Chorizo: propiedades, beneficios y contraindicaciones

Este embutido es característico de la gastronomía española, pero su consumo debe ser limitado

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Tabla de chorizo (Freepik)
Tabla de chorizo (Freepik)

Junto con el jamón y el queso, el chorizo se consolida como uno de los embutidos más emblemáticos de la gastronomía española. Se encuentra en recetas tradicionales, en tapas y demás preparaciones populares cuyo intenso sabor y aroma hacen de él un alimento de gran valor cultural y culinario.

Sin embargo, más allá del atractivo gastronómico de esta chacina, conviene analizar sus propiedades nutricionales, sus posibles beneficios para la salud y también las contraindicaciones asociadas a su consumo, tal y como señala la información de la Fundación Española de la Nutrición (FEN).

Desde el punto de vista nutricional, el chorizo presenta una menor proporción de agua que la carne fresca de cerdo de la que procede, lo que explica su mayor densidad energética. Su aporte calórico es relativamente alto y depende, en gran medida, de la cantidad de grasa que contiene. Aproximadamente un 32 % de su composición corresponde a lípidos. Dentro de este perfil lipídico, alrededor del 38 % son grasas saturadas, un 43 % grasas monoinsaturadas y una pequeña proporción de ácidos grasos poliinsaturados, aporta la FEN. El colesterol está presente en cantidades similares a la media del grupo de los productos cárnicos.

Tabla con embutidos ibéricos (Adobe
Tabla con embutidos ibéricos (Adobe Stock)

El chorizo, un consumo que ha de limitarse

Las actuales recomendaciones nutricionales aconsejan reducir el consumo de grasas totales, especialmente de grasas saturadas, así como de colesterol, debido a su relación con enfermedades crónicas degenerativas como las cardiovasculares. Por este motivo, el chorizo no debe considerarse un alimento de consumo diario. No obstante, su riqueza gastronómica y su aportación nutricional permiten que se incluya de forma ocasional y moderada dentro de una dieta variada y equilibrada.

En cuanto a los macronutrientes, el chorizo aporta una cantidad pequeña de hidratos de carbono, sin relevancia cuantitativa desde el punto de vista nutricional. Destaca, en cambio, su contenido proteico. Se trata de proteínas de elevado valor biológico, aunque ligeramente inferior al del huevo. De hecho, 100 gramos de chorizo cubren aproximadamente el 40,7 % de las ingestas recomendadas de proteínas para un hombre adulto, lo que lo convierte en una fuente significativa de este nutriente esencial para el mantenimiento de los tejidos y la masa muscular.

Fósforo y hierro, los minerales del chorizo

El chorizo también es una fuente relevante de minerales, puesto que aporta selenio, fósforo y hierro, siendo especialmente destacable su contenido en hierro hemo, una forma de hierro de elevada biodisponibilidad, que se absorbe con mayor facilidad en el organismo. Este aspecto resulta beneficioso para la prevención de la anemia ferropénica, especialmente en personas con mayores necesidades de hierro.

Romina Pereiro habla de la anemia, deficiencia de glóbulos rojos, y algunos alimentos que pueden ayudar a prevenirla.

En el apartado de vitaminas del informe de la FEN, el chorizo es fundamentalmente fuente de tiamina (vitamina B1), niacina (vitamina B3) y vitamina B12, todas ellas implicadas en el metabolismo energético y el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

No obstante, uno de los principales aspectos a tener en cuenta es su elevado contenido en sodio, derivado tanto de los ingredientes utilizados como de su proceso de elaboración. Este factor limita su consumo en personas que deben seguir dietas hiposódicas, como aquellas que padecen hipertensión arterial u otras patologías cardiovasculares.