
Envejecer el vino bajo el mar podría parecer una técnica extraña, pero es un método que se lleva aplicando desde hace algunos años en España y otras zonas del mundo. La idea de estos almacenamientos submarinos se inspira en los hallazgos de botellas en el interior de barcos hundidos, las cuales se llevaron a la superficie para ser analizados por expertos. Las bebidas se habían mantenido intactas, lo que impulsó a que algunas empresas del sector vinícola decidieran investigar en este sentido y envejecer sus productos bajo la superficie del mar.
Desde las profundidades del océano hasta las mejores mesas del país viajan los caldos que se producen en pequeñas producciones submarinas que van en auge, vinos convertidos en artículos de lujo tras macerar en la oscuridad más absoluta y mecidos por las corrientes. Estos vinos, producidos normalmente por viticultores locales, pasan una primera etapa en bodegas tradicionales en superficie, para luego rematar su elaboración en el fondo del mar.
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Encontramos ejemplos de estas prácticas en varias de las costas de nuestra Península. Es el caso de la bodega Crusoe Treasure, que nació hace 15 años en un arrecife artificial en el mar Cantábrico, a la altura de la bahía de Plentzia (Vizcaya). Allí, la temperatura es bastante similar a lo que puede ser una bodega tradicional, según ha explicado a Efe el fundador de la bodega, Borja Saracho. Trabajan a favor de estos vinos la oscuridad constante, los cambios de presión continuos y las mareas, un factor “muy interesante” pues cada seis horas hay cuatro metros de agua que suben y bajan.
También el Mediterráneo baña vinos submarinos en el municipio de Vilella Alta (Tarragona), donde se ubica la Bodega del Mar, una empresa que nació en 2021 gracias a Marión Hug y Manuel López. Esta bodega submarina arrancó su producción hace cuatro años con alrededor de 60 botellas anuales y hoy ya generan 400 botellas por ejercicio.
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Su bodega submarina está a 25 metros bajo el mar, con presión y corrientes marinas que generan “microvibraciones”, lo que supone que el vino evoluciona de manera distinta. El resultado es un vino tinto que “integra más los taninos”, lo que “acelera la evolución del vino alrededor de tres a cuatro veces” dando como resultado un vino “más redondo, más complejo pero a la vez mantiene la frescura de los aromas”, explicaba Marión Hug a EFE.
La bodega submarina más grande de Europa
La bodega submarina más grande de Europa pertenece a la empresa Undersea y se encuentra en la isla de Escombreras, en el Puerto de Cartagena, en la Región de Murcia. De esta bodega se han obtenido por el momento dos vinos, uno blanco y otro tinto, denominados Solivella, los cuales han sido elaborados bajo el prisma de la D.O. Jumilla y han completado su proceso en botella en las aguas de la costa de Cartagena.
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Cada botella se sella individualmente mediante lacrado para garantizar su estanqueidad y proteger el vino de las filtraciones del agua marina. Una vez acondicionadas, las botellas descansan en el lecho marino, donde evolucionan adquiriendo características únicas gracias a las condiciones marinas.

“Completar una parte de la maduración de vinos en botella bajo el mar, a una profundidad de 30 metros, donde las condiciones de falta de luz, presión y micro vibraciones causadas por el mar producen una aceleración de este proceso, lleva, junto con la temperatura, a obtener vinos redondos con un bouquet y coloración especial”, asegura González Zapater, secretario general de la Consejería de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca de la Región.
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Lo que el mar da al vino y lo que el vino da al mar
Aunque hay quienes consideren esta forma de elaborar el vino poco más que una maniobra de marketing, muchos otros afirman que las condiciones subacuáticas afectan al sabor del vino. Algo así trató de demostrar en 2013 la bodega estadounidense Mira Winery. La empresa envejeció vinos en el puerto de Charleston con agua a una temperatura estable de 13 °C y los comparó con otros de producción habitual. Catas a ciegas demostraron que el vino de estas botellas submarinas tenía más complejidad que aquel que se había envejecido en tierra.
Según los enólogos, el envejecimiento de los vinos bajo el mar podría llegar a ser incluso mejor que en bodegas subterráneas, especialmente para vinos espumosos. La temperatura a la que se mantiene es constante y perfecta, no hay luz, el agua impide que entre ni el más mínimo de aire y la contrapresión constante mantiene las burbujas de champán en su lugar. Además, las corrientes submarinas actúan como una cuna, meciendo suavemente las botellas, lo que mantiene los posos moviéndose dentro de la botella.
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Incluso hay quienes, más allá de ver el bien que el mar hace al vino, ven también el bien que el vino hace al mar. La empresa murciana Undersea, por ejemplo, asegura que los silos sumergidos en su bodega, a 33 metros de profundidad, cumplen una función medioambiental pues, gracias a su estudiado diseño, actúan como un arrecife artificial para la fauna y flora de la zona, incrementando la biomasa marina.
(Con información de Agencia EFE)
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