
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana impacta de lleno en el mundo laboral. En el universo de la seguridad digital, la velocidad de los cambios encendió alertas que trascienden la actualización de herramientas: hoy el reto central es entender cómo la tecnología transforma la naturaleza misma de los riesgos y la formación profesional necesaria para enfrentarlos.
Durante la tercera edición de la Córdoba Cybersecurity Conference 2026, organizada por Universidad Siglo 21, más de 500 referentes del ámbito académico, el sector corporativo y las fuerzas de seguridad analizaron este fenómeno. La conclusión fue unánime: limitar la formación a lo técnico es insuficiente para afrontar los desafíos actuales.
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El 2025 Internet Crime Report del FBI —difundido en abril de 2026— revela que las denuncias de fraudes asociados a inteligencia artificial ya superan las 22.000, con pérdidas cercanas a los USD 900 millones. Los delincuentes digitales priorizan la manipulación emocional sobre el ataque directo a sistemas, lo que sitúa al comportamiento humano como eje central de la seguridad.

El factor humano en la seguridad digital
Según especialistas internacionales, el despliegue de la IA abrió una etapa marcada por una crisis de autenticidad. Los ciberataques que la utilizan se volvieron más frecuentes y sofisticados. En este contexto, las tecnologías tradicionales resultan insuficientes frente a fraudes de ingeniería social que manipulan emociones y explotan vulnerabilidades humanas.
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Tradicionalmente, el perfil del experto en ciberseguridad se asociaba a profesionales informáticos. Sin embargo, la proliferación de deepfakes, clonación de voz e identidades sintéticas instaló una nueva problemática: la crisis de autenticidad.
“Por más entrenados que estén los sistemas, la inteligencia artificial y los mecanismos de bloqueo, hoy la ingeniería social y el poder de la manipulación hacen que la gente salte los controles y suelte información sensible”, advirtió Jezer Ferreira, formador oficial de ciberinteligencia y OSINT, sobre la fragilidad de los usuarios frente a la ingeniería social.
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El especialista describió cómo los atacantes estudian los estímulos psicológicos de sus víctimas para lograr sus objetivos. Si algo se presenta como extremadamente urgente, activa el lado emotivo y no el racional. Eso deriva en que haga clic, entregue sus datos y luego piense que se generó un problema.
En este escenario, disciplinas como la neuroseguridad, el behavioral security (comportamiento de seguridad) y la gestión del riesgo humano ganan espacio en la agenda académica.
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Luciano Monchiero, director de la Especialización en Cibercrimen de Universidad Siglo 21, aportó su perspectiva desde la gestión de incidentes: “Cuando un equipo técnico o un comité de crisis se enfrenta a un incidente bajo extrema presión, lo que falla no es el algoritmo, sino la capacidad humana de procesar el estrés y la información sesgada”.
En ese sentido, agregó que si no se entiende cómo opera la mente del tomador de decisiones en esos segundos críticos, ninguna inversión en software va a ser suficiente. Por eso, la neuroseguridad y la diversidad de miradas en una mesa de crisis pasaron de ser temas teóricos a ser prioridades de supervivencia corporativa.
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De operadores técnicos a líderes de procesos
La aceleración tecnológica exige una nueva visión sobre los perfiles profesionales. Marcela Tello, vicerrectora de Innovación, Investigación y Posgrado de Universidad Siglo 21, graficó este fenómeno.
“Vivimos inmersos en una aceleración tecnológica comparable a un tren de alta velocidad: cuando estás arriba no percibís el movimiento, pero si te parás a mirarlo desde afuera, te das cuenta de que avanza como una bala y que la realidad nos puede pasar por arriba muy rápidamente”, expresó.
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Según la directiva, las universidades tienen la responsabilidad de anticipar las demandas de la sociedad. Para la formación en ciberseguridad y tecnologías emergentes, Tello propone:
- Trayectos formativos modulares y acumulativos
- Flexibilidad para responder a escenarios cambiantes
- Capacidades para la supervisión humana de sistemas inteligentes
- Comprender las implicancias éticas y sociales de la tecnología
“Buscamos que las personas adquieran capacidades de supervisión humana de sistemas inteligentes y comprendan las implicancias de la tecnología, transitando del rol de simples operadores al de directores de procesos automatizados por IA”, puntualizó la vicerrectora de Innovación, Investigación y Posgrado de Universidad Siglo 21.
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La brecha entre lo técnico y el negocio
Un punto crítico detectado por los especialistas es la dificultad para comunicar riesgos y necesidades técnicas a las áreas de decisión corporativas. Esta desconexión puede obstaculizar la asignación de recursos necesarios para la seguridad digital.
Imelda Flores, subdirectora del Innovation Center en Scitum, la unidad de ciberseguridad de Claro Empresas, subrayó este aspecto: “Si no sos capaz de transmitirle tus necesidades a la alta dirección, no importa qué tanto dominio técnico tengas. Al final, la ciberseguridad es un trabajo en equipo.
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Además, relató situaciones comunes tras ataques masivos, donde la falta de comunicación efectiva generó conflictos entre el área técnica y los directivos. A partir de esta situación, reveló la importancia de explicar con claridad el riesgo.
El encuentro convocado por Universidad Siglo 21 dejó en claro que el valor diferencial en la seguridad digital no está en competir contra el algoritmo, sino en gobernarlo con criterios humanos y visión integradora.
Si bien los sistemas automatizados resuelven cada vez más tareas operativas, el desafío está en formar líderes capaces de dirigir procesos, anticipar riesgos y articular soluciones colectivas.
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