
La televisión es uno de los formatos más estables del entretenimiento audiovisual. Sin embargo, entre sus platós y focos, la reinvenciones se desarrollán poco a poco en la sombra y a lo largo de los años vuelven a resurgir personajes que, por causas personales o profesionales, decidieron apartar su vida de la pequeña pantalla. Es el caso de Jesulín de Ubrique y María José Campanario.
Después de su consagración como torero en los años 90, el gaditano se convirtió en un icono imprescindible de la prensa rosa. Y la relación con Belén Esteban y su posterior ruptura le valió cientos de titulares y programas sobre su vida y familia. No obstante, su matrimonio con María José Campanario fue poco a poco disipando el traje de luces y las portadas de revista.
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A día de hoy la pareja ha sabido diseñar su propio paso por la televisión y, con contadas apariciones a lo largo de los años, desde la participación de él en El Desafío de Antena 3 en 2022, han pasado a convertirse en personajes constantes. Y es que la odontóloga también comenzó a formar parte del mundo audiovisual y repitió el camino de su marido en el programa de retos de Atresmedia.

Ahora, mientras el exdiestro se enfrenta a las imitaciones de Tu cara me suena, su hija, Julia Janeiro, también ha dado el paso y ha decidido salir del anonimato para probar suerte en La caja amarilla, el nuevo programa de Antena 3 también presentado por Manel Fuentes. Para conocer todos los detalles de los engranajes que poco a poco han ido moviendo los Janeiro Campanario, Infobae ha hablado con Ana Jiménez, experta en marca personal de autoridad.
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“No estamos viendo una vuelta al conflicto ni una reactivación del personaje mediático de hace décadas”, comienza explicando Jiménez, y profundiza: “No están ocupando platós para alimentar polémicas personales ni reconstruir viejas guerras televisivas. Lo que están haciendo es entrar en formatos mucho más amables y estratégicos, donde el foco no está puesto en su intimidad, sino en atributos emocionales muy concretos: naturalidad, cercanía, humor y familiaridad”.
Un cambio de estrategia pública
La familia ha comenzado a mostrarse mucho más cercana con la audiencia. Y, para ello, utilizan espacios de contenido blanco que permiten conocer más a la persona que al personaje. “Programas como Tu cara me suena o El Hormiguero no activan la misma percepción que los formatos de confrontación de hace veinte años. Son espacios diseñados para humanizar perfiles públicos, suavizar narrativas y conectar emocionalmente con el espectador desde otro lugar”, enfatiza la experta.
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En el caso de Jesulín, Jiménez considera que el público ya no lo percibe como un icono del pasado, sino como una figura adaptada al presente: “El espectador ya no está viendo a ‘Jesulín personaje mediático’. Está viendo a una figura conocida que encaja bien en el entretenimiento actual y que sigue transmitiendo algo que muy pocas personas conservan después de tantos años de exposición: sensación de autenticidad”. Y añade una reflexión especialmente reveladora sobre la construcción de su imagen: “El carisma no se recuerda, se confirma. Y cada aparición refuerza una idea muy concreta en la audiencia: ‘sigue siendo cercano’”.
Desde esta perspectiva, el regreso televisivo no erosiona su credibilidad, sino que puede reforzarla. “Bien gestionado, puede actualizar completamente su posicionamiento público. No desde la nostalgia, sino desde la adaptación”, afirma Jiménez. En su opinión, las marcas personales que perduran no son las que permanecen estáticas, sino las que evolucionan sin perder coherencia: “La relación con la exposición pública cambia muchísimo con los años. Muchas figuras necesitan distancia para redefinir sus límites, entender cómo quieren mostrarse y aprender a gestionar la atención desde un lugar más sano y más estratégico. Y eso es algo que el público también percibe”.
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Juls Janeiro llega a la televisión
Uno de los movimientos más comentados dentro de este nuevo ciclo mediático es la incorporación de la hija de la pareja a la pequeña pantalla. Su decisión de abandonar el anonimato ha generado un intenso debate sobre los límites entre privacidad y exposición, ya que ganó una demanda tras cumplir 18 años para seguir siendo considerada persona anónima. Para la experta en marca personal, este paso supone un antes y un después: “La entrada de Julia Janeiro en televisión supone un punto de inflexión clarísimo en su narrativa pública. Pero aquí hay un matiz fundamental: no es lo mismo sufrir la exposición que decidirla”.

Jiménez insiste en que el contexto actual es muy distinto al de décadas anteriores. Hoy, la visibilidad no implica necesariamente una exposición total: “Antes parecía que solo existían dos opciones: desaparecer o entregarlo todo. Hoy existe un modelo mucho más híbrido, donde una persona puede construir presencia pública sin convertir toda su vida en contenido”. En este sentido, destaca que Julia no reaparece desde el conflicto, sino desde un entorno de entretenimiento que suaviza su imagen y le permite construir un relato propio. Y afirma: “La gran diferencia es el control”.
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La audiencia ya no solo se ve influenciada por la información aportada por los medios, ya sean exclusivas o titulares, sino también por una cara mucho más humana de los personajes: “Consume personalidad, narrativa y percepción”. Por ello, considera que este paso puede ayudar a la joven a construir una identidad independiente del apellido familiar, aunque sin desprenderse completamente de él.
“Lo que genera rechazo es parecer artificial y oportunista”
Otra de las cuestiones clave en este tipo de regresos mediáticos es la interpretación del público. ¿Se perciben como autenticidad, estrategia o necesidad? Jiménez lo resume así: “La reacción inmediata suele dividirse entre esas tres interpretaciones. Y la realidad es que normalmente hay un poco de todo”. Sin embargo, matiza que lo esencial no es el motivo del regreso, sino su ejecución: “La pregunta más interesante no es por qué vuelven, sino cómo vuelven”.
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En ese “cómo” reside, según la experta, el éxito o fracaso de estas nuevas etapas. Una exposición coherente, bien medida y alineada con el momento vital del personaje puede fortalecer su imagen, mientras que una aparición desordenada puede generar rechazo. “Lo que genera rechazo no es aparecer, sino parecer artificial, oportunista o desubicado”, afirma.
El caso de Jesulín de Ubrique, en este sentido, resulta especialmente significativo. Su presencia actual en televisión no reactiva directamente su pasado mediático, sino que lo reinterpreta: “No reactiva el pasado. Lo resignifica”. Para Jiménez, el espectador actual no se queda anclado en la memoria, sino que evalúa la percepción presente. “Ya no estamos viendo al gran personaje mediático de los 90. Estamos viendo a alguien que ha entendido cómo adaptarse al nuevo lenguaje televisivo sin perder su esencia”, concluye la experta.
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