciones ni ningún problema. A la gente le cuesta creerlo porque ahora doy muchos problemas. No debería contarlo porque seguro que la gente se ríe, nunca me he emborrachado en la vida. Jamás. Fui un chaval muy formalito, y era feliz con esa tranquilidad. Fue perfecto porque cumplí mis sueños, por supuesto. Los sueños se iban cumpliendo poco a poco”.
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Su objetivo era convertirse en entrenador, aunque sabía que no sería sencillo abrirse camino. Tras formarse en la universidad, Mourinho fue acumulando experiencias que le permitieron acercarse progresivamente al fútbol profesional. Su paso como segundo entrenador por el Benfica, el Oporto y el Barcelona formó parte de ese aprendizaje. “Quería ser entrenador, pero sabía que iba a ser difícil. Lo normal es que la gente como yo, al salir de la universidad, fuera preparador físico. Y ese es el legado: abrí la puerta a muchos jóvenes que tenían el mismo sueño que yo. Cada cosa que he vivido, me preparaba para la siguiente: lo que aprendí de niño con mi padre, luego en la universidad, como segundo entrenador en el Benfica, en el Oporto y en el Barcelona... Se abrió la puerta”. Ahora, es uno de los mejores entrenadores del mundo.
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