
¿Quién no ha escuchado decir “es que sobrepienso mucho”? La expresión se ha vuelto cada vez más habitual para describir esa sensación de dar vueltas a lo mismo una y otra vez, de quedarse atrapado en los pensamientos y de no conseguir avanzar con claridad en la toma de decisiones. Este concepto trata de explicar el malestar cotidiano relacionado con la ansiedad, la inseguridad y la dificultad para gestionar la incertidumbre.
La psicóloga Alba Guijarro ha abordado este fenómeno en un vídeo en el que trata de explicar de forma sencilla qué ocurre cuando una persona entra en bucle de pensamientos. Según señala, una de las claves está en entender que el sobrepensamiento no es una herramienta eficaz de resolución de problemas, sino un intento fallido de control emocional a través de la mente.
“Si sobrepiensas todo, estás utilizando el pensamiento para resolver algo que no se resuelve pensando”, explica. En su planteamiento, muchas personas recurren a pensar de manera constante como una forma de sentirse más seguras, anticiparse a errores o evitar tomar decisiones equivocadas. Sin embargo, ese mecanismo termina generando el efecto contrario.

“En lugar de calmarte, te activas más. Y esto es una trampa de pensamiento. Piensas más, entras en bucle”, añade la psicóloga. Este bucle, según describe, no solo no aporta claridad, sino que intensifica la sensación de duda y activación mental.
Guijarro utiliza una metáfora para explicar este proceso: “Es como intentar atrapar a un gato. Cuanto más vas detrás, más se escapa. Más lo persigues, más nervioso se pone y es más difícil cogerlo”. Con esta imagen, busca ilustrar cómo la mente, cuando es perseguida con intención de controlarla en exceso, se vuelve más inestable y difícil de gestionar.
Cuando pensar se convierte en bucle
“Llega un punto en el que ya no estás pensando para entender, sino porque no puedes parar”, señala. Este cambio de dinámica convierte el pensamiento en algo automático, repetitivo y poco funcional. La búsqueda constante de la decisión ideal se convierte en el motor del problema. “Cuanto más intentas buscar la respuesta perfecta, cuanto más analizas, revisas, controlas, más se activa todo y más dudas aparecen”, afirma Guijarro.
En este estado, la mente no encuentra descanso y cada nueva reflexión alimenta la incertidumbre en lugar de resolverla. El resultado suele ser una sensación de bloqueo, indecisión y agotamiento mental. “Así que la salida de esto no es pensar mejor, es dejar de perseguir esa respuesta perfecta todo el rato”, explica.

En su enfoque, una parte importante del proceso consiste en aceptar que no siempre es posible tener certezas absolutas antes de actuar. La necesidad de control total sobre las decisiones puede convertirse en una barrera que impide avanzar.
“Y que no se te olvide que te puedes equivocar, no pasa nada”, recuerda. Esta idea introduce el error como una parte natural del proceso de aprendizaje y decisión, en contraste con la exigencia de perfección que alimenta el sobrepensamiento.
Guijarro resume su planteamiento en una idea central: “Recuerda que salir del sobrepensar no es encontrar la respuesta perfecta, sino dejar de necesitarla para actuar”.
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