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Aplazado “por salud mental” el juicio del expríncipe Andrés por presunta agresión: la agonía del duque continúa

El hijo de Isabel II esperaba cerrar un capítulo este 29 de julio, pero su declaración ante el Tribunal de Magistrados de Westminster ha sido pospuesta hasta diciembre por la situación psicológica del acusado

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El expríncipe Andrés afrontaba esta semana un momento que, en teoría, debía marcar un antes y un después en su vida. Tras meses de desgaste público, aislamiento y tensiones familiares, estaba previsto que declarase como presunta víctima de agresión ante el Tribunal de Magistrados de Westminster. Era una cita judicial que, según su entorno, podía ofrecerle una mínima sensación de cierre y abrir la puerta a una etapa más discreta, lejos del foco mediático que lo persigue desde su vinculación con Jeffrey Epstein. Sin embargo, nada de eso ha ocurrido. La audiencia, fijada para este 29 de julio, ha sido aplazada de forma inesperada, prolongando una agonía que parece no tener fin.

El caso se remonta al pasado 6 de mayo, cuando Andrés fue presuntamente agredido por un hombre llamado Alex Jenkinson, de 39 años, mientras paseaba a sus perros cerca de Marsh Farm, la discreta vivienda en los terrenos de Sandringham donde reside desde que abandonó Royal Lodge por petición de Carlos III.

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El incidente, según fuentes citadas por The Telegraph, afectó profundamente al duque, que llegó incluso a solicitar recuperar la seguridad financiada públicamente que perdió tras su retirada de la vida institucional. Desde entonces, vive prácticamente recluido, con un círculo reducido y una rutina marcada por la cautela.

El exduque de York, el príncipe Andrés, enfrenta a la justicia tras ser arrestado. La operación se produce después de la publicación de documentos que lo vinculan con la red de Jeffrey Epstein y sugieren que pudo compartir información sensible del gobierno británico.

El juicio debía celebrarse este miércoles mediante videoconferencia, pero el juez Paul Goldspring decidió aplazarlo hasta el 21 de diciembre alegando preocupación por la salud mental del acusado. Jenkinson, que está en libertad bajo fianza, tiene prohibido acercarse a menos de 500 metros de propiedades reales como Sandringham, Buckingham, Balmoral, Windsor o Highgrove. La decisión judicial, aunque justificada por motivos clínicos, supone un nuevo golpe para Andrés, que esperaba cerrar este capítulo antes de que terminase el verano.

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La situación del duque se ha visto agravada por la ruptura de la convivencia con Sarah Ferguson. La desclasificación de los archivos de Epstein reveló la amistad entre el magnate y la exduquesa de York, un dato desconocido hasta entonces que también afectó a la imagen de Ferguson. Tras abandonar Royal Lodge, la pareja —que durante décadas mantuvo una convivencia peculiar pero estable— tomó caminos separados.

Sarah se refugió en Les Gais Lutins, un chalet en Suiza que le prestó su exnovio Paddy McNally, fallecido recientemente. Allí, según se informó, pasó un tiempo en la Clínica de Recuperación Paracelsus, alejada de la presión mediática y del deterioro emocional que rodea a su exmarido.

Mientras tanto, Andrés podría perder uno de los pocos títulos que conserva: el de Ciudadano Honorario de la Ciudad de Londres. La Corporación de la Ciudad le pidió formalmente que renunciara voluntariamente, pero ante la falta de respuesta han iniciado el proceso para retirárselo. Han elaborado un borrador jurídico que permitiría “privar del derecho de voto” al titular, un paso necesario para que la destitución pueda seguir adelante. El documento no estará listo hasta octubre, pero añade otra sombra sobre el futuro institucional del duque.

El expríncipe Andrés y Sarah Ferguson en una imagen de archivo. REUTERS/Hollie Adams/Pool
El expríncipe Andrés y Sarah Ferguson en una imagen de archivo. REUTERS/Hollie Adams/Pool

El aplazamiento del juicio no solo prolonga la incertidumbre judicial, sino que también retrasa cualquier intento de reconstrucción personal. Andrés esperaba que esta declaración fuese el primer paso hacia una vida más silenciosa, quizá incluso más digna. Pero la realidad vuelve a imponerse: su caída en desgracia continúa, su entorno se fragmenta y su futuro permanece envuelto en una bruma que, por ahora, nadie parece capaz de disipar.

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