Dicen que detrás del sueño hay un universo fascinante. El neurocientífico e investigador del CONICET Diego Golombek estuvo presente en el auditorio de Ticmas en la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires para hablar sobre uno de los aspectos más misteriosos de nuestra vida cotidiana: ¿qué pasa cuando dormimos?
En una charla titulada “La ciencia del sueño”, el especialista combinó divulgación científica, ejemplos cotidianos y preguntas abiertas sobre uno de los fenómenos más complejos del organismo.
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El sueño como valor productivo
Para empezar, Golombek propuso correrse de la idea de que dormir es una pérdida de tiempo. Por el contrario, destacó que se trata de una función biológica indispensable, respaldada por abundante evidencia científica.
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Según explicó, no se trata de “ganar o perder tiempo”. El cuerpo necesita una cantidad mínima de horas de descanso para funcionar adecuadamente, y cuando eso no ocurre, las consecuencias aparecen rápidamente. “La deuda la pagás con tu cuerpo al día siguiente”, advirtió.
En este sentido, hizo mención a uno de los principales enemigos contemporáneos del descanso: “El streaming es el ladrón del sueño”, afirmó, en referencia a los sistemas de reproducción automática que prolongan el consumo de contenidos y dificultan el corte necesario para ir a dormir.
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A esto se suma una falta de conciencia generalizada sobre la importancia del descanso. Según señaló, muchas veces no se dimensiona el impacto que tiene dormir mal en la salud física, mental y emocional.

Un fenómeno todavía enigmático
A pesar de los avances científicos, el sueño sigue siendo, en muchos aspectos, un misterio. Golombek explicó que si bien no se sabe exactamente por qué tenemos que dormir, existen diversas hipótesis: desde la reparación del cuerpo hasta la eliminación de toxinas o la consolidación de la memoria, pero ninguna explicación resulta completamente concluyente.
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Sin embargo, mencionó un factor que no se puede pasar por alto: “Si el sueño no ocupa un rol importante, es el peor error de la evolución”. Para Golombek, esa sola idea permite dimensionar su importancia.
Durante el descanso, además, el cerebro permanece activo. De esta manera, al soñar se encienden partes del cerebro que siguen trabajando y construyendo, explicó. En ese sentido, incluso procesos como el aprendizaje o el entrenamiento pueden verse reforzados durante el sueño.
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Hábitos culturales y biología
En Argentina, donde se acostumbra a comer y dormir tarde, los hábitos culturales y las necesidades biológicas están puestas en constante tensión. Si bien reconoció que estas prácticas forman parte de una identidad cultural, advirtió que el cuerpo no está naturalmente preparado para esos horarios.
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“Uno puede acostumbrarse, pero no es algo genético”, aclaró. Por eso, propuso introducir cambios graduales, como cenar más temprano o elegir comidas más livianas, que permitan mejorar la calidad del descanso sin renunciar completamente a las costumbres.

Sueño, emociones y aprendizaje
Golombek también destacó la relación directa entre el sueño y la regulación emocional. Dormir mal no solo afecta el rendimiento cognitivo, sino también el estado de ánimo y la capacidad de vincularse con otros. “Si no dormís bien, estás más irritable, más ‘agrietado’, soportás menos las opiniones contrarias”, explicó.
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En el caso de los niños, este vínculo resulta aún más relevante. Un buen descanso favorece tanto el aprendizaje como las habilidades sociales, mientras que los problemas de sueño pueden impactar negativamente en el desarrollo emocional.
Además, recordó que no todas las experiencias vinculadas al dormir son placenteras, como ocurre con los terrores nocturnos, lo que también requiere acompañamiento y educación.
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Repensar la escuela y los ritmos
El especialista también se refirió a experiencias que buscan alinear mejor los tiempos escolares con los ritmos biológicos. Mencionó, por ejemplo, un proyecto piloto en la Ciudad de Buenos Aires en el que algunas escuelas comenzaron a retrasar su horario de ingreso.
Los primeros resultados, según comentó, muestran que los estudiantes llegan más puntuales. El desafío, ahora, es evaluar el impacto de esta medida en el rendimiento académico y la salud.
Estrés e insomnio
Por último, abordó el problema del insomnio, que puede manifestarse de distintas formas: dificultades para conciliar el sueño o para sostenerlo en el tiempo. En muchos casos, explicó, el principal factor es el estrés.
Frente a esto, recomendó incorporar hábitos que ayuden a reducir la activación antes de dormir, como leer, escuchar música o practicar técnicas de relajación. “Todo lo que baje el estrés va a ayudar al sueño”, concluyó.
La curiosidad como motor
Más allá del tema central de la charla, Golombek dejó una reflexión sobre la curiosidad, un rasgo que, según señaló, suele estar más presente en la infancia. “Los chicos hacen preguntas que de grandes nos da vergüenza”, afirmó, y advirtió que, en algunos casos, la educación formal tiende a desalentar esa actitud.
Recuperar esa capacidad de asombro, sugirió, es también una forma de acercarse al conocimiento científico y de sostener preguntas abiertas sobre fenómenos tan complejos como el sueño.
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