
Aunque la felicidad es una de las metas más perseguidas por todo el mundo, la obsesión por alcanzarla ha generado un discurso en cierta manera peligroso: la idea de que lo normal es permanecer en un estado constante de plenitud y que, de lo contrario, existe un problema.
Esto genera incomodidad cuando aparecen emociones desagradables, pero que son necesarias también en el día a día, como la tristeza o el enfado. Así, no existe una fórmula mágica para alcanzar una vida libre de problemas, sino que el bienestar emocional suele construirse a partir de hábitos cotidianos, pequeñas decisiones y formas de afrontar las circunstancias que ayudan a gestionar mejor las dificultades. Más que una meta fija, se trata de un equilibrio cambiante.
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De esta manera, en ese camino también hay espacio para la tristeza, la frustración o el miedo. Las emociones desagradables forman parte de la experiencia humana y cumplen una función necesaria. Negarlas o demonizarlas puede resultar contraproducente: sentirse mal en determinados momentos no significa fracasar ni ser menos feliz, sino atravesar procesos normales de adaptación emocional.
En este sentido, el médico psiquiatra Javier Quintero (@drjquintero en TikTok) considera que las personas con mayores niveles de bienestar comparten ciertas actitudes comunes. “Las personas más felices no tienen una vida perfecta, pero suelen practicar ciertos hábitos que marcan una notable diferencia en cómo viven el día a día, pequeñas formas de pensar y actuar que les acercan al bienestar”, explica el autor del libro ¿Cómo estás? 21 días para crear el hábito de ser feliz.
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Claves que nos acercan a un mayor bienestar
Según el especialista, uno de los rasgos más importantes es la capacidad para no quedarse atrapado en el resentimiento. Así, las personas más felices “no acumulan resentimiento”, sino que “intentan no quedarse atrapados en el rencor”. Estas “saben perfectamente que guardar resentimiento acaba pasándole más factura a quien lo guarda que a quien lo provoca”, señala el experto.
Para Quintero, permanecer anclado en el enfado prolonga el malestar y condiciona la manera de relacionarse con los demás. “No te daña quien quiere, sino quien puede. Mejor dicho, a quien le das permiso”. La reflexión apunta a la necesidad de evitar que determinadas experiencias ocupen un espacio excesivo en la vida cotidiana.
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Otro de los hábitos que identifica está relacionado con la forma de vincularse con otras personas. “Dan más de lo que reciben. Tienden a aportar un poco más en sus relaciones y en su trabajo. Dan sin esperar nada a cambio”, afirma. Para el experto, este comportamiento no implica sacrificarse constantemente, sino encontrar sentido en la implicación con los demás y en la construcción de relaciones sólidas.
“Esa forma de implicarse fortalece los vínculos y el propósito”, añade. En un contexto social marcado por la inmediatez y por relaciones cada vez más superficiales, Quintero considera que la conexión humana sigue siendo un elemento central del bienestar. “La felicidad está en dar y el placer en obtener”, sostiene.
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La necesidad constante de aprobación externa es otro de los factores que, según el psiquiatra, dificulta alcanzar una mayor estabilidad emocional. “No viven pendientes de lo que opinen los demás. Entienden que la gente va a opinar, hagas lo que hagas”, explica. La comparación continua y la exposición permanente en redes sociales han intensificado esa dependencia de la mirada ajena.
Por ello, las personas más felices “intentan guiarse más por sus propios principios y valores que por la aprobación externa”. La idea no pasa por ignorar completamente a los demás, sino por evitar que las opiniones externas determinen todas las decisiones personales.
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El cuarto hábito tiene que ver con la manera de afrontar los problemas cotidianos. “No convierten todo en un drama. Saben que no todo merece la misma intensidad de preocupación. Hay muchas cosas que simplemente hay que dejarlas pasar”, afirma Quintero.
En una sociedad marcada por el estrés y la sobreestimulación, aprender a relativizar se convierte en una herramienta fundamental. “La felicidad no depende de lo que te pasa, depende de la forma en la que vives lo que te ocurre”.
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