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El Sol cierra un ciclo completamente: el sur será el norte y el norte será el sur

Es un acontecimiento que ocurre cada 11 años y con el que comienza un aumento de actividad solar

El Sol con superficie naranja brillante, manchas oscuras y plasma. Líneas curvas luminosas azules y moradas lo rodean sobre fondo negro.
La estrella invertirá sus polos magnéticos, siendo 2013 la última vez que se cambiaron. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Este verano está marcado sin duda por el eclipse solar del 12 de agosto. El fenómeno que la península presenciará 3 veces en 3 años y que mucha gente ya está apuntando en el calendario para hacer planes. Pero aunque nos encontremos inmersos en una vorágine de información sobre ello, no puede eclipsar el cumpleaños del Sol.

La estrella invertirá sus polos magnéticos completamente, siendo 2013 la última vez que tornaron, transformando el sur en norte y el norte en sur. El acontecimiento que desembocará en el inicio de un ciclo solar que los científicos observan con especial atención. Según expertos de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Española (AEE), la inversión de los polos es parte natural del funcionamiento de nuestra estrella y suele repetirse cada 11 años.

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La inversión magnética solar representa uno de los cambios más notables en el comportamiento del Sol. El proceso de cambio implica un aumento de la actividad eléctrica y magnética del astro, lo que se transformará en erupciones que tantos dolores de cabeza dan a los científicos y expertos en tecnología, manchas solares que los físicos querrán observar y otros fenómenos. Como explica la NASA, durante el inicio del ciclo la actividad solar aumenta y a finales disminuye.

¿Qué ocurre cuando el Sol invierte sus polos?: Consecuencias en la Tierra

Los polos solares funcionan como los de un imán: la estrella, compuesta principalmente de gas con carga eléctrica, genera un campo magnético que cambia de sentido a medida que rota sobre su eje. Cuando la inversión se produce, el campo magnético solar se reorganiza por completo, fenómeno que la ESA y la NASA monitorizan de manera constante. Según la ESA, este año el ciclo solar se percibe como “moderado”, con un número de manchas solares que oscila entre 100 y 120, una cifra dentro de los parámetros habituales para este tipo de transición.

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Vista espacial de la Tierra. Una aurora verde brillante y roja ilumina la atmósfera. Parte oscura de una nave espacial a la izquierda contra un cielo estrellado
Una vista impresionante de la aurora, con sus colores verdes y rojos iluminando la atmósfera terrestre desde la Estación Espacial Internacional, bajo un cielo estrellado. (Reuters)

El interés por comprender la actividad del Sol va mucho más allá del ámbito académico. Sus variaciones magnéticas tienen efectos que pueden percibirse en la Tierra. La Agencia Espacial Europea (ESA) advierte que las tormentas solares asociadas a estos ciclos son capaces de alterar las telecomunicaciones, los sistemas de navegación por satélite e incluso las redes eléctricas.

“La meteorología espacial estudia la actividad del Sol e intenta anticipar sus erupciones para proteger los sistemas electrónicos en la Tierra y los satélites”, explica el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES). Aunque ya es posible detectar una tormenta solar cuando se dirige hacia nuestro planeta, los científicos todavía no pueden predecir con precisión cuándo ocurrirá. Ese margen de incertidumbre mantiene en alerta a ingenieros y especialistas del sector.

Además, esta intensa actividad solar también tiene un costado espectacular. El Sol atraviesa el ciclo solar 25, un proceso de aproximadamente once años que comenzó en diciembre de 2019. Alcanzó su máximo de actividad entre 2024 y 2025. Durante esta fase aumentan las erupciones solares y las eyecciones de masa coronal, lo que incrementa la probabilidad de que se produzcan auroras visibles desde la Tierra. Este 2026 está viendo sus últimos coletazos.

El dispositivo LightSound, desarrollado por la Universidad de Harvard, es una herramienta para la astronomía accesible que convierte la luz en sonido. (Paulina Troncoso Iribarren/Harvard)

Las auroras boreales y australes nacen cuando las partículas cargadas expulsadas por el Sol llegan a nuestro planeta. El campo magnético terrestre desvía la mayoría de ellas hacia las regiones polares, donde colisionan con los gases de la atmósfera. El oxígeno produce los característicos tonos verdes y rojos; el nitrógeno, azules y violetas. El color depende tanto del gas con el que interactúan las partículas como de la altitud a la que ocurre la colisión. En los periodos de máxima actividad solar, este espectáculo de luces puede llegar a verse en latitudes mucho más bajas de lo habitual.

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