Paul Mescal y Josh O’Connor se reunieron en un hotel de Londres para conversar sobre La historia del sonido, un proyecto que representó un hito personal y artístico para ambos, relataron a The Guardian.
Durante la entrevista, su complicidad resultó evidente a través de gestos y bromas que reflejaron una relación cercana. Esa conexión, según The Guardian, desarmó cualquier estereotipo y subrayó la naturalidad de su amistad.
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La película, que requirió cuatro años para concretarse por falta de financiamiento, representa para Mescal y O’Connor un motivo de satisfacción. “Hubo momentos en los que creímos que tal vez no se haría, pero nunca pensamos en abandonar”, explicó O’Connor a The Guardian.
Desafíos físicos y búsqueda de autenticidad

Mescal, tras finalizar la secuela de Gladiador, compartió el desafío físico que implicó sumarse al rodaje: “Pesaba 90 kilos y tuve ocho semanas para bajar a 78”, explicó.
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Aseguró que tuvo una experiencia “jodidamente miserable” al perder 12 kilos en dos meses, luego de ganar músculo para Gladiador. “Fue una miseria terrible”, dijo. “Y no era para demacrarse, sino para perder músculo. Una miseria terrible”.
Agregó que, si bien disfrutó el proceso anterior, La historia del sonido significó para él regresar a un entorno donde se sentía genuino. “Quiero hacer más películas así y menos de esas a gran escala”, afirmó.
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Vulnerabilidad y exploración emocional
Uno de los matices que O’Connor destacó fue la dimensión emocional y espiritual de la actuación, especialmente en las escenas musicales. “Esta película narra una historia de intimidad desde una perspectiva diferente”, expresó. “Independientemente de mis inseguridades sobre mi voz, cantar te deja completamente vulnerable”, agregó.

Mescal coincidió en que el temor escénico surge a partir de esa exposición: “En los pubs irlandeses todo se calla antes de que alguien empiece a cantar. Da miedo hasta respirar”, relató.
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Al hablar de sus experiencias musicales, O’Connor reconoció su timidez: “Formé dos bandas, pero más que cantar gritaba al ritmo”, comentó. Mescal improvisó una melodía dedicada a su compañero, generando un momento de distensión.
Respeto mutuo y el costo de la entrega
Ambos subrayaron el respeto mutuo. O’Connor describió la experiencia de actuar junto a su amigo como cercana a lo místico: “Pasa algo espiritual cuando el director dice ‘acción’. Físicamente ves a Paul, pero emocional y espiritualmente ya no está ahí. Algo cambia y eso conmueve”, aseguró.
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A su vez, Mescal resaltó la “generosidad de espíritu” de O’Connor y señaló el costo personal que puede implicar esa entrega. “Josh tiene una empatía enorme, algo que extiende también a sus actuaciones, incluso cuando eso pueda afectar su propio bienestar. Eso es invaluable para el público”, señaló.
O’Connor profundizó en la idea y mencionó una definición interna entre colegas: “Nuestra amiga Jessie Buckley llama a los actores ‘recolectores de almas’. Aprendemos algo de cada personaje y nunca nos dejan del todo. ‘Aftersun’ marcó a Paul, igual que Arthur me dejó huella en ‘La Chimera’. Hay residuos y un costo por cada papel, pero también es un ejercicio de generosidad y empatía”.
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Salud mental, prioridades y el valor del anonimato
El impacto emocional de estos trabajos orientó la conversación hacia la salud mental y la necesidad de establecer límites. Mescal admitió que, tras cinco o seis años en la industria, comenzó a notar el desgaste. “Me siento afortunado, pero también empiezo a entender que no puedo seguir haciéndolo tan seguido”, declaró a The Guardian.

Al ser consultado sobre su futuro profesional, Mescal aclaró que limitar proyectos no implica necesariamente hacer menos. “Películas como La historia del sonido realmente te vacían. No puedes esperar que el pozo nunca se seque. Extrañaré el escenario, tal vez pase una temporada solo en el teatro. Hay otras prioridades personales en mi vida”, afirmó.
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O’Connor reflexionó acerca de cómo cuidar el propio bienestar: “No sé cuál es la fórmula. Quizá se trate de mantenerte en la vida real, en la familia, resguardando tu espacio personal”, explicó, según recogió The Guardian. Mescal concluyó: “Si dedicáramos la mitad de ese cuidado a nosotros mismos, seríamos terapeutas”.
Ambos valoraron la importancia de seleccionar proyectos y la presión de permanecer visibles. Mescal confesó su temor a perder relevancia si interrumpía la exposición mediática. “Ese es el gran miedo: que el tren siga sin ti”, dijo. O’Connor fue directo respecto al riesgo de perder la pasión: “El peor escenario es llegar a resentir el trabajo. Además, si ves constantemente a un actor, se vuelve difícil creer que pueda ser otra persona en pantalla”.
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Mescal anticipó que, tras la promoción de Hamnet, planea alejarse un tiempo de la pantalla. Bromeó con desaparecer hasta 2028, cuando interpretará a un Beatle. Tanto él como O’Connor dejaron abierta la posibilidad de refugiarse en el teatro y aspirar, al menos por un tiempo, al anonimato.
Con determinación, Mescal remarcó que, antes que perder la pasión por su vocación, preferirá dar un paso al costado y elegir su bienestar sin dejar de honrar su oficio.
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