
La detención de Andrés Mountbatten-Windsor ha supuesto un punto de inflexión en el seno de la monarquía británica. El pasado jueves 19 de febrero, el hermano de Carlos III fue detenido por la policía en su residencia de Sandringham tras ser acusado de “mala conducta en un cargo público” y de, supuestamente, haber compartido información confidencial del Gobierno británico con Jeffrey Epstein. 11 horas después, el expríncipe Andrés abandonó la comisaría, tras permanecer bajo custodia en el marco de una investigación penal que aún está en curso.
Según informó la Thames Valley Police, el exduque de York pudo haber compartido información confidencial con el pedófilo estadounidense durante su etapa como enviado especial de comercio internacional del Reino Unido, cuando ejercía como representante comercial británico entre 2001 y 2011. Además de “mala conducta en el desempeño de un cargo público”, se le imputa por revelación de secretos a Epstein.
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Pese a que el royal británico fue puesto en libertad 11 horas después de su detención, lo cierto es que sus residencias continúan siendo inspeccionadas. Por el momento, no se han presentado cargos formales y la detención no implica culpabilidad. La investigación continúa abierta, pero no guarda relación directa con las acusaciones de abusos sexuales vinculadas a Epstein, fallecido el 10 de agosto de 2019 en una prisión de Nueva York mientras esperaba juicio. Pese a ello, esta última detención puede enfrentar al exduque de York a tres posibles desenlaces procesales.
El futuro del expríncipe Andrés tras su detención
La documentación que habría sido filtrada por el expríncipe salió a la luz en correos y archivos incluidos en los denominados archivos de Epstein, difundidos parcialmente por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. En esos documentos, se sugiere que el hijo predilecto de Isabel II entregó informes y detalles de viajes oficiales, así como documentación reservada, al financiero estadounidense, con quien mantenía una relación de amistad.
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De acuerdo con la prensa británica, la situación puede ahora tomar varias vías, teniendo en cuenta casos similares ocurridos en Reino Unido y que han sido recogidos por The London Economic. Una de las opciones es que el caso termine en nada. Es decir, que la policía determine que no hay pruebas suficientes para proceder, que la Fiscalía decida no formular cargos o que, incluso aunque se llegue a juicio, el jurado opte por la absolución.

En el Reino Unido, el delito de mala conducta en el ejercicio de cargo público exige, para que prospere, demostrar que ha habido un abuso de poder de carácter penal y no meramente un error de criterio. Precisamente por esa complejidad probatoria, muchos procedimientos no suelen terminar en condena. Pero en el supuesto de que la instrucción avanzase y se dictase condena, la pena máxima que puede alcanzar el expríncipe Andrés es la cadena perpetua por la vulneración del deber de confidencialidad y, en su caso, la legislación conocida como Official Secrets Acts. Se trata de una normativa que criminaliza la filtración de información gubernamental sensible, el espionaje y la divulgación no autorizada de datos relativos a seguridad nacional, defensa o relaciones internacionales. Se aplica a cargos públicos y a otras personas sujetas a deber de confidencialidad y contempla sanciones que pueden incluir multas y penas de prisión.
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En caso de condena efectiva, lo habitual es que el condenado cumpla aproximadamente la mitad del tiempo en prisión antes de poder acceder al régimen de libertad condicional. De acuerdo con la prensa británica, aunque los cargos por abuso de posición de autoridad suelen moverse en este rango de penas, hay factores que pueden incrementar la severidad. Entre ellos: el grado de corrupción o la gravedad de las consecuencias derivadas. En teoría, el delito que se le imputa al exduque de York conlleva una pena máxima de cadena perpetua, aunque se trata de una circunstancia casi inédita que suele reservarse para casos de extrema gravedad.
Tras la retirada de sus títulos, funciones públicas y patronazgos, el último escenario que se contempla es que el expríncipe Andrés se exilie a Abu Dabi con la finalidad de reducir el impacto de esta polémica, que ya afecta a la imagen de la monarquía y a la credibilidad de la institución. Se trata de la mayor crisis de la Casa Real británica en la historia moderna.
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