
A los españoles les preocupa la salud mental y no es para menos. Desde el año 2016, el bienestar emocional de la población parece haber sufrido un revés, según el último informe del Sistema Nacional de Salud elaborado por el Ministerio de Sanidad. En los últimos años, los casos diagnosticados de trastornos mentales han alcanzado una prevalencia de 355,9 casos por cada 100.000 habitantes, siendo la ansiedad, los trastornos del sueño y los trastornos depresivos los más frecuentes. Así, no es de extrañar que cerca del 20% de la población afirme haber buscado ayuda psicológica en el último año.
Pero no todos los que sufren a nivel psicológico piden ayuda. Según el Monitor Global de la Salud Mental de Ipsos, un 61% de las personas en España reconocen haberse sentido tan estresadas que su vida diaria se vio afectada de manera significativa una o varias veces en el último año y un 47% asegura haber llegado a un punto en el que no podían hacer frente a las cosas debido al estrés, mientras que un 37% sufrió episodios de depresión prolongada. Pese a ello, un 43% declara no haber hecho nada para abordar su malestar.
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Estrés y ansiedad parecen los problemas más prevalentes entre los españoles. Ante estas dificultades, la doctora Sara Marín recomienda seguir un truco poco convencional: “Ponle nombre a tu cerebro”.
Así ayuda a la ansiedad ponerle nombre a tu cerebro
Marín reconoce que el consejo parece una locura, pero ella misma lo aplica. “Yo la he llamado Mari Pili y hoy quiero que entiendas por qué es una de mis técnicas favoritas para regular la ansiedad”, dice en un vídeo publicado recientemente en sus redes sociales (@uncafecontudoctora).
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Según explica Marín, “cuando estás ansioso, la parte emocional de tu cerebro está hiperactivada”. Es frecuente que se repita un ciclo de pensamientos negativos, como “vas a suspender porque has dicho eso, no tendrías que haber dicho eso, a ver si vas a tener alguna enfermedad...”. “Esa parte de tu cerebro que te pone en modo alerta se llama amígdala. En ese momento, pensar bien es muy difícil, porque no dejas que actúe la parte frontal de tu cerebro, que es la lógica, la que piensa mejor”, dice Marín.
En estas situaciones, es mucho más fácil cortar la espiral si el cerebro tiene un nombre. “Cuando le pones nombre a tu cerebro, creas una distancia emocional. Ya no eres tú, no es que seas una persona ansiosa, una persona triste, una persona rabiosa. Es un pensamiento, una emoción, una parte de tu cerebro activándose. Es Mari Pili que se está alterando", explica.
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“Además, ponerle nombre te ayuda a hablarte como si le estuvieses hablando a una amiga”, añade. Para una persona ansiosa, es más sencillo terminar hablándose mal a una misma. Sin embargo, al fingir que se habla con otra persona, insultarse o tratarse de forma negativa se vuelve más complicado. “Te hablas más amable y eso ayuda a bajar la activación y la alerta de la amígdala”, concluye la doctora.
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