El olor a césped recién cortado es un grito de alerta para las plantas

Lo que para muchos representa un recuerdo de infancia y tardes soleadas es, en realidad, una respuesta de emergencia vegetal: el césped cortado libera moléculas que alertan a otras plantas e insectos sobre un peligro inminente

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El olor a césped recién cortado es un grito de auxilio para las plantas (Imagen con Inteligencia Artificial)
El olor a césped recién cortado es un grito de auxilio para las plantas (Imagen con Inteligencia Artificial)

El olor a césped recién cortado siempre recuerda al verano. En realidad, y no por arruinar la nostalgia de nadie, este aroma tiene que ver con un mecanismo de defensa vegetal. Es, de acuerdo con lo publicado en la revista científica Geopop, la respuesta de la planta a su propia destrucción, un equivalente a un grito de alerta químico.

Cuando sufren daños, las plantas liberan una serie de moléculas conocidas como compuestos volátiles de hoja verde, o GLV (por las siglas en inglés de Green Leaf Volatiles). Estas sustancias - compuestos de seis carbonos (C6), entre los que se incluyen alcoholes, aldehídos y ésteres que son liberados por todas las plantas - entre las que destaca el cis-3-hexenal, son responsables de ese olor tan característico.

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El olor a verano, un grito de alerta químico

En el momento en que la maquinaria de jardinería corta la hierba, se activa este proceso. Las grasas presentes de manera natural en las hojas se transforman en moléculas volátiles mediante la acción de enzimas. El resultado es una señal química que se dispersa rápidamente por el ambiente y alcanza su mayor concentración inmediatamente después del corte, para ir disminuyendo conforme las superficies se van secando.

Estos compuestos no solo generan un aroma agradable, sino que cumplen una función biológica relevante. Al liberarse, actúan como un aviso para otras plantas cercanas, que los captan a través de los estomas, esos pequeños poros de las hojas que regulan el intercambio de gases. Al detectar estas señales, las plantas inician respuestas defensivas para protegerse de posibles amenazas, como el ataque de herbívoros. La reacción depende directamente de la capacidad de percibir estas moléculas, como demuestran experimentos en los que las plantas con estomas cerrados artificialmente no muestran respuesta ante la presencia de GLV.

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Áreas extensas de césped seco contrastan con zonas aún verdes en un parque de la ciudad, reflejando el impacto desigual de la sequía en los ecosistemas urbanos.
Áreas extensas de césped seco contrastan con zonas aún verdes en un parque de la ciudad, reflejando el impacto desigual de la sequía en los ecosistemas urbanos.

La función de estos compuestos no termina ahí. Además de avisar a otras plantas, los GLV atraen insectos depredadores que se alimentan de los herbívoros responsables del daño. Así, la planta consigue una especie de “ayuda extra” en su defensa mediante una colaboración indirecta con otros organismos del entorno.

La comunicación entre plantas no se limita a la emisión de compuestos volátiles por el aire. Bajo tierra, una red de intercambio de información (conocida como “Wood Wide Web”, un World Wide Web - internet - vegetal) aprovecha el micelio de los hongos. A través de esta red, circulan señales químicas y eléctricas que permiten a las plantas transmitir avisos y adaptarse de forma colectiva a los cambios en su entorno. Esta capacidad de reacción y comunicación subterránea explica en parte la resiliencia de los ecosistemas vegetales y su adaptación a situaciones adversas.

El que este olor resulte agradable para el ser humano no tiene una explicación única. Algunos estudios en primates han observado que los compuestos presentes en este aroma pueden tener un efecto calmante y aumentar el flujo sanguíneo en áreas cerebrales relacionadas con el olfato. Más allá de la biología, se suma un componente emocional, ya que el olor suele evocar recuerdos asociados al verano.

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