La mejor verdura para comer a partir de los 70 años: favorece la memoria y frena el deterioro cognitivo

La clave es mantener una dieta equilibrada, pero aprovechando los beneficios concretos de cada alimento

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Verduras de hoja verde
La verdura que es importante para los mayores de 70 años. (Freepik)

El paso del tiempo suele traer consigo desafíos para la memoria y la concentración, especialmente a partir de los 70 años. Las dificultades para recordar nombres, encontrar palabras precisas o mantener la atención durante tareas cotidianas se vuelven más frecuentes y pueden afectar la autonomía. Si bien el deterioro cognitivo es un proceso natural propio del envejecimiento, su avance puede desembocar en la pérdida de independencia e incluso en enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson.

En la búsqueda de estrategias para preservar la función cerebral, la comunidad científica ha dirigido la atención hacia los hábitos alimenticios. Un grupo de investigadores revisó 183 artículos de bases de datos médicas, con el objetivo de determinar qué alimentos son realmente beneficiosos para el cerebro en las distintas etapas de la vida, según la revista Nutrients. Luego de un riguroso proceso de selección, conservaron 54 estudios y analizaron ocho grandes categorías de alimentos, entre ellas los productos lácteos, huevos, mariscos, carnes magras, bayas, ciertas verduras, frutos secos y cereales integrales.

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El resultado de este análisis fue claro: entre todos los grupos, el consumo regular de verduras de hoja verde demostró una relación directa con un deterioro cognitivo más lento y una memoria más aguda en adultos mayores. Los autores del estudio subrayan que ingerir diariamente estas verduras puede traducirse en un rendimiento cerebral similar al de alguien once años más joven. Esta afirmación se apoya en investigaciones que comprobaron que consumir entre una y dos porciones al día de estos vegetales marca una diferencia cuantificable en la agudeza mental.

Los beneficios para la memoria

Las verduras de hoja verde incluyen espinaca, acelga, col rizada, rúcula, berro, lechuga y brócoli. Todas ellas comparten un perfil nutricional rico en folato, carotenoides, vitamina K y antioxidantes. Estos componentes juegan un papel esencial en la protección y el mantenimiento de las neuronas, ayudando a ralentizar los procesos de envejecimiento cerebral.

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Expertos esperan que los precios de las frutas y verduras frescas suban debido a la creciente guerra comercial.

Los estudios incluidos en la revisión muestran que los adultos mayores que incorporan una o dos porciones diarias de estas verduras presentan una memoria y una velocidad de procesamiento equivalentes a personas once años más jóvenes. Esta diferencia no es solo perceptible en pruebas cognitivas, sino que se traduce en una mayor capacidad para recordar información y enfrentar los desafíos del día a día. La presencia de antioxidantes y micronutrientes específicos en estos vegetales parece ser la clave para este efecto protector.

Cómo y cuánto consumir verduras de hoja verde

Para aprovechar al máximo los beneficios de las verduras de hoja verde, los expertos recomiendan consumir al menos una o dos porciones al día. Es preferible ingerirlas crudas en ensaladas, lo que ayuda a conservar el contenido de vitaminas, aunque el consumo al vapor también es válido. Espinaca, acelga, rúcula y brócoli pueden formar parte de platos principales o acompañamientos sencillos, adaptándose a distintos gustos y rutinas.

Variedad de verduras de hoja verde frescas sobre una mesa de madera. Incluye lechuga romana, col rizada, espinacas, acelgas, lechuga butterhead y rúcula.
Los beneficios concretos de verdura verde. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Combinarlas con frutos rojos, como los arándanos, potencia aún más el efecto protector sobre la memoria, gracias a la sinergia de antioxidantes presentes en ambos grupos de alimentos. Aunque otros productos como los lácteos han sido estudiados, los resultados no siempre muestran una relación tan consistente como en el caso de las verduras de hoja verde. La clave, según los investigadores, es mantener una dieta equilibrada y variada, sin centrarse únicamente en un alimento aislado, pero priorizando aquellos cuya eficacia ha sido probada.

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