
Actualmente, las empleadas del hogar tienen garantizado un salario mínimo en nuestro país. Para una jornada completa de 40 horas semanales, se sitúa en 17.094 euros brutos al año, lo que equivale a 1.221 euros mensuales repartidos en 14 pagas, o 1424,50 euros al mes si las pagas extraordinarias están prorrateadas en 12 mensualidades. En el caso de quienes trabajan por horas, la retribución mínima es de 8,9 euros por cada hora efectiva realizada. Pero la realidad de muchas trabajadoras del sector demuestra que las carreras laborales parciales, las interrupciones por el cuidado de la familia o los años cotizados insuficientes terminan traduciéndose en pensiones reducidas. Es el caso de Vicky, una empleada doméstica que acaba de jubilarse después de toda una vida de trabajo, primero en Chile y después en España.
Para ella, la jubilación ha supuesto un antes y un después. Tras décadas de esfuerzo en distintos empleos, asegura que lo más importante no ha sido poder retirarse, sino hacerlo en buenas condiciones físicas. “Lo mejor que le puede pasar a una persona que ha trabajado en el sector en el que he trabajado yo toda su vida es jubilarse. Pero más que nada, jubilarse con salud”, explica Vicky a Infobae.
PUBLICIDAD
Además, reconoce que ha visto casos cercanos de personas que, pese a haberse jubilado antes que ella, no han podido disfrutar de esa nueva etapa como se merecían o hubieran querido. “Conozco personas mucho menores que yo que se han jubilado y no han disfrutado nada”, lamenta. Por eso, insiste en que el trabajo debe ir acompañado de un cuidado constante de la salud. “Lo que hay que hacer es trabajar duro y cuidar la salud para poder disfrutar de estos momentos”, afirma. En su caso, asegura que encontrarse bien físicamente le ha permitido vivir la jubilación con optimismo. “A mí jubilarme con salud me ha dado la vida”, resume.
“Me han tocado buenos jefes y me han tratado muy bien”
A sus casi 68 años, Vicky reconoce que necesitaba poner fin a una rutina marcada por horarios exigentes y un ritmo de trabajo intenso. “Con 67, 68 años que voy a cumplir, lo que quiere cualquier persona es descansar, librarte de la rutina, de levantarte tan temprano, de tener un horario para todo y no disfrutar de muchas cosas porque te toca trabajar”, relata.
PUBLICIDAD
Y, aunque disfruta de esta nueva etapa, hay algo que sí echa especialmente de menos, que son las personas con las que coincidió en el trabajo durante tantos años. “Lo que más echo de menos son a mis compañeros, que con ellos pasé momentos muy buenos e inolvidables, muchas risas, y recibí mucho cariño de todos”, recuerda con emoción.
Su trayectoria laboral comenzó lejos de España. Ella es chilena y, en su país, dio sus primeros pasos en el mercado laboral dentro de un taller textil, donde desempeñó diferentes tareas relacionadas con la confección de prendas. “Yo empecé a trabajar en Chile, en un taller de tejidos, donde hacía costuras, coser, planchar y embolsar para la venta. También confeccionábamos ropa para jóvenes”, explica.
PUBLICIDAD
Años después, se trasladó a España, donde desarrolló la mayor parte de su vida profesional trabajando en domicilios particulares. Durante ese tiempo, asegura que tuvo la suerte de cruzarse con jefes que valoraron su trabajo. “Aquí en España, he trabajado en casas casi todo el tiempo. No me puedo quejar, me han tocado buenos jefes y me han tratado muy bien”, señala.
Como muchas mujeres de su generación, también hizo una pausa en su carrera profesional para dedicarse al cuidado de sus hijos. Después de casarse, permaneció varios años centrada en la crianza hasta que volvió al mercado laboral con empleos por horas. “Después, me casé y me dediqué a criar a mis hijos hasta los tres años, que empecé a trabajar por horas”, detalla.
PUBLICIDAD
“No podría vivir bien sola con la pensión que recibo”
La oportunidad de conseguir un empleo más estable le llegó cuando ya tenía 56 años. En ese momento, comenzó a trabajar en un supermercado, donde tuvo que asumir varias funciones de diferentes departamentos. “Con suerte, a los 56 años empecé en el que fue mi último trabajo en un supermercado de limpiadora, cajera y reponedora. Ahí hacía de todo, mi día a día era correr de un lado a otro”, explica.

Una trayectoria laboral que, sin embargo, no ha sido suficiente para garantizarle una pensión que le permita vivir con tranquilidad económica. La razón, según ella, está en que gran parte de su vida laboral, que cuenta con un número limitado de años cotizados, transcurrió con jornadas parciales. “Yo, personalmente, no podría vivir bien con la pensión que recibo ahora, pero más que nada porque solamente he trabajado 15 años a 30 horas, con lo cual mi pensión es bajísima”, afirma.
PUBLICIDAD
Su situación económica actual se sostiene, en gran parte, porque su marido continúa trabajando. “Si no fuera porque tengo a mi marido, que está trabajando, y ahora estamos en casa los dos solos, no podría vivir”, reconoce.
“De aquí a que se jubilen mis hijos, ya no va a existir la jubilación”
Y, ahora, la experiencia acumulada lleva a Vicky a mirar con preocupación el futuro del sistema de pensiones. Aunque admite que se trata de una percepción personal, considera que las nuevas generaciones deben prepararse para un escenario diferente al que ella ha conocido. “A los jóvenes, en particular, les diría que se busquen la manera de ahorrar de forma particular, porque al final, para el momento en el que ellos dejen de trabajar, igual ya no existe la jubilación, y tendrán que buscarse la vida para tener una vejez cómoda y adecuada”, aconseja.
PUBLICIDAD
Incluso extiende esa preocupación a sus propios hijos. “Creo que de aquí a que se jubilen mis hijos, ya no va a existir la jubilación, que todo esto está muy mal”, concluye.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
RTVE cancela la emisión de ‘La Promesa’ y ‘Valle Salvaje’ este viernes 23 de octubre: así queda la parrilla televisiva de La 1
Las dos series favoritas del público no tendrán ninguna entrega hasta la semana que viene

Natalia Lara, asesora financiera: “Esta es la razón por la que gastas más cuando pagas con tarjeta en vez de en efectivo”
Un estudio con más de 32.000 participantes confirma el efecto psicológico de no pagar con dinero físico

Antes de las pensiones, jubilarse dependía de la caridad: así sobrevivían los ancianos en la España medieval y en el Renacimiento
Las cofradías, los gremios y los hospitales ofrecían ayuda a quienes ya no podían trabajar, pero la protección dependía de tener recursos, familia o pertenecer a una corporación. Para los más pobres, envejecer podía significar quedar a merced de la limosna

La cena previa a los Princesa de Asturias en la que Leo Messi compartió mesa con la Infanta Sofía: un regalo sorpresa y un dulce muy especial
La princesa Leonor, por su parte, habría compartido mesa con Patti Smith, icono del punk, y con el historiador Timothy Garton Ash

Libros de Amazon España más vendidos para comprar este día
Estas obras disponibles en Amazon están causando revuelo en la comunidad lectora de España



