Caminar rápido o durante mucho tiempo: este es el mejor método para personas mayores de 60 años

Ambas opciones ofrecen beneficios distintos, pero la clave está en cómo incluirlas en tu rutina

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Los beneficios de caminar lento o rápido
Persona andando. (Magnific)

Hacer ejercicio es una de las formas más efectivas de mejorar la salud física y mental. Es, sin duda, uno de los pilares fundamentales para mantener un estilo de vida saludable, pero cobra especial importancia cuando se pasa el umbral de los 60 años.

Una de las actividades que más recomiendan los expertos es caminar, ya que se trata de un ejercicio de bajo impacto, muy poco lesivo para las articulaciones y fácil de adaptar a cualquier nivel de condición física. Además, no requiere equipamiento específico y puede integrarse a cualquier rutina.

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Andar de forma regular ayuda a mejorar la circulación, fortalecer el sistema cardiovascular y mantener la movilidad articular. También contribuye a conservar la masa muscular, mejorar el equilibrio y reducir el riesgo de caídas, un aspecto especialmente importante en edades avanzadas.

Sin embargo, muchas personas tienen dudas de cómo llevarla a cabo. Algunos piensan que es mejor darle prioridad a la intensidad, mientras que otros creen que es preferible hacerlo durante más tiempo.

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Andar rápido o andar más tiempo: qué es mejor a partir de los 60

La diferencia entre ambas opciones no solo está en la intensidad, sino también en el tipo de estímulo que recibe el organismo. Caminar rápido activa de forma más directa el sistema cardiovascular, lo que ayuda a mejorar la capacidad aeróbica.

Este tipo de esfuerzo, aunque moderado, genera una ligera activación metabólica que puede ser especialmente útil para controlar factores de riesgo asociados a la edad, como la hipertensión o la resistencia a la insulina.

Por otro lado, los paseos más largos a ritmo constante ofrecen un enfoque más sostenido, ideal para quienes buscan mantener la actividad sin someter al cuerpo a picos de esfuerzo. Este tipo de caminata permite trabajar la resistencia de forma progresiva y, al mismo tiempo, reduce el impacto sobre las articulaciones, algo clave en personas mayores de 60 años donde la sensibilidad articular puede aumentar.

Además, la duración prolongada del ejercicio tiene un efecto importante a nivel psicológico. Pasar más tiempo caminando, especialmente en entornos naturales o tranquilos, contribuye a reducir el estrés y favorece la desconexión mental, lo que repercute positivamente en el bienestar general. Este beneficio, aunque menos visible que el cardiovascular, es igualmente relevante para la salud en edades avanzadas.

Por ello, más que elegir entre velocidad o duración, la estrategia más eficaz suele ser la combinación de ambas. Alternar días de caminata más rápida con otros de paseos largos permite estimular diferentes sistemas del cuerpo y evita la monotonía.

Otros factores a tener en cuenta

Más allá de la intensidad o la duración del paseo, existen otros aspectos clave a considerar a partir de los 60 años. La regularidad es fundamental, ya que caminar de forma constante aporta más beneficios que hacerlo de manera puntual.

También es importante elegir un calzado adecuado, con buena amortiguación y sujeción, para proteger las articulaciones. El terreno debe ser seguro y estable, evitando superficies irregulares. A esto se suma la hidratación, la postura corporal durante la marcha y las condiciones climáticas, que influyen directamente en el rendimiento y la comodidad del ejercicio diario.

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