Lo que el inquilino puede cambiar sin problemas de su piso de alquiler y lo que le supone la fianza: desde pintar paredes hasta colgar cuadros sin taladro

La Ley de Arrendamientos Urbanos no prohíbe expresamente pintar las paredes, pero cambiar el color sin avisar al propietario puede acabar en descuentos sobre la fianza al término del contrato

Guardar
Google icon
Los apartados que conviene revisar antes de pintar un piso de alquiler son las cláusulas sobre obras o modificaciones. (Canva)
Los apartados que conviene revisar antes de pintar un piso de alquiler son las cláusulas sobre obras o modificaciones. (Canva)

Colgar cuadros, pintar paredes, reorganizar los muebles o incluso cambiarlos. Estos son algunos de los cambios que un inquilino suele hacer al entrar a una nueva vivienda para hacerla un poco más suya. Pero, ¿hasta dónde pueden llegar esos cambios sin tener problemas con el propietario y sin arriesgar la fianza? Todo depende del contrato firmado, del tipo de modificación y del estado en que se entregue la vivienda al finalizar el contrato de arrendamiento.

Para contestar a la pregunta, hay que revisar la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), que establece que determinadas modificaciones de la vivienda exigen tener el consentimiento explícito del propietario. Por ejemplo, pintar las paredes se considera una alteración del aspecto del inmueble, y, para poder hacerlo, es necesario tener una conversación previa con el arrendador, una recomendación prácticamente obligada.

PUBLICIDAD

No todos los cambios son iguales

Tal y como indica la plataforma inmobiliaria Fotocasa, dentro de la cuestión de la pintura, hay que distinguir tres situaciones con consecuencias muy distintas al final del contrato. La primera, y la que menos fricciones genera, es repintar las paredes con el mismo color para renovar un acabado deteriorado por el paso del tiempo. En este caso, el propietario difícilmente pondrá objeciones, ya que el resultado contribuye a mantener la vivienda en buen estado. Aun así, avisar previamente y dejar constancia por escrito si el contrato incluye cláusula sobre modificaciones es la forma más segura de proceder.

Pero una situación distinta sería cambiar el color. Aquí la autorización del arrendador pasa a ser imprescindible. Transformar un salón con un tono muy oscuro o decorar un dormitorio con colores llamativos puede obligar al inquilino, al finalizar el arrendamiento, a devolver las paredes a su estado original si así lo exige el propietario o si así quedó pactado. Sin ese acuerdo previo y por escrito, el coste de repintar podría descontarse de la fianza.

PUBLICIDAD

El actor Enric Auquer comparte una contundente opinión sobre el mercado de la vivienda. Sostiene que quienes poseen múltiples propiedades y viven del alquiler se benefician directamente del esfuerzo de los trabajadores, perpetuando un ciclo de desigualdad.

Y la última engloba acabados más elaborados, como murales, papeles pintados o pinturas decorativas permanentes. Son las modificaciones que más conflictos pueden generar y las que requieren una autorización más explícita, dado que revertirlas puede resultar más caro o complejo.

Qué dice el contrato y qué dice la ley

Antes de comprar un bote de pintura, la primera parada debe ser el contrato de arrendamiento. Muchos incluyen cláusulas específicas sobre pequeñas reformas o alteraciones estéticas. Algunas permiten expresamente pintar, otras exigen autorización previa y otras simplemente indican que la vivienda debe devolverse en el mismo estado en que se entregó, salvo el desgaste propio del uso ordinario.

Los apartados que conviene revisar con más atención son las cláusulas sobre obras o modificaciones, las condiciones de devolución de la vivienda, el régimen de la fianza y el inventario del estado inicial del inmueble. Si el contrato no dice nada al respecto, lo mejor es comunicar el cambio al propietario antes de llevarlo a cabo.

El desgaste normal no es un daño

La LAU y la jurisprudencia distinguen entre el deterioro derivado del uso habitual de la vivienda y los daños causados por una actuación voluntaria del inquilino. Unas paredes con pequeñas marcas o roces acumulados durante años de uso normal no pueden cobrarse a la persona que vive en la casa.

Pintar pared / Freepik
Pintar pared / Freepik

Aunque pintar sin autorización no implica perder automáticamente ese dinero, sí puede abrir un conflicto al final del contrato. El arrendador solo podrá descontar de la fianza los gastos que pueda acreditar documentalmente y que estén directamente vinculados a la reposición del estado original del inmueble. Si hay desacuerdo entre las partes, habría que valorar si el cambio constituye un daño indemnizable o un simple desgaste.

Para evitar llegar a este punto, además de comunicar la intención de pintar al propietario, también es importante solicitar la autorización por escrito cuando se vaya a cambiar el color, y conservar fotografías del estado de la vivienda tanto en el momento de la entrada como en el de la salida.

Qué cambios sí están permitidos sin complicaciones

Más allá de la pintura, existe un amplio margen para personalizar un piso de alquiler sin realizar modificaciones permanentes y sin poner en riesgo la devolución de la fianza. Las opciones más habituales incluyen el uso de sistemas adhesivos para colgar cuadros sin perforar la pared, la incorporación de alfombras, textiles y cortinas para transformar el ambiente, la sustitución de lámparas (guardando las originales para reinstalarlas al marcharse), la decoración con plantas y mobiliario auxiliar o la colocación de papel pintado que pueda retirarse sin dejar rastro.

Son otras alternativas que permiten adaptar el espacio a los gustos propios sin necesidad de negociar con el arrendador ni asumir el riesgo de perder la fianza.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD