Un agroclimatólogo advierte de las consecuencias de las altas temperaturas de abril: “Es, lamentablemente, algo habitual y actuamos como si nada pasara”

Serge Zaka pone el foco en los problemas que este adelanto del verano provoca en las reservas de agua y los cultivos

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La playa de Valencia, a 26 de abril de 2026. (EFE/ Ana Escobar)
La playa de Valencia, a 26 de abril de 2026. (EFE/ Ana Escobar)

“Nuestros abriles se están volviendo ridículos: 25, 27, 30 grados por aquí y por allá. Es, lamentablemente, algo habitual. Y actuamos como si nada pasara… Con temperaturas 2,5 °C por encima de la media, este abril será uno de los más calurosos desde que se tienen registros. Una y otra vez”. Son las palabras que ha utilizado el agroclimatólogo francés Serge Zaka para hablar de su país, aunque su análisis se puede extrapolar a España.

A través de su cuenta de Instagram (@sergezaka), Zaka advierte sobre las consecuencias del calentamiento global en las reservas de agua y los cultivos: “Esto garantiza una mayor evapotranspiración y la aparición más temprana de sequías en primavera. Además, las plantas se despiertan demasiado pronto y comienzan a recurrir a sus reservas invernales ya en febrero”. Y, aunque habla de Francia, ocurre lo mismo en nuestro país.

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Marzo fue un mes normal en cuanto a temperaturas y precipitaciones, según explica la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Pero, en abril, el mercurio se ha disparado y ha dejado temperaturas prácticamente veraniegas en buena parte del país, con termómetros por encima de los 30 grados. Los meteorólogos como Zaka advierten que nos hemos acostumbrado a ver este nivel del mercurio, pero no es normal. El cambio climático está detrás.

La situación actual contrasta con la década de los setenta, cuando de media se alcanzaban 24,1 récords anuales, frente a los 1,4 computados entre 2011 y 2020. En la década de los ochenta, la media descendió a siete récords al año, y el descenso ha continuado hasta situarse en mínimos históricos. Desde 2016 hasta 2025 solo se han anotado siete récords de días fríos, mientras que el periodo teórico esperado sin cambio climático era de casi cinco marcas anuales. Lo destaca un artículo de blogAemet en el que se analizan las cifras desde que hay registros.

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Regiones con olas de calor extremo inexplicable proliferan en el mundo.

El ascenso término no cesa

Durante los tres últimos años, los termómetros han superado con frecuencia los treinta grados en primavera y los episodios de calor han batido cien nuevas marcas entre 2023 y 2025: cuarenta y cuatro en 2023, treinta y una en 2024 y veinticinco en 2025. En comparación, solo se han producido dos récords de días fríos en el mismo periodo. Entre 2016 y 2025, el desequilibrio es aún más acusado: se han contabilizado 220 récords asociados al calor frente a tan solo siete de frío, lo que significa que los récords de días cálidos han sido unas treinta veces más frecuentes que los de frío.

Este patrón también se refleja a escala mundial. Una revisión recogida en 2025 en Nature Reviews Earth and Environment documenta que, para el periodo 2014-2023, la probabilidad global de que se bata un récord de frío representa solo entre un 20% y un 40% de la esperada en un clima sin alteraciones. En cambio, los récords de calor a nivel mundial son entre 3 y 3,5 veces más probables en la actualidad, y se estima que para 2040, en un escenario de emisiones medias, los récords cálidos sean doce veces más habituales que los de frío.

El mismo análisis publicado el blog del organismo público advierte de otra consecuencia añadida: las temperaturas mínimas invernales también se han incrementado de forma clara. Según la Aemet, entre 1961 y 2018 las temperaturas en España han subido aproximadamente 0,2 °C por década. Desde 2016 hasta 2025, la anomalía media de las temperaturas mínimas en invierno ha sido de 0,66 °C, superior a la anomalía de 0,1 °C registrada en la década anterior, lo que refleja un cambio acelerado. En este periodo, todos los inviernos han presentado temperaturas por encima del promedio habitual, con años como 2019 y 2023 especialmente destacados por anomalías de 1,7 °C respecto al periodo 1991-2020.

La caída del número de récords de frío ha sido especialmente significativa desde los años setenta, pasando de 24,1 registros anuales entre 1971 y 1980, a tan solo 1,4 al año durante la década 2011-2020. Es más, en los últimos tres años, deberían haberse producido veinte nuevos récords de frío, mientras que la realidad muestra únicamente dos registros, un descenso sin precedentes. Por su parte, la proporción de récords de calor frente a los de frío —treinta veces superior durante la última década— se ha convertido en una de las evidencias más sólidas del impacto del cambio climático en el clima peninsular. Con este escenario, España y todo el planeta se acerca de forma lenta pero constante a el escenario que dibuja Zaka.

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