Ni la desigualdad ni la inmigración explican el extremismo: el mejor predictor de la radicalización está en el enfrentamiento entre partidos políticos

Tras analizar casi cuatro décadas de datos, los investigadores de Funcas concluyen que la polarización se ha disparado desde 2002 y que es más frecuente entre hombres, votantes de derechas y personas muy religiosas

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Estatua de Franco
Varios manifestantes portan simbología franquista y realizan un saludo fascista en una protesta en Madrid. (REUTERS/Susana Vera )

Durante años, el aumento de la polarización política se ha atribuido al deterioro de las condiciones económicas y sociales. La desigualdad, el desempleo, la pérdida de poder adquisitivo o incluso la inmigración han sido señalados para justificar el auge de las posiciones extremas. Sin embargo, un estudio publicado en el número 43 de Panorama Social, la revista de ciencias sociales de Funcas, concluye que esta explicación tan habitual no resiste al análisis estadístico y ninguna de esas variables explica la radicalización ideológica de los españoles. Tras analizar casi cuatro décadas de datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los autores sostienen que el principal motor del extremismo no es económico, sino político: la percepción de que los partidos están cada vez más alejados entre sí.

La investigación concluye que ninguno de esos factores económicos o sociales tiene un peso estadísticamente relevante a la hora de predecir la tendencia de una persona a situarse en posiciones más extremas. El factor que realmente impulsa la radicalización es político: la percepción de que los partidos están cada vez más alejados entre sí desde el punto de vista ideológico.

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El trabajo, firmado por Mariano Torcal, de la Universitat Pompeu Fabra, y Emily Carty, de la Universidad de Salamanca, analiza información de más de 70.000 personas recopilada entre 1987 y 2024. Los autores pusieron a prueba el efecto de variables como la desigualdad (medida mediante el índice de Gini), el gasto social, la renta per cápita, el desempleo y el porcentaje de inmigración. El resultado fue claro: ninguna de ellas ofrece una relación consistente con el aumento del extremismo. Solo el gasto social muestra un efecto muy limitado en uno de los modelos estadísticos, pero desaparece cuando el análisis incorpora otros factores.

En cambio, la percepción ciudadana de la distancia ideológica entre los partidos sí aparece como un predictor sólido. Su coeficiente alcanza el 0,413 y apenas varía aunque se añadan nuevas variables al modelo. En la práctica, esto significa que por cada punto que aumenta la percepción de que los partidos están más enfrentados ideológicamente, el extremismo individual crece 0,413 puntos, un efecto muy superior al de cualquier otro factor analizado.

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Los autores relacionan este fenómeno con el denominado partisan sorting, un proceso descrito por la literatura científica según el cual, cuando los partidos endurecen su confrontación y marcan más sus diferencias, muchos ciudadanos terminan desplazando también sus propias posiciones hacia los extremos.

Hombre, de derechas y religioso: el perfil con mayor tendencia al extremismo

Entre las características individuales, la posición ideológica previa es el segundo factor con mayor capacidad para predecir el extremismo, con un coeficiente de 0,119. Los datos muestran que los ciudadanos situados en la derecha son quienes más se han desplazado hacia posiciones extremas durante el periodo analizado. La práctica religiosa intensa, medida como la asistencia a misa varias veces por semana, también aparece como un predictor importante, con un coeficiente de 0,396.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha acusado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de gobernar contra la voluntad del Congreso tras la moción aprobada con PP, Vox, Junts, CC y UPN que reclama una moción de confianza: "Eso no es democrático, es propio de un caudillismo que en España no se veía desde hace 50 años". (Fuente: Imágenes Satélite PP)

El estudio detecta además importantes diferencias por género. Las mujeres presentan de forma sistemática niveles de extremismo inferiores a los de los hombres, con coeficientes que oscilan entre -0,078 y -0,094 según el modelo empleado. En cambio, el nivel educativo no ofrece un patrón claro. La educación secundaria superior muestra un efecto positivo en algunos análisis, pero los estudios universitarios no alcanzan una significación estadística relevante cuando se tienen en cuenta el resto de variables.

Otro de los resultados rompe con una idea bastante extendida. Una mayor fragmentación del sistema de partidos se asocia con un menor extremismo ciudadano. Los autores plantean que los sistemas multipartidistas permiten canalizar mejor la diversidad de preferencias políticas sin que los votantes tengan que desplazarse hacia posiciones más radicales. Por el contrario, los sistemas más bipolares favorecen una mayor presión hacia la polarización.

El extremismo aumenta cuando el PP está en la oposición y se disparó con Sánchez

Los dos indicadores elaborados por Torcal y Carty, el índice de extremismo ideológico individual y el de polarización bipolar agregada, muestran una tendencia creciente desde 2002. El punto de inflexión se sitúa con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al Gobierno en 2004, en un contexto marcado por los atentados del 11-M y la reacción política que siguió a su inesperada victoria electoral. La tendencia continúa durante los gobiernos de Mariano Rajoy y alcanza sus niveles más altos durante los mandatos de Pedro Sánchez.

Los actores Manolo Solo y Sonia Almarcha, protagonistas de "A la cara", comparten sus experiencias con el odio en redes sociales y en la vida real. Mientras Manolo narra una agresión física que sufrió, ambos analizan el aumento de la polarización en la sociedad.

Los investigadores destacan además que el extremismo aumenta especialmente cuando el Partido Popular ocupa la oposición. A ello se suma la aparición de Podemos y Vox, que ampliaron el abanico ideológico tanto por la izquierda como por la derecha y ofrecieron a los votantes referencias políticas situadas en posiciones más extremas.

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