El último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sitúa a El Salvador en el centro de atención al documentar el impacto económico que han dejado las tormentas Amanda y Cristóbal, cuyo saldo en 2020 ascendió a pérdidas equivalentes al 7.5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
El análisis, presentado en el marco de la tercera generación de Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC 3.0) para América Latina y el Caribe, subraya la gravedad de los efectos climáticos extremos en países con alta exposición y vulnerabilidad estructural.
El documento del PNUD precisa que, junto a las tormentas Amanda y Cristóbal, otros eventos recientes como la Depresión Tropical 12E en 2011 y la tormenta Ida en 2009 han provocado daños humanos y económicos significativos en diversos puntos del país.
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En el caso de la Depresión Tropical 12E, las pérdidas económicas alcanzaron el 4% del PIB, mientras que el impacto combinado de Amanda y Cristóbal, sumado a la pandemia de COVID-19, situó a El Salvador entre los países más afectados del mundo por desastres de origen climático y sanitario.
El informe atribuye este nivel de afectación a la ubicación geográfica del país, su exposición recurrente a amenazas hidrometeorológicas y las limitaciones estructurales que dificultan una respuesta efectiva ante los desastres. Según el PNUD, “El Salvador es uno de los países de América Latina y el Caribe más vulnerables a los impactos del cambio climático”, una condición que se refleja en la frecuencia de eventos extremos y la magnitud de los daños registrados en las últimas décadas.
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La investigación desarrollada por el PNUD y organismos nacionales destaca que El Salvador “desarrolló un estudio pionero de las pérdidas y los daños asociados con el cambio climático, con el objetivo de estimar los impactos económicos y no económicos —tanto los actuales como los futuros— y fortalecer las capacidades institucionales".

Dicho estudio se enfocó en tres sectores prioritarios —agricultura, vivienda y transporte— que concentran cerca del 65 % de las afectaciones históricas por desastres, aplicando una metodología que integra más de 40 años de datos climáticos y modelos de exposición, amenazas y escenarios futuros.
Los resultados evidencian que, sin nuevas políticas y medidas de adaptación, las pérdidas y daños podrían incrementarse hasta un 60% hacia mediados de siglo. El informe destaca que “la implementación de políticas climáticas más ambiciosas, como las NDC 3.0, podría reducir dichos efectos hasta en un 20 %”, lo que subraya el valor estratégico de actuar de manera preventiva y planificada ante los riesgos climáticos.
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Un aporte sustancial del estudio es el análisis de probabilidad de excedencia de pérdidas, que permite prever cómo el cambio climático acorta los intervalos entre eventos graves y amplifica la magnitud de las pérdidas económicas y sociales. El documento también aborda la relación entre el aumento de temperatura, la productividad agrícola y la capacidad de respuesta institucional ante fenómenos de evolución lenta y eventos extremos.
El PNUD recomienda fortalecer las capacidades institucionales y la gobernanza climática en El Salvador, así como avanzar en la adopción de metodologías innovadoras para la evaluación de necesidades y la planificación de la inversión pública y privada en adaptación y resiliencia. El estudio vincula las pérdidas y daños con impactos macroeconómicos y sociales, especialmente en el empleo, la pobreza y la capacidad fiscal del Estado. Asimismo, formula recomendaciones concretas en materia de políticas climáticas, infraestructura resiliente, planificación territorial y fortalecimiento de la resiliencia social y productiva.
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El documento señala que la experiencia de El Salvador puede servir de referencia para otros países altamente vulnerables, al demostrar la utilidad de sistemas de monitoreo, análisis y cuantificación de pérdidas como base para la toma de decisiones informadas y la gestión integral de los riesgos climáticos. “Este estudio ofrece un ejemplo de cómo los países pueden avanzar hacia un abordaje integral y basado en datos empíricos de las pérdidas y daños en el marco de la agenda climática”, indica el informe del PNUD.
De acuerdo con la investigación, la urgencia de adoptar políticas climáticas robustas y de invertir en adaptación y resiliencia resulta impostergable para El Salvador, donde el costo de la inacción frente al cambio climático ya se mide en puntos enteros del producto interno bruto y en el bienestar de millones de personas. El informe concluye que la planificación basada en evidencia y la cooperación técnica internacional serán determinantes para frenar el avance de las pérdidas y daños y garantizar un desarrollo más seguro para el país.
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