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El triángulo entre Pedro Sánchez, Argelia y Marruecos que explica por qué el origen de la crisis migratoria de Ceuta genera tantas dudas

La entrada de miles de migrantes en la ciudad autónoma apenas diez días después del viaje del presidente a Argelia recuerda a un episodio similar en 2021, cuando una crisis diplomática con Marruecos desembocó en una llegada masiva de personas a territorio español

El triángulo entre Pedro Sánchez, Argelia y Marruecos que explica por qué el origen de la crisis migratoria de Ceuta genera tantas dudas (Montaje Infobae)
El triángulo entre Pedro Sánchez, Argelia y Marruecos que explica por qué el origen de la crisis migratoria de Ceuta genera tantas dudas (Montaje Infobae)
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El Gobierno ha salido a negar que la entrada masiva de migrantes registrada en Ceuta guarde relación con el viaje que Pedro Sánchez realizó a Argelia hace apenas diez días. La coincidencia entre ambos acontecimientos ha reabierto un debate que aparece de forma recurrente cada vez que se produce una crisis migratoria en la frontera sur: hasta qué punto Marruecos puede utilizar el control de los flujos migratorios como elemento de presión diplomática sobre España.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ha rechazado de plano esa interpretación y ha defendido que las relaciones con Rabat atraviesan uno de sus mejores momentos. “La relación con Marruecos es excelente y en nada se ve afectada por las buenas relaciones con Argelia”, han asegurado fuentes del departamento que dirige José Manuel Albares a Europa Press. Además, han subrayado que la coordinación entre ambos países en materia migratoria, así como en “otros temas”, continúa siendo “muy intensa”.

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En la misma línea se ha pronunciado el Ministerio del Interior. Fuentes del departamento sostienen que Marruecos está “cooperando de manera leal” y “permanente” con España para hacer frente a la situación en Ceuta y aseguran que las fuerzas de seguridad marroquíes están interceptando a numerosas personas antes de que alcancen la frontera, evitando nuevos intentos de entrada desde territorio marroquí.

Las explicaciones del Ejecutivo no son casuales. Responden a una interpretación que ha ganado fuerza en las últimas horas y que vincula el aumento de la presión migratoria con la visita oficial que Pedro Sánchez realizó el pasado 20 de julio a Argelia. No porque exista ninguna prueba que relacione ambos hechos, sino porque el contexto diplomático de los últimos años hace que cualquier movimiento de España entre Rabat y Argel sea observado con especial atención.

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El recuerdo de la crisis de 2021

Para entender por qué ha surgido esa asociación hay que remontarse cinco años atrás. En mayo de 2021, cerca de 10.000 personas accedieron a Ceuta en apenas dos días después de que Marruecos relajara los controles fronterizos en plena crisis diplomática con España.

El detonante fue la decisión del Gobierno español de permitir la entrada en España, por motivos humanitarios, del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Rabat interpretó aquel gesto como una afrenta a su posición sobre el Sáhara Occidental y respondió reduciendo la vigilancia en la frontera, lo que permitió una entrada sin precedentes de migrantes en la ciudad autónoma.

Aquella crisis marcó un punto de inflexión en las relaciones entre ambos países. Más allá del impacto migratorio, dejó instalada una idea que desde entonces reaparece cada vez que se produce un incremento repentino de llegadas: que Marruecos dispone de una herramienta de enorme capacidad de presión gracias al control que ejerce sobre la frontera y que puede utilizarla cuando considera que sus intereses estratégicos se ven comprometidos.

Por eso, cuando en los últimos días miles de personas comenzaron a intentar acceder a Ceuta desde territorio marroquí, las comparaciones con 2021 fueron prácticamente inmediatas. Y también por eso el viaje de Pedro Sánchez a Argelia pasó a ocupar un lugar central en muchas de esas interpretaciones.

Los migrantes que cruzaron a nado la frontera entre Marruecos y Ceuta en 2021. (REUTERS / Jon Nazca)
Los migrantes que cruzaron a nado la frontera entre Marruecos y Ceuta en 2021. (REUTERS / Jon Nazca)

El significado del viaje a Argelia

La visita del presidente del Gobierno no fue un desplazamiento institucional más. Supuso la escenificación del final de una crisis diplomática que había condicionado durante cuatro años la relación entre Madrid y Argel.

El origen de ese enfrentamiento se remonta a marzo de 2022, cuando el Ejecutivo español decidió respaldar el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, rompiendo con la tradicional posición de neutralidad que España había mantenido durante décadas. La reacción de Argelia fue inmediata: retiró a su embajador, congeló buena parte de las relaciones institucionales y suspendió numerosas operaciones comerciales con España, aunque mantuvo el suministro de gas.

Desde entonces, el Gobierno trabajó para reconstruir una relación considerada estratégica. Argelia no solo es uno de los principales proveedores de gas de España, sino también un socio clave en cuestiones energéticas, económicas y de seguridad en el Mediterráneo.

El viaje de Sánchez del pasado 20 de julio sirvió para certificar ese deshielo. Durante su visita se escenificó la recuperación de las relaciones políticas al más alto nivel y se abordaron asuntos relacionados con la cooperación energética, las inversiones, la seguridad regional y la estabilidad del Mediterráneo occidental.

Fue precisamente esa normalización con Argel la que llevó a algunos analistas y dirigentes políticos a preguntarse si Marruecos podía interpretar el acercamiento como un movimiento incómodo para sus intereses y responder incrementando la presión migratoria sobre Ceuta, reproduciendo un esquema similar al vivido en 2021. Sin embargo, esa interpretación se basa en la coincidencia temporal entre ambos acontecimientos y en el precedente histórico, no en hechos confirmados que permitan establecer una relación directa entre la visita a Argelia y la crisis migratoria.

La respuesta del Gobierno

Consciente de que esa comparación empezaba a extenderse, el Ejecutivo ha querido cortar de raíz cualquier lectura que vincule ambos episodios. Desde Exteriores insisten en que el restablecimiento de las relaciones con Argelia no ha supuesto ningún deterioro del vínculo con Marruecos y sostienen que España mantiene una interlocución fluida con ambos países. La estrategia del Gobierno pasa precisamente por reforzar las relaciones con sus dos principales vecinos del Magreb sin que una afecte a la otra.

El Ministerio de Interior refuerza ese mensaje poniendo el foco en la actuación de las autoridades marroquíes durante la crisis. Frente a la imagen de 2021, cuando Rabat fue acusado de relajar deliberadamente los controles fronterizos en pleno conflicto diplomático, el Ejecutivo sostiene ahora que Marruecos está colaborando activamente para contener los flujos migratorios.

Imágenes impactantes que muestran a miles de migrantes intentando cruzar la frontera marítima entre Marruecos y el enclave español de Ceuta. La multitud se agolpa en la valla y nada en un intento desesperado por llegar a territorio europeo. (X: @karimprim)

Según las fuentes consultadas, las fuerzas de seguridad marroquíes están impidiendo que numerosas personas alcancen la frontera de Ceuta y mantienen una coordinación constante con las autoridades españolas para gestionar la situación. Ese comportamiento, defienden desde el Gobierno, demuestra que la cooperación bilateral continúa funcionando con normalidad y contradice la idea de que Rabat esté utilizando la migración como respuesta al acercamiento entre Madrid y Argel.

Aun así, el episodio ha vuelto a poner de manifiesto hasta qué punto la política migratoria, la cuestión del Sáhara Occidental y las relaciones de España con Marruecos y Argelia siguen estando estrechamente conectadas en el debate público. La experiencia de 2021 hace que cualquier crisis en la frontera sea interpretada también en clave diplomática, lo que explica que el viaje de Pedro Sánchez a Argelia haya sido señalado por algunos sectores como un posible desencadenante de la situación en Ceuta, una relación que el Gobierno niega de forma rotunda y para la que, por el momento, no existe ninguna evidencia pública que la sustente.

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