Adrian Choren: “La tecnología sube por ascensor, mientras que los sistemas de formación global van por escalera”

El Magíster en Derecho del Trabajo y Relaciones Laborales Internacionales y profesor Adrian Choren publicó un nuevo libro que invita a reflexionar sobre la urgencia de la educación tecnológica ante el nuevo universo laboral

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"¿Seguiremos trabajando? Educación tecnológica o convulsión social", de Adrian Choren con la colaboración de Eduardo Gallardo
"¿Seguiremos trabajando? Educación tecnológica o convulsión social", de Adrian Choren con la colaboración de Eduardo Gallardo

¿Seguiremos trabajando? Educación tecnológica o convulsión social (Dunken, 2026) es el último libro de Adrian Choren, que con la colaboración de Eduardo Gallardo, propone pensar este presente “cada vez más globalizado y atravesado por la cuarta revolución industrial, que nos trae un mundo incierto”.

Biotecnología, Internet de las cosas, realidad aumentada, derecho laboral, inteligencia artificial son algunos de los focos que llevan a la reflexión de una serie de preguntas que pueden volverse aterradoras ¿Cómo seguiremos viviendo si no trabajamos? ¿Qué hacer cuando el trabajo define identidades, sociedades y realidades? ¿La inteligencia artificial viene por nuestros empleos?

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Choren, autor de Las relaciones laborales, una mirada al trabajo del futuro, profesor y colaborador del Proyecto de Investigación EVA de la OIT habló con Ticmas, y ofreció una perspectiva humanista para destacar la importancia de la educación tecnológica a lo largo de la vida.

Puede parecer una pregunta provocadora, pero en realidad quiero invitarte a la reflexión de los posibles caminos ¿Es necesario contar con una respuesta para el título de tu último libro? ¿Seguiremos trabajando?

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—Ante esta pregunta podríamos suponer que la respuesta no es cerrada: el futuro depende de lo que hagamos hoy. Los escenarios que emergen y que se abren son producto de la síntesis de la historia ante las diferentes revoluciones industriales. El devenir desde la máquina de vapor hasta la inteligencia artificial trajo cambios estructurales en la vida del ser humano, abarcando diferentes ámbitos como el educativo, cultural, laboral, social y ambiental, entre otros. Según el FMI, se estima que de acá al 2030 se transformarán o reemplazarán el 40% de los empleos mundiales que conocemos; esto se traduce en cambios profundos para las relaciones laborales venideras.

Esta revolución industrial posee dos aspectos fundamentales que la diferencian de las anteriores: la velocidad y la generación de “inteligencia”. Algunas corrientes de pensamiento trabajan la idea de que los Estados tendrán que otorgar a los ciudadanos un Ingreso Básico Universal (IBU) como seguro ante el desplazamiento laboral forzado. Así, la pregunta se hace recurrente: ¿Seguiremos trabajando?

Adrian Choren
Adrian Choren

Te formaste en el derecho laboral y hoy la tecnología educativa y el diálogo con el mundo del trabajo abarca gran parte de tu interés ¿Cómo surgió esta necesidad de repensar ambos mundos? ¿Qué hay del mundo del derecho en esta necesidad?

—El motivo fundamental de mi elección fue la crisis que se me presentó al pensar un mundo donde la Inteligencia Artificial se desarrolla sin tener en cuenta los marcos jurídicos propios del derecho laboral y el bien común. Un ejemplo de esto es la selección de personal utilizando filtros ATS, que si bien reduce los tiempos de evaluación de CV´s puede cometer errores, generando desorden, discriminación y caos digital.

Debido a esto, escribí varias cartas de lectores a medios de comunicación masivos bajo dos ejes principales: “Desplazamiento forzado por avance tecnológico” y “Nuevo contrato social post-IA”. En ellas desarrollé la idea sobre la necesidad de que el universo del derecho imponga marcos éticos, bajo la premisa de que la tecnología es solo un medio mientras que el ser humano es el fin. En este contexto, con gran alegría, el pasado 25 de mayo el Papa León XIV promulgó la encíclica Magnífica Humanitas. Este documento nos invita a reflexionar exactamente sobre los mismos temas, proponiendo conceptualmente la urgencia de “desarmar la IA” para garantizar que la tecnología persiga fines nobles.

—“Educación tecnológica o convulsión social” plantea una fuerte disyuntiva. ¿Qué puede ocurrir si no elegimos la primera opción?

—Con el Ingeniero en electrónica Eduardo Gallardo, quisimos plantear que la educación es la madre y herramienta para evitar el colapso futuro. De este modo, hay algunos pensadores que manifiestan que los modelos educativos mundiales no llegan a aggiornarse tan rápido como el cambio tecnológico. En el libro explicamos que la tecnología sube por ascensor, mientras que los sistemas de formación global van por escalera. En este marco, si no realizamos una profunda metamorfosis del sistema enseñanza-aprendizaje, nos enfrentaremos a una severa desocupación tecnológica, debido a la velocidad del cambio mencionada anteriormente. Historiadores como Yuval Noah Harari lo describieron cuando el trabajador se vuelve prescindible por la obsolescencia estructural generada por el avance de la tecnología.

En el libro lo comparamos con el movimiento cyberpunk de los años 80. En el capítulo seis, se ve una diferencia entre las personas con acceso a la tecnología y aquellos con baja calidad de vida (marginalidad). En esta corriente de pensamiento, los Estados nacionales colapsaron o perdieron relevancia. El control absoluto del mundo está en poder de las megacorporaciones globales que definen los reglas, comportamientos y formas de pensar y/o actuar.

Tarjeta roja al trabajo infantil
Tarjeta roja al trabajo infantil

—- Desde tu trabajo como colaborador del Proyecto EVA de la OIT y tu participación en congresos en Perú, El Salvador y Bolivia: ¿Cómo ves la posición de Argentina frente a esta transición tecnológica en comparación con el resto de América Latina?

— La pregunta me hace tocar una fibra profunda, el espíritu del libro es abrir el debate a la sociedad sobre lo que viene, y hay que abordarlo desde el diálogo social, como propicia la Organización Internacional del Trabajo, entre todos los actores (Estado, Sindicatos, empresas). Actualmente en la Conferencia en Ginebra se están debatiendo dos temas importantes para esta agenda nacional, por un lado, los derechos de los trabajadores de plataforma y por el otro la IA y el lugar del trabajo. Fruto de estos debates deben surgir ideas superadoras para abordar transiciones justas y consensuadas tanto en Argentina como en toda América Latina. Otro de los puntos fundamentales para toda transición es el desarrollo de un entramado científico-tecnológico en el país. Particularmente en Argentina contamos con diversos organismos públicos de primer nivel como el INTI, el INTA, la CNEA y el SEGEMAR, entre otros.

Estas instituciones son fundamentales para el empleo del futuro, la innovación, el desarrollo y la transferencia de conocimiento. En todos los países que visité, el desarrollo nacional se produce y potencia a través de institutos con fuerte inversión para generar tecnológica. En mi opinión, respaldada por varios trabajos institucionales, la verdadera tarea es recuperar lo que nos hace humanos. Para esto, el futuro laboral se basa en tres ejes: La empleabilidad verde que implica la reconstrucción de nuestro hábitat, segundo, la economía del conocimiento, en la que se crea tecnología para mejorar la calidad de vida. Y tercero, la economía del cuidado: cuyo interés está puesto en el cuidado de las personas vulnerables. A partir de allí, se construyen los cimientos para una nueva sociedad menos individualista y más fraterna. Mi frase de cabecera siempre es la misma: ”El trabajo será humano o no será…”.

— Sos docente universitario ¿Qué le comunicás a tus propios alumnos sobre el valor de lo que están aprendiendo hoy? ¿Cómo trabajás el impacto de la IA con ellos y con tu propio trabajo educativo?

— “El futuro ya llegó”, como cantaba Patricio Rey. Eso es lo primero que debemos transmitir, porque hay algo urgente que comprender: aquel viejo paradigma de nuestros padres y abuelos, donde la mitad de la vida se estudiaba y la otra mitad se trabajaba, ya no existe. Hoy nos enfrentamos a la necesidad imperiosa de mantener una actualización constante de nuestros conocimientos. La irrupción de la IA en nuestras vidas nos obliga a formarnos constantemente y adecuarnos a los nuevos contextos que se nos plantean día a día. En la cultura japonesa existe la figura del Sensei. Representa ese puente milenario donde, a partir de la experiencia vivida por el maestro, el conocimiento se transfiere y se adapta para proteger y guiar a las nuevas generaciones. La experiencia adquirida es una mochila que se transforma en conocimiento y éste en cultura y tradición circular.

—Tu libro anterior es sobre las relaciones laborales ¿el marco jurídico laboral argentino está preparado para los escenarios que describe en este nuevo libro, o la legislación va varios pasos atrás de la tecnología?

—Actualmente, los marcos jurídicos se están debatiendo en todo mundo y la Argentina no es la excepción. En el año 2021, y con la idea de empezar a generar conciencia sobre el tema, publiqué el libro “Las relaciones laborales, una mirada hacia el trabajo del futuro”. Allí planteo principalmente la necesidad de generar una legislación protectora acorde para aquellos trabajos en plataforma que estaban creciendo exponencialmente.

Hoy todavía no veo una fuerza académica transformadora que se proponga pensar en los nuevos paradigmas que surjan de los trabajos del futuro y cómo impactarán sobre la ley laboral. Algunas preguntas que aparecen: ¿Se le aplicará el Artículo 14 bis, corazón social de la Constitución Nacional Argentina? ¿Será nuestro jefe un algoritmo? ¿Y si el algoritmo se equivoca, quién responde? ¿Trabajaremos con otros o en soledad?

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—Actualmente está en agenda redefinir las secundarias técnicas y volver a formar en oficios; contás con formación técnica en electrónica ¿Esa mirada técnica impactó en tu lectura sobre lo que la IA puede o no puede reemplazar en el trabajo humano?

—Totalmente, toda la vida me pregunté porque si tuve una formación inicial técnica, terminé siendo abogado y profesor de ciencias jurídicas. Hoy creo que Dios me da una aproximación a esa respuesta. Poder conjugar ambos mundos. El otro día le comenté a mi familia que nos encontramos en un momento en el que proliferarán los oficios. Es cierto que diariamente interactuamos con muchos bot multipropósito, sin embargo, los robots humanoides que podrían reemplazar estas tareas tardarán mucho más tiempo en llegar. En el libro, esto lo ejemplifico a través de la trabajadora Carmen (así se llamaba mi abuela) que pone en debate esto del reemplazo del trabajo humano y salva a la empresa con su legado y su frase “Lo viejo funciona, Eduardo”. La batalla entre lo analógico y lo digital, entre lo instituido y lo instituyente, en definitiva, entre lo humano y lo mecánico.

Cuando doy seminarios, resalto la frase de mi nana y sintetizo este relato en lo que denomino el “Modelo de las 5 C”, basado en estos atributos: criticidad, coherencia, conocimiento, conciencia y colaboración. En el desarrollo de este esquema radica la verdadera resistencia, explicada a través de los principios rectores de nuestra humanidad: el sentido común, la empatía, la solidaridad y la experiencia acumulada. Nuestro contexto cultural, ideológico y religioso es, por todo esto, irremplazable. Por este motivo considero que la inteligencia artificial no puede sustituir a lo humano.

Como auditor del Programa de RSE “Compromiso Social Compartido”: ¿las empresas que dicen ser socialmente responsables están incorporando en esa agenda la pregunta sobre qué hacen con los trabajadores que la automatización deja afuera?

—De a poco estos temas se están incorporando a las temáticas de la RSE (Responsabilidad Social Empresarial). El impulso de diversos actores como la OIT, la ONU, la Iglesia Católica y algunos Estados con normativas de vanguardia se están encargando de poner el tema en agenda. Esto tracciona a las empresas para involucrarse en la temática.

¿Cuál es el rol del Estado ante una posible “convulsión social” en el mundo del trabajo y la educación?

—El Estado cuenta con las herramientas para desarrollar las salvaguardas jurídicas, normativas y sistemas para amparar a la ciudadanía y resguardar las fuentes laborales frente al avasallamiento de los oligopolios transnacionales. Además es urgente poner en agenda la actualización profesional y el desarrollo de capacidades vinculadas a las nuevas tecnologías. Debemos evitar una futura fractura social estructural entre una élite tecnológica rica y fuerte, y una masa desprovista de cualquier tipo de recursos en un contexto de fuerte marginalidad.

Vuelvo al inicio y a la pregunta ¿seguiremos trabajando? o podemos pensar en un ¿seguiremos aprendiendo a entender el trabajo de otra manera?

—El trabajo es dignidad, propósito y comunidad. En la dignidad se esconde el orgullo de crear y mejorar nuestras vidas; el propósito es eso que muchos llaman “lo me apasiona hacer”; y la comunidad es la participación activa y social con el otro. En este sentido, es interesante remarcar cómo en los diferentes cuentos del libro, los personajes van adquiriendo o perdiendo estos pilares. En el capítulo de “Tecno-dependencia”, la relación con los otros se rompe; en el cuento del “YouTuber verde”, el propósito surge con muchísima fuerza a través de un empleo disruptivo y de esta época; y en el relato de “La tormenta de Santa Rosa”, el trabajador de plataforma pierde dignidad tras el accidente, desamparado por la falta de un marco jurídico que lo proteja y sale de la tragedia a buscar justicia.

“Nadie se puede bañar dos veces en el mismo río, porque nuevas aguas correrán”, decía el gran filósofo Heráclito. Con la irrupción de la inteligencia artificial, ya no es posible concebir el empleo de la misma manera ni buscar soluciones mágicas. Sin embargo, lo vuelvo a sostener: “El trabajo será humano o no será”. La pregunta final, cómo nos invitaría a reflexionar el célebre psicólogo Viktor Frankl, es: ¿Tecnología para qué? ¿Para construir o para destruir? La respuesta, en definitiva, está en el accionar de cada uno de nosotros.

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