
Cualquier tipo de vínculo emocional (ya sea de amistad, amoroso o familiar), requiere cuidado. Sin embargo, no solo es necesario ese amor y ese interés mutuo por que la relación funcione; también es importante establecer límites de manera asertiva.
La comunicación es uno de los pilares de cualquier relación: sin ella, los conflictos quedan atascados en el interior, sin llegar a resolverse; además, nunca se avanza hacia un futuro de cambio y las actitudes que molestan a una de las partes del vínculo no se modifican.
Así, es importante saber negarse a las peticiones de los demás cuando estas son contrarias a lo que uno mismo quiere o necesita, algo que suele resultar un conflicto interno para las personas perfeccionistas y complacientes. Decir siempre que sí no significa que no existan discordancias, sino que estas se están evitando para intentar no generar incomodidad, molestia o enfado en la otra persona.
Cuando se aprende a poner límites, es frecuente encontrarse con lo que se considera una cierta intolerancia hacia los comportamientos de los demás, pese a que estos no sean nuevos. La psicóloga Beatriz Titos explica en uno de sus últimos vídeos de TikTok (@bea.psicosingluten) que es una cuestión que ha observado en su consulta: “‘Desde que voy a terapia no soporto a la gente’”, indica que le expresó una paciente.

Ahondando en este aspecto para identificar el motivo de este cambio de actitud, la mujer explicó que ya no se calla nada: “’Me he dado cuenta de que la gente es muy egoísta, que va completamente a su bola y a mí sinceramente no me apetece estar con ese tipo de personas’”.
La psicóloga identificó rápidamente el motivo de esto: “No es que no soportes a la gente, sino que es que te has dado cuenta de que a lo mejor antes te sentías muy a gusto con ellos porque no ponías límites”. Cuando siempre se accede a los requerimientos de los demás, todo parece resultar muy fácil porque nunca se genera un conflicto entre los deseos de uno y el otro, ya que los propios quedan subordinados a los del resto. “Todo fluía y los demás estaban contentos”.
Sin embargo, una vez se comienza a pensar más en uno mismo y a anteponer sus necesidades a lo que el resto le solicita, es cuando nacen esos problemas. “Ahora que sí estás empezando a mirar por ti, a poner tus propios límites, la gente se enfada, se molesta... Ya no se puede aprovechar tanto de ti”, explica Beatriz Titos. “Solamente te habías sentido cómoda con ellos cuando eras manipulable y no tenías ni voz ni voto”.
La importante de aprender a poner límites
La solución para esta nueva dinámica de más conflictos e incomodidad no es retornar a la antigua situación, en la que se accedía a todo lo que el resto pedía, sino mantenerse firme y entender que nuestra decisión no siempre le va a gustar a los demás.
Varios expertos en psicología, como es el caso de Ainhoa Vila, señalan que “un límite claro con las personas adecuadas no rompe vínculos, fortalece amistades y las hace muchísimo más reales”. Y es que, si la relación se basa en el respeto mutuo, el interés por hacer mejorar el vínculo y la empatía, pensar en ti no supone un problema.
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