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Ni gimnasio ni pilates: este es el ejercicio de cardio ideal para hacer en verano

La exigencia de esta actividad física puede ayudar a mejorar la resistencia

Una chica hace estiramientos en el paseo marítimo (Magnific)
Una chica hace estiramientos en el paseo marítimo (Magnific)
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Un día de playa puede ofrecernos mucho más que un baño de agua fría, una siesta bajo la sombrilla o una cita con el chiringuito. Y, aunque nada de lo anterior es poca cosa, hay quienes aprovechan para ejercitarse. Más concretamente, para cambiar el running sobre asfalto en correr por la arena.

Correr por la playa puede parecer una actividad sencilla, pero la arena convierte cada zancada en un desafío adicional para el organismo. La superficie blanda modifica la mecánica de la carrera y obliga al cuerpo a gastar más energía que cuando se desplaza sobre un terreno firme. Así lo demuestra un estudio experimental publicado en la Journal of Experimental Biology, que analizó las diferencias entre caminar y correr sobre arena y hacerlo sobre una superficie dura.

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Los investigadores estudiaron cómo se movían los participantes mediante plataformas de fuerza y técnicas de análisis cinematográfico. Con estos instrumentos pudieron determinar el trabajo mecánico realizado durante cada desplazamiento. Además, midieron el consumo de oxígeno de los participantes, una variable que permite calcular el coste energético de caminar y correr en diferentes superficies.

Los resultados fueron especialmente llamativos al caminar. A una misma velocidad, desplazarse sobre arena requirió entre 1,6 y 2,5 veces más trabajo mecánico que hacerlo sobre una superficie dura. El incremento también se reflejó en el gasto energético: caminar sobre arena supuso entre 2,1 y 2,7 veces más consumo de energía.

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En la carrera, la diferencia fue menor en términos de trabajo mecánico, pero continuó siendo significativa desde el punto de vista energético. Correr sobre arena exigió aproximadamente un 15% más de trabajo mecánico que hacerlo sobre una superficie firme a la misma velocidad. Sin embargo, el gasto energético aumentó alrededor de un 60 %.

Un hombre corriendo por la playa (Magnific)
Un hombre corriendo por la playa (Magnific)

¿Por qué es más difícil correr en la playa?

La respuesta a por qué ocurre esto se halla en el comportamiento de la propia arena. Cuando el corredor apoya el pie, el terreno se deforma y se desplaza bajo su peso. Parte de la fuerza producida por los músculos se utiliza entonces para mover la arena, en lugar de convertirse directamente en impulso hacia delante. Cada apoyo supone, por tanto, un pequeño gasto adicional.

El estudio señala además un segundo mecanismo. Sobre la arena disminuye la eficiencia del trabajo positivo realizado por músculos y tendones. Dicho de otra manera, el organismo necesita emplear más energía para conseguir un desplazamiento mecánico equivalente. Por eso dos corredores que mantengan exactamente la misma velocidad pueden estar realizando esfuerzos fisiológicos muy diferentes dependiendo de la superficie sobre la que corran.

Santiago García nos cuenta cómo entrenar en verano.

La exigencia de la arena

Estos resultados ayudan a explicar una sensación habitual entre quienes corren por la playa: mantener un ritmo aparentemente cómodo puede resultar mucho más exigente de lo esperado. La arena obliga al cuerpo a adaptarse continuamente a un terreno que cambia bajo los pies y dificulta la transmisión eficiente de las fuerzas.

El hallazgo también pone de relieve que la superficie de entrenamiento es un factor relevante a la hora de valorar la intensidad de una carrera. Correr sobre arena no significa necesariamente que el ejercicio sea mejor que correr sobre asfalto, tierra o una pista deportiva. Significa que el organismo recibe un estímulo diferente y que, a una velocidad idéntica, debe realizar un esfuerzo energético mayor.

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