El exesposo de Amy Winehouse expuso al entorno de la cantante: ”No soy responsable de su muerte”

El testimonio de Blake Fielder-Civil sostiene que la percepción pública sobre su responsabilidad en el destino de la artista oculta factores complejos y responsabilidades compartidas tanto en el núcleo personal como en el profesional

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Blake Fielder-Civil rechaza su papel
Blake Fielder-Civil rechaza su papel de villano en la historia de Amy Winehouse y exige controlar su narrativa pública

A 15 años de la muerte de Amy Winehouse, la figura de Blake Fielder-Civil, su exesposo, sigue asociada a la tragedia y la controversia. En una entrevista inédita, en el pódcast We Need To Talk, conducido por Paul C Brunson, reivindicó el control de su relato y rechazó la caricatura del villano responsable del destino de la cantante: “Necesito tomar el control de mi narrativa. No soy el villano de la historia. No necesariamente me han representado con precisión”.

La conversación repasó sus orígenes, el vínculo con la cantante británica y el peso de las adicciones, pero ante todo, desmontó versiones cristalizadas durante años en la prensa. El entrevistado reveló que la pareja compartió una transición: “No, lo sé con certeza: Amy y yo nos convertimos en adictos juntos”. Según su testimonio, ambos desarrollaron dependencia durante la relación y no por causas previas. “Nuestro amor no tuvo nada que ver con la adicción, y la adicción no tuvo nada que ver con nuestro amor”, puntualizó.

Nacido en Kettering, con raíces familiares en Londres y Leicester, Fielder-Civil recorrió trabajos creativos—de peluquero a asistente en vídeos musicales—antes de enfrentar la presión mediática. La exposición en los medios, dice, fue corrosiva: “Sigo cargando con todo el peso de esa culpa. Me siguen tratando como a ese personaje”.

La responsabilidad que la prensa no muestra

El relato dominante tras la muerte de Winehouse instaló el señalamiento casi exclusivo sobre su exesposo. Según su versión, esa reducción no solo falsea la multiplicidad de factores, sino que protegió a un entramado de intereses que priorizó la rentabilidad sobre la salud de la artista.

Recordó que incluso en los peores momentos, los allegados sabían del problema: “La mayoría de personas cercanas a ella sabían quién era su dealer y que ella tenía una adicción. Era conocimiento compartido por su familia, su management y la discográfica”. Añadió que la industria prefirió continuar con los conciertos, y recordó que, incluso en los documentales sobre la estrella, el mánager afirmaba que, desde su punto de vista, hizo el trabajo que le pedían: “subir a Amy a la mayor cantidad de escenarios posible. No era mi función cuidar de su salud”.

Este entorno, de acuerdo a Fielder-Civil, creó un clima en el que la agencia de la cantante quedaba desplazada y en el que el consumo era funcional, no solo tolerado: “Seguía actuando semanas antes de fallecer, pero ya era claro para todos que estaba mal. Lo vi: no era recuperación, era deterioro”.

Fielder-Civil denuncia que el entorno
Fielder-Civil denuncia que el entorno y la industria priorizaron el éxito económico sobre la salud de la artista británica REUTERS/Juan Medina/File Photo

Adicción y enfermedad: la verdad detrás del mito

Contrario a las versiones que lo muestran como iniciador, el entrevistado especificó los inicios de la dependencia de ambos: “Había probado cocaína con su expareja antes de mí. En cuanto a la heroína, lo hicimos juntos por primera vez. Y no fue una inducción, sino esa imitación de lo cotidiano, como ofrecer una cerveza en un pub: no había en ese gesto una búsqueda destructiva o manipuladora”.

Además, negó el rol de facilitador diario: “Su peor momento fue cuando yo estaba en prisión. En esas etapas, su dealer era una presencia diaria, y la familia lo sabía”. Relató que la familia y el equipo intentaron una internación conjunta, pero que la apuesta definitiva fue “alejarme de ella para erradicar el problema”, una estrategia que, señala, fracasó.

En paralelo, detalló el sufrimiento de ambos por culpa de las visiones estigmatizadoras sobre la adicción y el rol de la salud mental. Recordó su propio intento de suicidio a los nueve años y cómo la búsqueda de “no ser yo” alimentó su relación con las drogas.

El otro factor silenciado: la bulimia y la presión de la fama

La entrevista puso en primer plano el papel de la bulimia en la salud de la cantante. Según Fielder-Civil, muchos en el círculo íntimo conocían ese padecimiento. “La vi por primera vez provocándose el vómito después de una comida. Me asustó. Jamás recibió tratamiento, que yo sepa. Todos los de su entorno lo sabían”.

Episodios de prensa sensacionalista—como revistas calificando de “no sexy” a la artista, o titulares burlándose de su apariencia—coincidieron, según Fielder-Civil, con la cronología en que se instaló la bulimia.

Las cifras que compartió Paul C Brunson revelan la dimensión del fenómeno: un 35% de consumidores de sustancias tienen además un trastorno alimenticio, frente al 3% en la población general.

“Murió por toxicidad alcohólica, pero el deterioro por bulimia la había dejado física y emocionalmente vulnerable”, señaló.

La bulimia nunca tratada agravó
La bulimia nunca tratada agravó el deterioro físico y emocional de Amy Winehouse, según declaraciones de su exesposo (Reuters)

Una historia de amor compleja

El vínculo afectivo que ambos construyeron desafía los relatos mediáticos. Fielder-Civil recuerda detalles, como el tatuaje que Amy se hizo con su nombre a los 10 días de relación, o los momentos compartidos “haciendo vida de pareja”, alejados de la adicción: juegos de billar, películas, conversaciones.

“La intensidad fue demasiada y demasiado pronto. Nos amamos, no tengo dudas. Y sí, habría muerto por ella”, confesó. Y reconoció que la honestidad de la artista también permeó la composición del albúm Back to Black: “Cada letra del disco era verdad. No hay artificio. Fue una vivencia compartida, hecha música”.

Aún hoy, narra la dureza del luto y el peso del estigma: “Perdí a mi mejor amiga estando en prisión. Y durante años, fui el chivo expiatorio. Pero no soy responsable de su muerte. Jamás hubiera querido que no estuviera en este mundo”.

La icónica cantante Amy Winehouse,
La icónica cantante Amy Winehouse, conocida por su voz única y su álbum 'Back to Black', es capturada en este retrato, reflejando su distintivo estilo (Reuters)

La última carta, el futuro y la reconciliación

En la semana de la muerte de Winehouse, Blake Fielder-Civil estaba encarcelado. Su último contacto fue una carta donde proponían “al menos ser amigos”. Nunca pudo responderle: el sobre fue robado en prisión. “Cuando me dieron la noticia, pensé que era una broma macabra. Solo recé para que no fuera cierto”, relató.

Al evocar el legado de Amy, sostuvo: “Será recordada por generaciones gracias a su voz, pero sobre todo por escribir la verdad. Abrió el camino para que otras mujeres narren su propia historia en la música”.

Hoy, su apuesta es la recuperación y el testimonio: “Quiero ayudar a quienes sufren adicción. He trabajado mucho para estar limpio y tener valor para vivir mi propia vida”. No pide una reconciliación con el padre de su exesposa, pero sí “reconocimiento de que nos amamos y de que nunca tuve intención de hacerle daño”.

Su testimonio plantea una verdad incómoda: “La responsabilidad por el destino de Amy Winehouse fue colectiva. En 15 años, el dedo sigue apuntando a mí, pero todos miraron para otro lado”.