Los 3 mejores ejercicios para fortalecer tu core después de los 50 años

Estos ejercicios implican mantener una posición en lugar de realizar repeticiones dinámicas, por lo que son una opción segura y efectiva

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Una mujer haciendo una plancha (Freepik)
Una mujer haciendo una plancha (Freepik)

A medida que pasan los años, mantener un core fuerte se convierte en una prioridad para preservar la movilidad, evitar dolores y mejorar la calidad de vida. El core se refiere a los músculos abdominales, lumbares, de la pelvis, los glúteos y la musculatura profunda de la columna.

A partir de los 50, el debilitamiento muscular y el sedentarismo pueden afectar especialmente a esta zona, ya que el cuerpo pierde de forma progresiva masa muscular y elasticidad. Este proceso natural, sumado a largos periodos de inactividad o a hábitos posturales inadecuados, hace que el core pierda su capacidad de sostén y estabilidad. Como consecuencia, aumenta el riesgo de lesiones, especialmente en la zona lumbar, así como la aparición de dolores crónicos, rigidez y problemas posturales que pueden limitar la movilidad y la autonomía en la vida diaria.

Sin embargo, existen ejercicios simples, seguros y altamente efectivos que permiten reforzar esta zona sin necesidad de rutinas intensas. Entre ellos, tres destacan por su eficacia: la plancha frontal, el puente de glúteos y el ejercicio del “bird dog”.

Plancha frontal

La plancha frontal es uno de los ejercicios más completos para trabajar el core. A diferencia de los abdominales tradicionales, que suelen centrarse en movimientos repetitivos, la plancha propone una contracción sostenida de múltiples grupos musculares al mismo tiempo. Durante su ejecución, se activan el abdomen, los hombros, los brazos y los glúteos, creando una especie de “corsé natural” que protege la columna vertebral.

Para realizarla correctamente, hay que colocarse boca abajo apoyando los antebrazos y los dedos de los pies, manteniendo el cuerpo alineado desde la cabeza hasta los talones. La clave está en contraer el abdomen (como si se quisiera llevar el ombligo hacia dentro) y evitar que la cadera se hunda. Para quienes se inician, puede adaptarse apoyando las rodillas en el suelo o elevando el torso sobre una silla. Mantener la posición entre 15 y 30 segundos es suficiente para comenzar a notar beneficios.

Puente de glúteos

El segundo ejercicio, el puente de glúteos, cumple un papel esencial en la estabilidad del core, especialmente porque combate uno de los problemas más comunes con la edad: la debilidad de los glúteos. Esta pérdida de fuerza repercute directamente en la zona lumbar, que queda más expuesta a sobrecargas. El puente permite reactivar toda la cadena posterior del cuerpo, mejorando la postura y aportando soporte a la pelvis.

Su ejecución es sencilla. Acostado boca arriba, con las rodillas flexionadas y los pies apoyados en el suelo, se elevan las caderas hasta formar una línea recta entre rodillas y hombros. En ese punto, se contraen con fuerza los glúteos mientras se mantiene el abdomen activo. Es importante evitar arquear excesivamente la espalda. Mantener la posición durante unos 15 o 20 segundos, repitiendo varias veces, resulta suficiente para estimular la musculatura de forma eficaz.

Incluí estos tres ejercicios en tu rutina para fortalecer los glúteos y favorecer una mejor postura. Trabajá estabilidad y fuerza con movimientos simples y efectivos, prestando atención a la técnica en cada repetición.  Asesoramiento: Pablo Benadiba

Perro-pájaro

El tercer ejercicio, conocido como “bird dog” o perro-pájaro, añade un componente fundamental: el equilibrio. Este movimiento no solo fortalece el core, sino que también mejora la coordinación y la estabilidad, aspectos clave para prevenir caídas en edades más avanzadas. Además, trabaja músculos profundos de la espalda y el abdomen que son esenciales para sostener la columna.

Se realiza en posición de cuatro apoyos, con manos y rodillas alineadas bajo hombros y caderas. Desde ahí, se extiende un brazo hacia adelante y la pierna contraria hacia atrás, manteniéndolos paralelos al suelo. El objetivo no es elevarlos al máximo, sino mantener el equilibrio sin que el cuerpo se desplace o rote. La posición se sostiene entre 10 y 15 segundos antes de cambiar de lado, siempre con movimientos controlados.

Estos tres ejercicios comparten una característica clave: son isométricos, es decir, implican mantener una posición en lugar de realizar repeticiones dinámicas. Esto los convierte en una opción segura y efectiva para personas mayores de 50 años, ya que reducen el impacto en las articulaciones mientras fortalecen profundamente la musculatura.