
España atraviesa una creciente brecha entre el coste de la vida y los ingresos de los trabajadores. Así lo denuncia la Unión Sindical Obrera (USO), que advierte de que los precios han subido muy por encima de los salarios en los últimos años, generando una situación “asfixiante” para miles de familias.
Según un informe elaborado por la consultora Syndex para el sindicato, el Índice de Precios al Consumo (IPC) creció un 18,4% entre 2021 y 2025, mientras que los salarios apenas aumentaron un 17,3%. La diferencia es aún más acusada en productos básicos como la alimentación, que se encareció un 45,3% en ese mismo periodo.
Este desfase ha provocado una pérdida de poder adquisitivo, especialmente entre los colectivos más vulnerables, que dedican cada vez más recursos a cubrir necesidades esenciales.
Una brecha que no deja de crecer
Si se amplía la perspectiva, los datos reflejan que desde 2008 hasta 2025, los salarios han subido un 31,6%, por debajo del aumento de la inflación (37,1%) y muy lejos del encarecimiento de los alimentos, que se han disparado un 54,3%.
El impacto de esta evolución se deja notar con fuerza en los hogares con menos ingresos. Según el informe, el 20% más pobre destina ya el 60% de su presupuesto a vivienda, suministros y alimentación, frente al 40% que dedican los hogares con mayores rentas. Esta diferencia refleja una creciente desigualdad económica y una menor capacidad de ahorro para amplias capas de la población.
Desde USO advierten de que el problema se ha agravado especialmente entre 2021 y 2025, coincidiendo con el repunte inflacionario tras la pandemia. Para quienes se incorporaron al mercado laboral en esos años, el coste de la vida resulta especialmente difícil de asumir. “El gasto básico se ha disparado y no deja margen”, denuncian desde el sindicato.
En este contexto, el secretario general de USO, Joaquín Pérez, advierte de que “las máquinas nos están sustituyendo y, al mismo tiempo, se trata a las personas también como máquinas: que no tienen necesidades, que no merecen ocio, que sólo, de nuevo, viven para trabajar”, según recoge Europa Press.
Inflación acumulada y presión constante
Desde USO subrayan que la inflación no ha sido homogénea en el tiempo. “Incluso fijándonos únicamente en el IPC general, la asfixia de los hogares es clara, ya que ha sido desigual en el tiempo. Los precios han subido de forma contenida hasta 2021, pero la mitad de esa inflación acumulada desde 2008 se concentra en los últimos cinco años. Y estamos a las puertas de otro periodo hiperinflacionario”, señaló Pérez.
Además, muchas de las subidas más intensas se produjeron en 2022, con picos superiores al 10% en algunos momentos. Aunque posteriormente la inflación se ha moderado, lo hace sobre una base de precios ya elevada. Esto significa, según USO, que el coste de la vida sigue siendo alto y que la presión sobre los hogares no ha desaparecido.
Menos margen para vivir
El aumento del gasto no se traduce en una mejora de las condiciones materiales de vida, sino una “alteración sobrevenida de los patrones de consumo”, según el informe. Sus autores estiman que el gasto medio por hogar alcanzó los 26.510 euros en 2024, un 18,7% más que en 2016, pero este incremento responde a un cambio forzado en los patrones de consumo.
Las familias destinan ahora más recursos a alimentación, vivienda y suministros, mientras reducen partidas como ropa, ocio o equipamiento del hogar. En otras palabras, gastan más, pero viven peor, reconoce Joaquín Pérez: “Hoy se vive peor que hace dos décadas y peor que hace cinco años”, sostiene y alerta de una pérdida generalizada de calidad de vida.
El impacto de esta situación es especialmente duro en los hogares con menos ingresos y en aquellos formados por una sola persona. En estos casos, los gastos fijos representan una carga mucho mayor. En la última década, el gasto de los hogares unipersonales ha aumentado más de un 24%, y cerca de un 27% si hay menores a cargo. La imposibilidad de repartir costes agrava la presión económica.
Desde el sindicato denuncian que vivir solo se ha convertido en un factor de riesgo económico, cuestionando incluso el acceso a derechos básicos como la vivienda o el ocio.

La vivienda, el principal factor de desigualdad
Uno de los factores que más contribuye a esta situación es el encarecimiento de la vivienda. Según el informe, el precio del metro cuadrado ha pasado de 8 euros en 2008 a cerca de 15 euros en 2026, lo que supone un aumento de más del 80%. Si se analiza el periodo más reciente, entre 2015 y 2025, el incremento roza el 99%, con un fuerte impacto tanto en el alquiler como en la compraventa.
Para USO, la vivienda se ha convertido en el principal factor de desigualdad y en un obstáculo creciente para acceder a una vida digna, especialmente entre jóvenes y personas sin propiedad.
Ante este escenario, USO ha anunciado movilizaciones con motivo del Día Internacional del Trabajo. El sindicato volverá a celebrar su acto central en Madrid, con una manifestación que recorrerá el centro de la ciudad.
La protesta partirá desde la zona de Delicias y finalizará en la plaza de Las Cortes, donde se espera la participación de miles de personas procedentes de distintas comunidades autónomas. El objetivo, según ha explicado Sara García, es reivindicar la “humanización del empleo” y denunciar una situación económica que, a juicio del sindicato, está deteriorando las condiciones de vida de la mayoría social.
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