
David Delfín es uno de los nombres que quedarán marcados en la historia de la industria de la moda española. El malagueño de adopción cultivó su arte por las telas y los estampados hasta conseguir alzarse a lo más alto de las pasarelas; sin embargo, la vida guardaba para él un duro desenlace que terminaría con su fallecimiento a los 46 años.
A pesar de consagrarse como un genio del estilo y las tendencias, también acaparó todas las miradas por su círculo de amigos y sus destacadas parejas amorosas. Y es que, el mismo 3 de junio de 2017 en el que moría en Marbella a causa de varios tumores cerebrales que le habían sido diagnosticados tan solo dos años antes, celebraba su 29 cumpleaños su novio, el fotógrafo gallego Pablo Sáez. Más que su pareja sentimental, Pablo fue su cuidador más entregado, su refugio en los peores momentos y un testigo íntimo de una batalla que terminaría por apagarse demasiado pronto.
Sáez es uno de los fotógrafos de editoriales de moda más prometedores de nuestro país. El joven ha colaborado con revistas como Vogue y L’Officiel Hommes, y ha trabajado en campañas para firmas como Mango y Bershka. Su estilo sobrio y contenido contrasta con la intensidad emocional que supo capturar en sus retratos más personales. Uno de los más impactantes fue precisamente el reportaje en blanco y negro para Vogue, donde David Delfín mostró con valentía las cicatrices de su operación.

La historia de ambos comenzó en marzo de 2015, durante una sesión fotográfica que marcó el inicio de un vínculo que muy pronto se convirtió en algo inseparable. Apenas un año después de ese primer encuentro, llegó la devastadora noticia del cáncer. Desde entonces, Pablo acompañó a David en cada etapa de la enfermedad, transformando su cuenta de Instagram en un tributo constante a la vida, la lucha y el amor que los unió.
Uno de los mensajes más conmovedores que compartió tras la muerte del diseñador fue una carta en la que, con un lenguaje poético y delicado, evocaba los veranos compartidos y la profundidad de sus sentimientos: “Vamos a suponer que digo verano, escribo la palabra ‘colibrí’, la meto en un sobre y la llevo colina abajo hasta el buzón. Cuando abras la carta te acordarás de aquellos días y lo mucho, muchísimo que te quiero”, escribió.
Durante meses, sus publicaciones reflejaron el dolor de la pérdida, pero también la belleza de un amor vivido intensamente. Una de las más recordadas fue un breve video que mostraba sus manos entrelazadas, acompañado del mensaje: “Noñerías en domingo”, un guiño a la complicidad y la ternura que compartían en la intimidad.

Su historia con Pelayo
Sin embargo, años antes de conocer a Pablo. David Delfín introduciría en lo más profundo de la élite del diseño a un amateur Pelayo Díaz, entonces conocido como estilista y colaborador del programa Cámbiame. Su relación, que duró tres años, fue considerada icónica dentro del colectivo LGTBIQ+ y del mundo de la moda. Se conocieron cuando Pelayo era aún estudiante, y David se convirtió en un impulso fundamental para que completara su formación.
Aunque su historia de amor terminó, el vínculo emocional no se rompió. Tras la muerte de Delfín, Pelayo compartió una carta pública de despedida profundamente emotiva, en la que lo describía como la persona más maravillosa que había conocido, agradeciéndole por su amor, enseñanzas y por tantos momentos compartidos. De hecho, a día de hoy el estilista sigue recordando en cada uno de sus pasos al que fue su primer maestro en la industria.

Este domingo, Pelayo Díaz se habría como nunca en Supervivientes, durante el emotivo puente de las emociones. Con la voz quebrada y los ojos llenos de lágrimas, se sinceraba sobre su relación con “el gran amor de su vida”. Desde Honduras, ha relatado como, cuando aún vivían en distintas ciudades y ambos tenían pareja, comenzaron a intercambiar cartas y libros. “Él me enviaba libros a Londres y a cambio yo le enviaba una carta contándole lo que hacía, pero no pasó nada porque los dos teníamos pareja”, ha explicado. Años después, cuando ya estaban solteros, compartieron una cena que marcó un antes y un después: “Entré al baño y al salir me dije: deja de hacerte el fuerte, estás enamorado de él”.
Finalmente, el propio Pelayo ha reconocido que el orgullo fue el motivo de la ruptura. “Aprendí que no hay que ser orgulloso, yo no volví con él cuando me lo pidió porque le dije, ‘no voy a estar disponible cuando tú digas’. Yo me quise hacer el duro y no sabemos cuánto tiempo tenemos aquí”, ha confesado, dejando ver el peso de lo no vivido.
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