Un neuropsicólogo explica cómo educa a sus hijos para que no sean demasiado complacientes: “Les ayuda a entender que pueden decir ‘no’”

El experto señala que es importante que los niños aprendan que lo que quiere el resto no tiene que imponerse siempre al deseo propio

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Un niño molesto con sus padres (Freepik)
Un niño molesto con sus padres (Freepik)

En la actualidad, vivimos en una sociedad en la que el “sí” se ha convertido en algo casi automático. Con el objetivo de agradar al resto, son muchas las personas que, de forma consciente o inconsciente, nunca se niegan a una petición que realizan los demás, incluso si esta responde a algo que no quieren realmente hacer o que implica un cambio en lo que desean.

Aunque la complacencia en su justa medida es positiva, pues supone un esfuerzo de empatía con los demás, en exceso puede suponer un problema: entender que el resto también tiene necesidades y que muchas veces estarán por encima de nuestro deseos es importante, pero también aprender a decir “no”, un proceso que para las personas sobrecomplacientes resulta muy complicado.

Este rasgo puede aparecer en las relaciones de pareja, en el trabajo o en la familia, el primero entorno de socialización con el que se encuentra una persona. La manera en la que los conflictos, las peticiones y las conversaciones se desarrollan en el hogar marcarán la forma en la que se entienda después del mundo, al mismo tiempo que moldeará la personalidad de cada uno.

Álvaro Bilbao, un neuropsicólogo especializado en esta disciplina a nivel infantil, comprende que la complacencia llevada al extremo provoca que siempre se antepongan los deseos del resto a los propios y que la negativa no forme parte del vocabulario de una persona. Por este motivo, pese a que culturalmente es una característica que está bien vista, sinónimo de persona educada o agradable, vivir para complacer al resto puede provocar ansiedad, baja autoestima, resentimiento o síntomas depresivos, especialmente cuando no se cumplen las expectativas que el resto tiene de uno mismo y sobre la que se ha conformado la propia personalidad.

Una niña enfadada mientras juega con una máquina (Freepik)
Una niña enfadada mientras juega con una máquina (Freepik)

Por ello, en uno de los últimos vídeos publicado en su cuenta de TikTok (@soyalvarobilbao), el experto explica cuáles son los gestos que él realiza con sus hijos para que estos no sean sobrecomplacientes, ni en la actualidad ni en el futuro.

Aprender a decir “no”

“No hay nada de malo en ser complacientes con los demás, pero solo cuando realmente queremos: si nace de un sentimiento de obligación o culpa, se llama sobrecomplacencia”, explica Álvaro Bilbao. Pese a que la vida no se resume en hacer siempre lo que uno desea, cuando está dentro de las posibilidades negarse a una petición, la persona debe aprender a que su respuesta es válida y respetable.

Por este motivo, el neuropsicólogo aplica la regla del gusto-disgusto: “Si para dar gusto a los demás te vas a sentir a disgusto contigo mismo, simplemente di ‘no’”. De esta manera, la complacencia no entra en conflicto con el deseo propio, que también es importante escuchar y tener en cuenta.

Una madre regañando a su hija (Freepik)
Una madre regañando a su hija (Freepik)

En segundo lugar, Álvaro Bilbao destaca que una parte fundamental de la crianza es establecer límites. Son muchas las situaciones en las que, cuando los hijos no reciben algo que desean, se desencadena un berrinche; sin embargo, también lo es que en algunas familias, precisamente para evitar estos conflictos, nunca se niegue nada. En el segundo caso, el experto señala que se está enseñando al niño a ser sobrecomplaciente: “Cuando me piden algo que no quiero hacer o no quiero darles, les digo ‘no’, sin dudas ni culpabilidad. ‘Siento si te decepciono, pero hoy no quiero comprarte un helado’ o ‘siento si te decepciono, pero no te voy a dejar más tiempo de televisión’. Les ayuda a entender que pueden decir no, incluso si decepcionan a los demás”.

De esta manera, la forma en la que se comportan los padres ayuda a moldear la personalidad del niño. Aunque es importante aprender valores como la amabilidad y la empatía, también lo es escuchar las necesidades y deseos de uno mismo, así como establecer límites y, especialmente, saber identificar esas líneas rojas propias que muchas veces quedan ocultas bajo la sobrecomplacencia.