Silvia Severino, psicóloga: “Esto es apego ansioso y se forma cuando en la infancia el afecto era inestable”

Revisar el móvil una y otra vez o anticipar escenarios negativos ante el silencio de otra persona responde, en muchos casos, a mecanismos adquiridos desde la niñez

Guardar
Google icon
Algunas conductas como revisar constantemente el móvil o las conversaciones pueden deberse al apego ansioso. (Freepik)
Algunas conductas como revisar constantemente el móvil o las conversaciones pueden deberse al apego ansioso. (Freepik)

Ciertos comportamientos cotidianos solemos interpretarlos como simples rasgos de la personalidad de una persona, como la impaciencia, la necesidad de recibir respuestas rápidas o la tendencia a preocuparse en exceso por lo que piensan los demás. Sin embargo, la psicología lleva años señalando que muchas de estas conductas tienen un origen más complejo y están relacionadas con experiencias aprendidas durante la infancia.

La manera en la que nos vinculamos con otras personas, especialmente en las relaciones afectivas, no surge de la nada. Las primeras experiencias de cuidado y afecto influyen en cómo gestionamos la cercanía, la distancia o la incertidumbre cuando somos adultos. Por eso, algunas reacciones que parecen exageradas pueden ser, en realidad, la manifestación de mecanismos emocionales que se desarrollaron hace mucho tiempo.

PUBLICIDAD

Una de las situaciones más habituales ocurre frente a la pantalla del móvil. Revisar el teléfono varias veces seguidas, releer conversaciones o sentir inquietud cuando una respuesta tarda en llegar son conductas en muchas ocasiones frecuentes. La psicóloga Silvia Severino (@silviaseverinopsico en TikTok) explica que detrás de estos comportamientos puede encontrarse lo que en psicología se conoce como apego ansioso.

El apego ansioso puede identificarse a través de ciertas conductas de confirmación o relacionadas con el miedo al abandono. (Freepik)
El apego ansioso puede identificarse a través de ciertas conductas de confirmación o relacionadas con el miedo al abandono. (Freepik)

“Revisas el teléfono aunque acabas de hacerlo. Relees los mensajes para asegurarte de que no dijiste nada malo. Y cuando tardan en responder, ya construyes diez versiones de lo que puede estar pasando y ninguna es válida”, señala la experta para describir una dinámica que muchas personas reconocen en su día a día.

PUBLICIDAD

Según Severino, este patrón no responde únicamente a una preocupación puntual por una relación concreta. “En psicología lo llamamos apego ansioso y se forma cuando en la infancia el afecto era inestable. Había días en los que estaba y otros en los que no”, explica.

Consejos para evitar estas conductas

La teoría del apego sostiene que los niños desarrollan expectativas sobre las relaciones a partir de las respuestas que reciben de sus figuras de referencia. Cuando el cariño o la atención son impredecibles, el menor puede aprender a mantenerse en alerta constante para no perder esa conexión emocional. “Y cuando un niño no sabe cuándo va a recibir cariño, aprende a buscarlo sin parar”, afirma la psicóloga.

Quienes crecieron con vínculos inestables pueden experimentar apego ansioso cuando son adultos. (Freepik)
Quienes crecieron con vínculos inestables pueden experimentar apego ansioso cuando son adultos. (Freepik)

Esa búsqueda de seguridad puede trasladarse a la vida adulta y hacerse visible en las relaciones sentimentales, de amistad o incluso familiares. El teléfono móvil, convertido en una herramienta de comunicación permanente, facilita que la necesidad de confirmación encuentre una vía inmediata de expresión.

Los especialistas señalan que revisar mensajes, llamadas o la actividad en redes sociales proporciona una sensación temporal de alivio. La persona busca señales que le permitan confirmar que la relación sigue estable o que no existe ningún problema. Sin embargo, ese alivio suele durar poco tiempo y el impulso reaparece.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

“Creces con eso dentro y en cada relación aparece lo mismo: el miedo a que se cansen, a que encuentren algo mejor y a que un día simplemente dejen de estar”, indica Severino. La consecuencia es una vigilancia constante de cualquier señal que pueda interpretarse como rechazo o distanciamiento.

Para reducir este hábito, los expertos recomiendan identificar primero qué emoción lo desencadena. En algunos casos se trata de miedo, en otros de soledad o de una simple costumbre adquirida. También puede ser útil establecer tiempos de espera antes de volver a consultar el teléfono, desactivar notificaciones innecesarias o sustituir la comprobación compulsiva por otras actividades breves, como caminar, escribir lo que se siente o realizar ejercicios de respiración.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD