
La reciente sentencia de la Corte de Apelación de Bolonia ha supuesto un duro revés para Lorena, una vecina de Lodi, municipio a 40 kilómetros de Milán hacia el sur, que perdió a su marido por Covid-19 durante los primeros meses de la pandemia. La decisión judicial la obliga ahora a devolver los 200.000 euros que había recibido como indemnización tras el fallecimiento de su esposo, Dimitri, además de afrontar el pago de unos 24.000 euros en concepto de costas legales.
El caso, recogido por el medio local Corriere di Bologna, ha generado especial inquietud en la familia, ya que la resolución interpreta que el contagio por coronavirus no puede ser considerado accidente laboral y, por tanto, queda fuera de la cobertura de la póliza que habían contratado el hombre. La Justicia, por tanto, falla ahora en detrimento de su pareja.
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Según las explicaciones recogidas por periódico italiano en su reportaje, los magistrados han determinado que, aunque la infección fue de carácter violento en sus efectos, no deriva de una causa igualmente violenta, y por este motivo la han excluido de las contingencias indemnizables previstas en el seguro de vida. La interpretación de los jueces sostiene que la enfermedad por Covid-19 se contrae como cualquier otra dolencia, sin que exista el nexo requerido por la póliza entre accidente y consecuencia directa de un hecho súbito y externo.
El tribunal de primera instancia de Parma, en 2023, se pronunció inicialmente a favor de Lorena y concedió la indemnización, pero ese fallo ha sido ahora anulado por la corte de Bolonia, que además ha añadido la imposición de las elevadas costas procesales a la demandante. La póliza, formalizada años antes, cubría los accidentes, pero no contemplaba expresamente la aparición del coronavirus, ya que ningún contrato asegurador anterior al año 2020 había previsto este supuesto.
Impacto humano y situación familiar tras el fallo
Lorena, de 47 años, ha compartido con Corriere di Bologna la dificultad de asumir la resolución judicial, tanto en el plano personal como en el financiero. Trabaja en una empresa de grandes obras en Milán y convive diariamente con la preocupación de sostener su hogar, donde reside con sus dos hijos, uno de los cuales todavía es menor de edad.
En declaraciones al citado medio, Lorena ha manifestado: “Me siento muy triste y amargada; intentamos dejar atrás situaciones como esta desde el punto de vista psicológico, pero con las cuestiones legales sin resolver, no lo consigo”. En relación con la deuda que debe afrontar, subraya el peso de los gastos procesales: “Han sido años largos y complicados; estamos valorando con mi abogada un posible recurso ante el Tribunal Supremo, al menos por lo que respecta a las costas judiciales, que resultan muy gravosas para mí”.
En cuanto a la devolución de los 200.000 euros, asegura al Corriere di Bologna que le preocupa menos que el montante de los honorarios: “Estoy asombrada, realmente; veníamos de una sentencia favorable en primera instancia y ver cómo se revoca completamente el resto del fallo y que además tenga que abonar 24.000 euros me provoca rabia y miedo”. Lorena asumo ahora que deberá devolver el importe a la aseguradora, aunque no lo considera justo.
Efectos en la familia y apoyo social
La sentencia reabre inevitablemente la herida de la pandemia en la familia. Dimitri falleció con 51 años, dejando a sus hijos en plena adolescencia. Lorena recuerda cómo el proceso fue fulminante: desde los primeros síntomas de fiebre y tos hasta el agravamiento respiratorio, el ingreso en el hospital de Lodi y el fallecimiento transcurrieron apenas diez días. Preguntada por la razón que la llevó a iniciar la demanda, explica: “El procedimiento comenzó en Parma porque la aseguradora tiene allí su sede y porque Dimitri era natural de la ciudad, donde aún viven sus familiares, con los que tengo muy buena relación”.
Sobre el impacto en sus hijos, Lorena explica a Corriere di Bologna que ambos han reaccionado de manera diferente desde el fallecimiento de su padre. El menor, que tenía 11 años en 2020, padeció continuas fiebres de origen psicosomático y necesitó tratamiento médico, mientras que el mayor, entonces con 16 años, afrontó la situación con otro carácter, enfrentándose junto a su madre a las dificultades y consiguiendo, aunque con esfuerzo, superar el golpe sin desarrollar síntomas físicos.
El núcleo familiar ha contado en todo momento con el apoyo de los abuelos maternos, residentes en Lodi, así como de la familia paterna, que desde Parma les ha brindado afecto y cercanía, resultando fundamentales para superar los peores momentos. Lorena reconoce: “Estas cicatrices requieren mucho tiempo y nunca desaparecen del todo.
El futuro inmediato de la familia depende ahora de la decisión que tomen Lorena y su abogada respecto a una posible nueva batalla judicial. Mantienen abierto el diálogo con la aseguradora para buscar una resolución que les permita cerrar definitivamente este capítulo. Según subraya Lorena a Corriere di Bologna, lo más importante, por encima de todo lo demás, sigue siendo el bienestar de sus hijos.
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