
La figura de El Gran Wyoming siempre ha estado asociada al humor ácido y la ironía política. Sin embargo, en su entrevista este miércoles en el programa La noche de Aimar, el presentador dejó de lado el tono satírico para hablar de una de las etapas más difíciles de su vida: una infancia marcada por la ausencia emocional, la enfermedad mental de su madre y un entorno familiar atravesado por el silencio.
José Miguel Monzón, nombre real del comunicador madrileño, repasó junto a Aimar Bretos los recuerdos de aquellos años en el barrio de Prosperidad, en Madrid, donde creció en una España muy distinta a la actual. El conductor de El Intermedio describió una niñez en la que los menores vivían de una manera completamente diferente a la actual, en la que la supervisión emocional era muy escasa: “Yo soy verborreico porque vengo de un mundo donde los niños eran libres. Recibían hostias, pero eran libres”.
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El presentador explicó que en aquella época la autonomía infantil era absoluta. “Había niños por todas partes”, comentó antes de añadir que entonces “el tema era que, en vez de que los padres quieran convertir a su único espécimen en un proyecto de vida, antes era al revés. Había que librarse de los niños”. Según relató, apenas existía control parental y los menores pasaban el día entero fuera de casa sin apenas supervisión: “Yo cuando me iba después de comer y llegaba por la noche, me decían: ‘¿Dónde has estado?’ Por ahí. ‘Venga, a cenar’. Ese era el control parental”.
Wyoming confesó que hoy entiende que sufría hiperactividad y déficit de atención, aunque en aquellos años nadie hablaba de diagnósticos. “No estaba diagnosticado de esta cosa que tengo, el déficit de atención e hiperactividad. Puedo estar sin pararme de hablar 24 horas. Me da igual el tema”, explicó.
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Una infancia alejado de su madre
Sin embargo, el momento más delicado de la conversación llegó al hablar de su madre. El presentador reconoció que la ausencia emocional de ella fue la herida que más marcó su infancia. Su madre padecía una fuerte depresión que la obligaba a ingresar durante largas temporadas en centros psiquiátricos, una situación que en aquella época se ocultaba casi como un secreto familiar.
“Lo que más me ha marcado es mi madre ausente. La figura de la madre en la crianza es fundamental. Eso se nota mucho en el afecto físico”, admitió con sinceridad. Wyoming explicó que en su hogar apenas existían muestras de cariño. “Mi padre no me daba abrazos. No estaba en nuestra naturaleza”, añadió, reflejando la rigidez emocional que predominaba en muchas familias españolas de aquellos años.
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La situación se agravaba por el estigma social que rodeaba a las enfermedades mentales. Su madre era farmacéutica y la familia dependía económicamente del negocio que ella gestionaba. “Si a mi madre la incapacitaban, perdíamos la farmacia”, explicó durante la entrevista. Por eso, tanto él como sus hermanos crecieron ocultando la realidad ante vecinos y conocidos. “Mi padre tenía que continuar con su vida laboral y tenía cuatro hijos. No sabía qué hacer con aquello”, reconoció.
“Cuando me preguntaban cómo estaba o dónde estaba, tenía que decir: ‘Bien, en casa’. Pues estaba en casa cuando estaba, y cuando no, en un sanatorio”, recordó. Aquella doble vida terminó generando una sensación de silencio permanente dentro de la familia. “Alguien que está loco pierde completamente la consideración social”, reflexionó en el programa de Atresmedia.
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Remedios incapacitantes
El comunicador también habló sin filtros de los tratamientos psiquiátricos que recibió su madre en aquella época, muy agresivos y alejados de los métodos actuales. “La medicaban, la dejaban grogui… la única forma que tenían era el electroshock. A mi madre le cascaron mucho y la dejaron medio tarumba”, afirmó.
Pese a todo, Wyoming dejó claro que siempre admiró profundamente a su madre. “Para mí era un ser extraordinario. Una madre nunca deja de serlo”, aseguró emocionado. Sin embargo, reconoció que la percepción social de la enfermedad mental provocaba que ella viviera prácticamente invisibilizada. “Era un ser clandestino. Como si hubiera cometido un delito y estuviera sepultado”, lamentó.
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