
Con la llegada de las noches más frías de enero, dormir a la intemperie implica un riesgo constante para las personas sin hogar. Cuando las temperaturas caen por debajo de cero, la vida en la calle se vuelve todavía más difícil, y quienes carecen de abrigo y acceso a espacios seguros aumentan el riesgo de sufrir daños irreversibles en la salud. El sinhogarismo, un fenómeno con cifras al alza en España, afecta especialmente a las mujeres, ya que las víctimas de violencia de género suponen el 18% de las atenciones en dispositivos para personas sin hogar, de acuerdo a la información divulgada por la ONG Accem. En total, las organizaciones especializadas estiman que unas 37.000 personas viven sin hogar en el país.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2024, las mujeres representaban el 24,6% de las plazas ocupadas en recursos para personas sin hogar. Además, muchas tienen a su cargo hijos o responsabilidades familiares, lo que complica su acceso a refugios y recursos de ayuda.
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Para Accem, la situación de las mujeres sin hogar merece especial atención porque precisamente "son invisibles ante la sociedad y ante muchas instituciones", una invisibilidad que responde a varios factores. Por un lado, las mujeres suelen evitar la exposición directa en la calle más tiempo que los hombres, recurriendo antes a redes de apoyo o movilizando recursos propios, pero esta capacidad no reduce la gravedad de la situación, ya que muchas terminan alojándose en viviendas precarias o inestables, quedando fuera del radar de los servicios sociales, explican fuentes de la ONG a Infobae España.
Mujeres migrantes son las más afectadas
Esta invisibilidad, indica Accem, afecta de manera especial a muchas mujeres migrantes, cuya situación administrativa irregular las empuja a trabajar como internas en tareas de cuidados, donde son explotadas a cambio de un techo. De estas realidades, no obstante, apenas existe información, lo que “se suma a la falta de estudios y recursos enfocados a las mujeres sin hogar”, perpetuando el círculo de invisibilidad, advierte la ONG.
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Desde la organización Hogar Sí también alertan de que cada vez son más las mujeres que llegan a la calle tras haber agotado todos sus recursos. Además, por el hecho de ser mujeres, están más expuestas a sufrir situaciones de explotación laboral, sexual y relaciones de abuso para evitar vivir en la calle.
Violencia de género y desprotección en los recursos disponibles
Otro de los factores que empuja a muchas mujeres a abandonar un hogar es la violencia de género, que en muchas ocasiones tampoco termina cuando están en situación de calle o cuando acuden a un centro de atención mixto para personas sin hogar.
En base a los resultados de la última encuesta del INE sobre personas sin hogar, el 18% de las mujeres usuarias de estos dispositivos ha sido víctima de violencia machista, ya sea en su propia persona o a través de sus hijos. Muchas de ellas solicitan ayuda tras sobrevivir a experiencias prolongadas de violencia y traumas graves. Por ello, desde Hogar Sí aseguran que la mujer que llega a la calle es “doblemente víctima”.
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“No solo sufre la falta de vivienda, sino que se enfrenta a una vulnerabilidad extrema ante la violencia. Seis de cada diez mujeres en situación de sinhogarismo han sufrido violencia de género, y para ellas, la calle no es solo falta de hogar, es un escenario de inseguridad constante donde el miedo es la norma", explica Gema Castilla, directora de Comunicación de esta organización. Y es que en la calle los riesgos y las distintas formas de violencia se ven multiplicados exclusivamente por razón de género.
Perspectiva de género y vivienda como derecho
La mayoría de los recursos asistenciales obliga a las mujeres sin hogar a compartir espacios con hombres, lo que aumenta el riesgo de sufrir agresiones y perpetúa situaciones de violencia previas, advierten ambas entidades, por lo que subrayan la importancia de incorporar la perspectiva de género en la atención, así como de crear espacios seguros y específicos que respondan a las necesidades particulares de las mujeres y favorezcan su recuperación.
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Además, en la mayoría de ocasiones el modelo actual, basado en albergues y soluciones de emergencia, se encuentra saturado y resulta insuficiente para abordar un problema estructural como el sinhogarismo. Por ello, desde Hogar Sí reclaman una apuesta clara por modelos como Housing First y Housing Led, que garantizan viviendas permanentes y acompañamiento profesional, permitiendo que las mujeres recuperen su autonomía en un entorno seguro. Insisten en que la vivienda debe ser reconocida y tratada como un derecho humano fundamental.
“Si no actuamos sobre la raíz del problema, seguiremos llegando tarde a las vidas de miles de personas que hoy siguen sin un lugar al que llamar hogar”, concluye Castilla.
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