Entre bromas y confesiones, Stephen Colbert expuso los aspectos más inesperados de sus comienzos en la industria del entretenimiento durante su participación en SmartLess, el pódcast conducido por actores reconocidos, como Jason Bateman.
El humorista detalló cómo esas primeras experiencias estuvieron marcadas por incertidumbre, rechazos, falta de trabajo y pobreza, y cómo las decisiones personales definieron su desarrollo profesional. El apoyo de colegas como Amy Sedaris y Paul Dinello, así como la audacia para rechazar oportunidades dudosas, resultaron claves en su crecimiento.
Durante los primeros años de carrera, Colbert convivió con dudas sobre su permanencia en el mundo del espectáculo. La precariedad y la necesidad de redefinir estrategias profesionales eran frecuentes, pero la red de contención que formó con otros comediantes alimentó su impulso creativo.
Oportunidades que casi lo cambian todo en Hollywood
Colbert evocó su llegada a Nueva York en 1994, después de casarse. Vivía de forma precaria en el Seminario Teológico General, porque su esposa seguía en Chicago. “Habitaba una buhardilla diminuta, en los dormitorios del General Theological Seminary, un lugar totalmente irreal para alguien que intentaba abrirse camino”, relató en SmartLess.
Ese periodo incluyó sus primeros pasos con Second City, la reconocida escuela de comedia de improvisación, participaciones en el programa de sketches Exit 57 y viajes constantes entre Chicago y Nueva York. Colbert recordó la tentadora oferta: “Me ofrecieron ser el acompañante de Magic Johnson en su talk show".
A pesar de la urgencia económica, su esposa estaba embarazada y ambos sin empleo; Colbert confesó que no podía aceptar el trabajo: “Sentí que, si tomaba ese papel, no podría volver a empezar limpio”. La cancelación del show llegó seis semanas después, y su esposa reafirmó su decisión con un simple: “Buena decisión”.
Audiciones, rutinas y formas de sobrevivir al comienzo

Los años iniciales de Colbert estuvieron llenos de castings inusuales y rutinas de supervivencia junto a otros comediantes. En SmartLess contó: “Me llamaron para hacer de Gómez (NdeR: Homero) en una nueva versión de Los Locos Addams. Solo llegué a una segunda llamada. No hay muchas grabaciones mías de esa época, porque rara vez superaba ese filtro”.
Recordó cómo compartía mesas en el mercado de agricultores de Los Ángeles con amigos de Chicago, esperando una llamada al buscapersonas para una posible audición. “Poníamos los buscapersonas sobre la mesa, comíamos fruta y mirábamos si ese zumbido era el inicio de una carrera o de otra decepción”.
Colbert también relató que le pidieron interpretar al “tío loco” en el programa de Magic Johnson, papel que terminó realizando otro cómico casi idénticamente. El humorista se permitió reírse junto a los conductores de SmartLess: “Todos mis invitados, después de la entrevista, reciben como regalo unas toallitas húmedas… ¡Son de mezclilla!”.
Lecciones y confesiones en una carrera de reinvención
Con el paso del tiempo, la visión de Stephen Colbert sobre el éxito y el fracaso se modificó radicalmente. En SmartLess mencionó: “La industria se transformó, ya no hay temporada de pilotos, todo es distinto. Antes era como vivir en una caravana, audición tras audición, sin saber qué sería de uno al día siguiente”.
Colbert destacó la importancia del entorno profesional y el impulso de crear en colaboración: “Llevo décadas rodeado de personas como Amy Sedaris, Paul Dinello o Steve Carell”. Y agregó: “Aprendí que hay que escribir para uno mismo y crear la oportunidad que otros no te van a regalar”.
Sobre la reinvención profesional, citó a Bill Hader y su decisión de dejar Saturday Night Live para escribir en South Park, subrayando el valor de trabajar para lo que uno admira antes que perseguir un status. Añadió con humor: “Jamás soñé con tener un programa propio; cuando dejé el anterior, simplemente apareció el siguiente proyecto”.

“Quizá me convierta simplemente en actor otra vez” comentó Colbert, quien ve con naturalidad la posibilidad de volver a la actuación tradicional o dedicarse a escribir sketches. “Este medio es tan volátil que terminar filmando en Praga o respondiendo un teléfono rojo a desconocidos puede ser igual de atractivo”.
Al despedirse en SmartLess, Colbert insistió en que la verdadera satisfacción reside en disfrutar el trayecto y hallar alegría en cada reto, más allá del éxito público o el dinero. Su recorrido demuestra que, incluso cuando la comedia es el único refugio, siempre hay espacio para el humor y la resiliencia.
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