Ni nadar ni correr: los cinco hábitos para mantenerte en forma hasta con 80 años

La constancia, la adaptación y la vida social, claves en las rutinas de la Abuela de Hierro para una vejez activa

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Adaptar el ejercicio a las capacidades personales fomenta la motivación y reduce el riesgo de lesiones
La constancia en hábitos sencillos puede marcar la diferencia en la salud física tras los 80 años (Freepik)

Mantenerse en forma después de los 80 años sin necesidad de correr ni nadar es posible, según demuestra la experiencia de Eddie Brocklesby, conocida internacionalmente como la Abuela de Hierro. Su historia y sus hábitos, difundidos por Men’s Health Italia, ofrecen un modelo realista y accesible para quienes buscan longevidad saludable a través de rutinas adaptadas y sostenibles.

Brocklesby, deportista británica y fundadora de la organización benéfica Silverfit, es ejemplo de vitalidad a edades avanzadas. Aunque en su trayectoria incursionó en disciplinas como el triatlón, sostiene que la clave para un envejecimiento saludable está en la constancia y en la adaptación de los hábitos.

En sus declaraciones, recalca que no es imprescindible recurrir al running ni a la natación para conservar la fuerza y la autonomía física en la vejez. Según ella, cinco hábitos marcan la diferencia y están al alcance de cualquier persona, sin importar su experiencia deportiva.

Flexibilidad, caminatas y fuerza diaria

El primer hábito es la flexibilidad y la escucha activa del propio cuerpo. Brocklesby afirma que ajusta siempre el esfuerzo a sus capacidades y al estado físico de cada momento. Tras sufrir una caída reciente, subraya que la flexibilidad física y mental resulta clave para adaptarse a los cambios y continuar con una vida activa. Esta actitud de adaptación le ha permitido superar obstáculos y mantener la motivación, incluso en procesos de recuperación.

El segundo hábito es caminar de manera regular, práctica que prioriza especialmente después de lesiones en las rodillas. Brocklesby destaca que la caminata diaria ayuda a entrenar sin exponer las articulaciones a impactos intensos. Considera que caminar es una opción accesible para la mayoría de las personas mayores, ya que no requiere equipamiento ni instalaciones especiales, y puede realizarse en cualquier entorno.

Brocklesby fundó Silverfit para impulsar la actividad física y la vida social entre adultos mayores
Eddie Brocklesby, la Abuela de Hierro, promueve hábitos accesibles para una vejez activa y saludable (@UKCoaching)

El entrenamiento de fuerza, tercer hábito esencial, es considerado por Brocklesby fundamental para conservar el equilibrio y reducir el riesgo de caídas. Recomienda realizar ejercicios sencillos todos los días, ya sea en casa o en un gimnasio, como flexiones o elevaciones de piernas en una silla.

Según sus médicos, la buena condición física que mantiene le ha permitido recuperarse mejor de lesiones y evitar complicaciones graves. Brocklesby insiste en la sencillez de este tipo de ejercicios y en la importancia de la constancia diaria para obtener beneficios reales.

Apoyo social y avance progresivo

El cuarto hábito es la dimensión social de la actividad física. Brocklesby participa en clubes deportivos y fundó Silverfit, organización que ofrece sesiones grupales en distintos distritos de Londres. Para ella, el componente social refuerza la motivación y el compromiso con la rutina de ejercicio.

Silverfit ofrece sesiones grupales que promueven el bienestar y la integración de los adultos mayores
La interacción social es un factor clave para sostener la actividad física a largo plazo (Freepik)

Los datos de Silverfit muestran que muchos mayores se adhieren a la actividad física no solo por salud, sino por la oportunidad de relacionarse y compartir tiempo con otros. La interacción social, según Brocklesby, es un motor fundamental para sostener los hábitos en el tiempo.

El quinto hábito es la progresión gradual en la intensidad y variedad del ejercicio. Brocklesby recomienda comenzar siempre con actividades de baja intensidad y aumentar el esfuerzo poco a poco, sin buscar resultados inmediatos ni compararse con otras personas.

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En sus palabras, “es mucho mejor empezar despacio e ir aumentando gradualmente que pensar que no se es capaz”. Esta estrategia facilita que el ejercicio se integre de manera sostenible en la rutina diaria y se adapte a la evolución física de cada persona.

Para quienes dudan si es posible ejercitarse después de cierta edad, Brocklesby transmite un mensaje claro: existen múltiples formas de mantenerse activo, como la marcha nórdica, el baile o la gimnasia suave, sin necesidad de acudir a un gimnasio ni de practicar deportes de alto impacto. La clave está en encontrar la actividad más adecuada a las capacidades e intereses personales.